Cinco (nuevos) números

¿Cómo entender la crisis?

16 de mayo, 2014

Cinco (nuevos) números

(Columna de Martín Tetaz, economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana -IIL- y del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales -CEDLAS-. Twitter: @martintetaz)

Al número 3 le toco debutar en un partido difícil. Tuvo la responsabilidad de reemplazar al 4,9 cuando muchas miradas buscaban que se vistiera al menos de 3,2. Encaró por la manga solo y se metió al estadio sin metodología, sin el respaldo del equipo completo, que incluía la evolución en el tiempo de él y todos sus familiares directos. La desprolijidad se enmendó en parte, con más de un mes de demora, cuando finalmente el Indec dio a conocer las Cuentas Nacionales computadas con la nueva base 2004, cuyo análisis permite comprender de manera muy clara la crisis económica actual.

Mencionaré entonces cinco números o, mejor dicho, cinco tendencias clave que surgen de los datos.

1. Desde el 2007 a la fecha, las importaciones (en cantidades) crecieron 43%, mientras que las exportaciones cayeron 2%.

Esa es la clave de la insostenibilidad de la política cambiaria y muestra la consecuencia de mantener atrasado artificialmente el dólar y no haber producido una cambio estructural que generase un crecimiento liderado por las exportaciones o que al menos le permitiese a nuestro país producir los bienes que la gente desea consumir y los que las empresas necesitan para producir (insumos) cuando crece la economía. La única posibilidad de sostener importaciones crecientes con exportaciones estancadas es un cambio favorable en los términos de intercambio, lo que muestra que si los precios de nuestras exportaciones no hubieran subido como lo hicieron en el ínterin, no habría sido posible sostener la tasa de crecimiento que tuvo la economía en el período. En castellano: buena parte del “éxito” del modelo CFK se debe al viento de cola, y como los precios internacionales no suben más, el modelo colapsó desde fines del 2011.

2. Desde el 2007 el consumo creció 42%, mientras que la inversión aumentó 29%.

Este número muestra que no es verdad que la inversión dependa 1 a 1 del consumo, como sostienen algunos que se llevaron la Teoría General a marzo y explica una parte importante del crecimiento de la inflación, porque si el consumo crece sistemáticamente más que la inversión, pues tarde o temprano empiezan a operar restricciones de capacidad (cuellos de botella) que por un lado conducen a una crisis de balance de pagos (porque el consumo no puede satisfacerse con la producción local) y por el otro presionan sobre los precios.

3. Desde el 2007 la industria creció 23,7% y los servicios de intermediación financiera 110%.

Lo que derriba el mito de que el modelo se basaba en un proceso de industrialización, puesto que ese sector de la economía creció de hecho menos que lo que lo hizo el PIB en el período (27%), siendo el sector estrella el financiero, seguido por los hoteles y restaurantes y el comercio mayorista y minorista.

4. Desde el 2007 el consumo creció 42% y el suministro de electricidad, gas y agua, sólo 17,4%.

Coincidente con los números anteriores que muestran que el motor del crecimiento fue el consumo, esto confirma que no hubo realmente un proceso de desarrollo balanceado y planificado en la Argentina, sino que el consumo creció por encima de las posibilidades estructurales del país, desembocando así en la crisis energética

5. Desde el 2007 el consumo público creció 51% y la base imponible (el PIB) sólo 27%. En efecto, esto señala que o bien se incrementó notablemente la presión tributaria (algo que realmente ocurrió) o que el país se endeudó (algo que también sucedió) o que el déficit fiscal resultante fue financiado de la única manera que queda, esto es, emitiendo billetes sin respaldo, que aportan al cuadro de creciente inflación.

Lo que brillaba no era tan oro

En síntesis, lo que estos cinco indicadores tomados conjuntamente muestran es que la economía, en el período 2007-2013,ha estado basada en el consumo (público y privado) como motor del crecimiento, lo cual resulta inconsistente e insostenible como modelo de desarrollo de largo plazo en virtud de la escasez de divisas que genera el crecimiento del consumo por encima del de la producción, sumado al problema de solvencia fiscal que surge por un gasto que crece por encima de la base imponible potencial y agravado por el cuello de botella en la energía, producto de que la generación de electricidad crece por debajo del consumo. Además, como la inversión ha crecido sistemáticamente por debajo del consumo, el modelo es endógenamente inflacionario. Así las cosas, el modelo conduce inexorablemente a sus propias crisis.

A estas cinco tendencias hay que sumarle dos resultados interesantes. El primero de ellos es que con los precios base 2004, el PIB creció en los últimos nueve años 60,4% y no 75,3% como surgía de los datos base 1993. El segundo es que al tener una nueva versión del producto que, por razones metodológicas, es 26,8% más alto que el que surgía de la vieja base, todos los ratios que se construían con el PIB como denominador ahora arrojarán valores más pequeños. En ese sentido quiero mencionar particularmente dos cuyo numerador surge de otra fuente de datos y por lo tanto no deberían verse modificados: la presión tributaria y el porcentaje del producto que la Ley de Financiamiento Educativo pide que el Estado dedique a esa actividad. Así, la presión tributaria consolidada que, según el IARAF, fue del 39,6% en 2013, en realidad ascendió al 31,2% si se usa como denominador el nuevo PIB, al tiempo que el porcentaje del producto destinado a educación, que era del 6,5%, en rigor sólo es del 5,1% en la actualidad, lejos del 6% que exige la norma.

Resulta cuestionable, no obstante, que la base elegida corresponda a un año en el que los precios relativos de la economía favorecían a los bienes transables con una estructura de precios con sesgo a favor de la producción de importables. En ese sentido, la base 1993 ofrecía al menos un conjunto de precios relativos de transables versus no transables más parecidos a los actuales.