Política económica Frankenstein

El método del ensayo y error

10 de febrero, 2014

Política económica Frankenstein

(Columna de Maximiliano Castillo Carrillo, director de ACM)

Motivados por el inoxidable clásico del terror, la analogía del personaje creado por M. Shelley hace 200 años atrás parece apropiada para describir la orientación de la política económica, sobre todo, a partir de la asunción de Axel Kicillof como secretario de Política Económica y, finalmente, como ministro de Economía. En efecto, a fin de desafiar el saber convencional sobre cómo crear vida, el científico V. Frankenstein apela al ensayo y error y utiliza partes de cuerpos inertes (i.e., teoría económica) a fin de mostrar que se puede dar vida a partir de la reanimación de un cuerpo (en nuestro caso, la economía argentina) y también revivir el relato.

Como ya mencionamos en estas líneas, dicho proceso de prueba y error consistió en la profundización de un esquema cambiario de crawling peg para acomodar el retrasado tipo de cambio real; la recreación de los remanidos acuerdos de precios, luego de haber dejado margen a las empresas para poder generar un colchón que les permita aquietar los precios y volver así exitosa la implementación del nuevo IPC nacional, justo un mes antes del comienzo de las negociaciones salariales; la continuidad de la política de tasas supernegativas para fomentar la inversión y permitir que la oferta compense la demanda excedente y, por último, avanzar con la llamada agenda de racionalización financiera para eventualmente intentar recomponer las decrecientes reservas del Banco Central.

Este experimento no sólo no logró dar vida a la criatura, sino que en realidad consiguió infundir algo más de terror por su inconsistencia e ingenuidad. Así, las expectativas de inflación y devaluación se aceleraron, al tiempo que el drenaje de las reservas se intensificó y se profundizó la desaceleración de la actividad económica.

Otra medicina

Ante esta realidad, el científico probó con una receta algo más convencional: con una devaluación discreta de casi 20% en dos días; una fuerte suba de tasas de interés, que continuó esta semana con un incremento 300 puntos básicos adicionales y un relajamiento parcial de las restricciones para la compra de dólares al precio oficial para las personas físicas con fines de atesoramiento. En esta fase, a la criatura también se le amplió la dosis de restricciones informales para el acceso al mercado de cambios a los importadores, pero las necesidades por las importaciones energéticas y los vencimientos de deuda finalmente incrementaron la sangría de reservas. A pesar de la curiosa negación de Kicillof sobre el impacto de una devaluación sobre los precios, se permitieron algunos aumentos sectoriales adicionales.

Este nuevo intento de reanimación sigue sin otorgar los resultados esperados. En este contexto, no sorprende que el ministro esté siendo relegado por el presidente del BCRA quien, a pesar de las limitaciones que impone la política, ha ido logrando filtrar dosis del “saber convencional”, elevando aún más las tasas de interés e implementando modificaciones administrativas a fin de fomentar una venta de los activos dolarizados de las entidades financieras.

Lo bueno y lo que falta

Las iniciativas impulsadas por Juan Carlos Fábrega permitieron esterilizar $12.700 millones en las últimas dos licitaciones de Lebac, impulsar una fuerte caída en las tasas de interés implícitas en los contratos de futuros del tipo de cambio y de la cotización del dólar “contado con liquidación”. Si bien hasta el momento estas últimas medicinas parecerían estar ayudando a que la casino criatura tenga algunas señales de vida, la ausencia de resultados positivos del experimento está calando cada vez más profundo en el ánimo social.

En este contexto, resulta cada vez más crucial blanquear el frente inflacionario y abordar íntegramente la insostenibilidad fiscal, elementos que cada día brillan más por su ausencia. En este sentido, la recaudación tributaria de enero parecería dejar algo de margen para el optimismo, teniendo en cuenta que el aumento nominal de 37,5% interanual significa una importante aceleración con respecto al aumento observado en todo 2013 (26,3%) y, principalmente, contra diciembre (22,2%). Sin embargo, una porción importante de esta aceleración está explicada por algunos factores puntuales (entre ellos, la excepción del pago del Impuesto a las Ganancias del medio aguinaldo de diciembre de 2012) que no se repetirán en los próximos meses. De todas formas, teniendo en cuenta la mayor depreciación del tipo de cambio esperada para este año y la aceleración en el aumento de los precios, los ingresos impositivos podría crecer más de 30% interanual en 2014 en términos nominales.

A pesar de esta “mejora”, la elevada inflexibilidad nominal del gasto por la significativa participación de las jubilaciones, los salarios y los subsidios sociales, le dejan un muy bajo margen de acción al Gobierno. Más aún, el Frankenstein de los subsidios económicos (energía y transporte, principalmente) que en este caso sí adquirieron vida propia y ya suman aproximadamente 4,5% del PIB, le impondrán mayores desafíos a las autoridades. Incluso suponiendo que las autoridades pueden sobrellevar aumentos nominales marginales de los salarios, jubilaciones y subsidios sociales similares a los de 2013 (lo que implicaría una retracción en términos reales) y desacelerar significativamente el gasto en obra pública, la inercia del gasto en subsidios económicos, en mayor medida de los energéticos por la depreciación más importante del peso, justificarían un nuevo e importante deterioro del déficit fiscal primario que podría alcanzar 3,5% del PIB en 2014. Las estimaciones mencionadas previamente señalan la magnitud del desequilibrio fiscal.

Este elemento exige un abordaje integral que permita moderar la creciente e insostenible presión financiera del Tesoro sobre el Banco Central, intentado minimizar sus efectos negativos sobre la actividad económica y las condiciones sociales de los segmentos más vulnerables. No perdamos de vista que en la medida en que se posterguen las soluciones necesarias, los ajustes requeridos serán cada vez más importantes.