La otra brecha

Las cuentas públicas

17 de febrero, 2014

Hacienda

(Columna de Martín Polo, Economista Jefe de Analytica Consulotra / Twitter: @mapolo1978)

El Gobierno está encerrado en su laberinto. El stock de reservas internacionales se consume semana a semana, la incertidumbre aumenta y la transición “ordenada” al 2015 tiene pronóstico reservado. La economía enfrenta una restricción externa generada por las políticas que llevó a cabo el Gobierno, especialmente en los últimos tres años al intensificar el control de cambios. Las medidas que adopta apuntan a contener las consecuencias y no a resolver las causas de los problemas. Tras el salto abrupto del tipo de cambio en la última semana de enero, el BCRA avaló una fuerte suba de las tasas de interés para contener la presión sobre el dólar y para acelerar la liquidación de exportaciones.

Como no logró estabilizar el mercado cambiario, en las últimas semanas desempolvó una normativa de 2005 y obligó a los bancos a reducir los activos en moneda extranjera que tienen en relación a su patrimonio. Esto permite ganar tiempo dado que implicaría que en los próximos cuatro meses se liquiden activos en moneda extranjera por un monto cercano a los US$ 4.500 millones. Si bien no tiene efecto directo en las reservas internacionales, porque ya formaban parte de las mismas, cedió la presión en el dólar paralelo e incluso el BCRA pudo, al fin, comprar algo de divisas y esperar con más respaldo que lleguen los dólares de la soja en el segundo trimestre.

¿Qué es lo que viene?

Si la apuesta oficial es un dólar a $8 junto a una suba en las tasas de interés, la tensión volverá más temprano que tarde. La devaluación sin plan aceleró aún más la inflación que en enero superó 5% y deja un piso de al menos 4% para febrero, por lo que a este ritmo, en julio el Tipo de Cambio Real (TCR) volvería al valor previo al salto devaluatorio. En este contexto, un acuerdo de precios casi de 200 productos parece una aguja en un pajar para contener una inflación que en los últimos tres meses saltó varios peldaños en un sólo movimiento.

Así las cosas, las negociaciones salariales no serán fáciles y se asoma el riesgo de indexación de la economía. Si el BCRA quiere contener la expansión monetaria y subir las tasas de interés sin coordinación fiscal, la consecuencia es que el balance de la entidad monetaria seguirá en franco deterioro, dado que a su pasivo le suma instrumentos que pagan más interés y sigue acumulando activos del Tesoro que devengan muy bajo rendimiento. Así, el BCRA terminará emitiendo no sólo para financiar al Tesoro sino también para su propio déficit. Si bien el BCRA es como una aspiradora de liquidez ofreciendo tasas del orden del 30% por letras de hasta seis meses, dicho efecto queda compensado por la creciente emisión para financiar al Tesoro y las pérdidas en el mercado de futuros.

Concretamente, en 2013 el BCRA emitió para financiar al Tesoro poco más de $94.000 millones, duplicando el registro de 2012. Este año, las cosas no empezaron distintas: en enero la autoridad monetaria ya le giró al Tesoro $8.500 millones, un valor récord para esta altura del año, a lo que sumó la emisión por $9.000 millones por la pérdida que generó la devaluación con los contratos a futuro que tenía el BCRA que prácticamente compensó la colocación neta de letras y pases.

Las cuentas públicas

Conviene entonces analizar la situación fiscal del Sector Público Nacional (SPN) dado que los resultados vienen en franca caída en los últimos diez años. Por caso, en 2004 el resultado primario marcaba un excedente de 4% del PIB y desde entonces no paró de caer. En el último año, el resultado primario marcó un rojo de $22.500 millones (0,8% del PIB) y de $64.500 M (2,4% del PIB) contabilizando el pago de intereses. Sin los ingresos extraordinarios que le giraron al Tesoro el BCRA y la ANSES ($60.000 millones, el doble que en 2012) el déficit primario llegó a 3% y el global a 4,6% del PIB, siendo el peor resultado de las últimas décadas (incluso peor que 2001 cuando el rojo fiscal llegó a 3,5% del PIB).

El importante deterioro del resultado fiscal de la última década se debe a la brecha entre el crecimiento del gasto y los ingresos. La brecha se amplía en los años electorales y luego se reduce, pero nunca se cierra. El año el gasto primario creció 33% interanual mientras los ingresos “genuinos” lo hicieron 27% interanual. Como era de esperar en un año electoral, el gasto de capital fue el más dinámico, con un alza superior a 40% interanual, en tanto que el gasto corriente lo hizo al 32% interanual.

Cerrar la brecha

Sin financiamiento externo e interno, el Gobierno deberá empezar a reordenar las finanzas públicas dado que de continuar esta tendencia la situación macroeconómica se agravaría aún más dado que la brecha se cubre con más emisión monetaria. Con la actividad económica estancada, el principal aliado del Fisco será la inflación, ya que le deja un piso de crecimiento de los ingresos del orden del 30%. El foco de acción será la dinámica que le otorgue al gasto primario. Concretamente, si logra cerrar la brecha entre el crecimiento del gasto primario y los ingresos, el déficit global subiría levemente de 2,4% a 2,5% del PIB. Mientras, si mantiene la brecha en el promedio de los últimos dos años, el rojo fiscal ascendería a 5% del PIB, en tanto que si lograse que los ingresos suban 2 puntos porcentuales por encima del gasto, el déficit bajaría a 2% del PIB.

A estos escenarios hay que sumarle los vencimientos de deuda en moneda local por algo más de 1,5% del PIB.

En otras palabras, para mejorar las cuentas el Gobierno debe encarar un plan serio de reducción del rojo en las cuentas públicas. Con un nivel de gasto primario del orden de un billón (35% del PIB) y en el que los subsidios sociales y jubilaciones representan menos del 40% de las erogaciones totales, hay mucho por hacer. Los subsidios económicos son el principal candidato a ajustar: el año pasado alcanzaron 5% del PIB, siendo los destinados a la energía 70% del total. No será fácil, la crisis energética y el encarecimiento de las importaciones pone en aprietos al Gobierno. Pero más temprano que tarde deberá desempolvar la “sintonía fina” para recuperar uno de los pilares del crecimiento económico.