La política fiscal

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11 de diciembre, 2013

La política fiscal

(Columna de Juan Pablo Paldino, subgerente de Economía de Ecolatina)

El jefe de Gabinete afirmó que no se destinarán reservas a “asignaciones de carácter suntuario” pero que también se buscará “coherencia en política fiscal, monetaria y cambiaria”. Sobre el primer punto ya hemos visto los avances en materia de encarecimiento de automóviles importados y del turismo, aunque la fuerte intervención para bajar el dólar paralelo (mientras las reservas perforaron los US$ 31.000 M) mostró que inicialmente primó contener expectativas (alejando la hipótesis del desdoblamiento) antes que cuidar los activos del BCRA.

La acción del último mes ratifica el diagnóstico: de cara al próximo bienio, el Gobierno deberá contener el drenaje de reservas para evitar tensiones cambiarias.

Por eso a la apuesta de acotar el déficit de divisas de turismo y autos, se le suma conseguir financiamiento externo para YPF, provincias y proyectos de infraestructura. Ade más, si en 2014 se reduce el ingreso de agrodólares esperamos mayores trabas a las importaciones, resignando crecimiento en pos de no presionar sobre las alicaídas reservas. Pero la película no acaba allí.

Cualquier política cambiaria estaría destinada a fracasar si, como bien afirmó el jefe de Gabinete, está exenta de una coherencia fiscalmonetaria que la acompañe. Por caso, un aumento indiscriminado del gasto indefectiblemente lleva, vía emisión monetaria, a un empeoramiento del respaldo de la moneda (medido con la relación entre pesos en la economía y dólares en el Banco Central) complicando el frente cambiario.

El dilema es que la coherencia fiscal-monetaria-cambiaria, en un marco de presión tributaria récord, necesariamente implica acotar el ritmo de aumento del gasto público, ya que repetir una suba similar a la de este año (+32% interanual) implica casi duplicar la asistencia en pesos del BCRA al Tesoro ($170.000 M). Si lo que el Gobierno busca es que la emisión no de un salto abultado, al menos es necesario que los ingresos y los gastos crezcan alineadamente: para ello, las erogaciones deberían trepar 27% en 2014, resignando cinco puntos porcentuales de expansión respecto de este año.

La tarea, lógicamente, no es sencilla ya que el gasto público tiene componentes difíciles de ajustar. Por caso, las jubilaciones subirían automáticamente al menos 30% en 2014 y los salarios y asignaciones familiares difícilmente puedan transcurrir un año sin incrementos. Por ello, aún cuando probablemente no se vuelvan a repetir las subas de este año (electoral), estos componentes (60% del total) sólo podrían aportar 1 de los 5 puntos de moderación requeridos. De esto se desprende que el grueso de la contención vendrá sobre el 40% de las erogaciones restantes. Como ocurre en los años no electorales (ahora potenciado por necesidad) se desacelerarían los gastos de capital (y otros rubros menos inflexibles), que acortando su ritmo de expansión al menos a la mitad aportarían otros dos puntos. Esto es una mala noticia para la construcción, una de las estrellas de 2013.

Subsidios

Los dos puntos restantes deberán venir de los subsidios. Si bien, por su importancia (representan uno de cada cinco pesos que gasta la Nación) son candidatos a fuertes recortes, habrá gradualismo: la menor emisión resultante de una poda reduciría las presiones inflacionarias y cambiarias, pero subir tarifas impacta directamente en los precios y el bolsillo.

Por ello, vemos un recorte “à la 2011”, direccionado a los sectores más pudientes. En el agregado, el gasto en subsidios crecerá nominalmente pero por debajo de la inflación, cayendo en términos del producto. Por su parte, las provincias y municipios no tienen la disyuntiva fiscal- monetaria-cambiaria dentro de su lógica ya que no tienen acceso directo a la emisión monetaria. De todas maneras, aplicarán una política fiscal restrictiva: parten de déficit primario, cada punto de incremento salarial les insume $ 2.500 M en conjunto.

Además, el Presupuesto Nacional 2014 no contempla la extensión del Programa de Desendeudamiento Provincial. Si bien es probable que termine prorrogándose, las jurisdicciones subnacionales tendrán que elevar la presión tributaria, contener gastos, fondearse en el sistema financiero local y estirar plazos de pago a proveedores, todos elementos que juegan en contra del nivel de actividad.

En suma, la política cambiaria priorizará las reservas por sobre el crecimiento, y la coherencia fiscalmonetaria requerida para que ésta sea exitosa redundará en un Sector Público menos expansivo. La buena noticia es que el Gobierno está decidido a evitar una crisis cambiaria, que tendría mayores costos en términos de actividad, empleo y pobreza. De todas maneras, sería deseable corregir los desequilibrios de fondo, para no tener que lidiar con estos dilemas en el futuro.