Instituciones económicas

Sin ellas, no hay gradualismo

24 de diciembre, 2013

Instituciones económicas

(Columna de Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de OJF & Asociados)

Si se analizaran las oportunidades que presenta la Argentina en el largo plazo, se podría augurar un excelente futuro económico para nuestro país. No sólo está la oportunidad que presenta el shale gas y el shale oil, sino que hay oportunidades importantes de ampliar la producción agrícola, la minería, las exportaciones de carne, la pesca, etcétera.

A pesar de ello, a la Argentina le cuesta mucho capitalizar estas oportunidades y en gran medida eso se debe a la falta de instituciones y a la increíble volatilidad económica y poca credibilidad que presenta nuestro país. Ciertamente, esto afecta al desarrollo de largo plazo, pero empieza dañando la economía de corto plazo.

La Argentina no tiene instituciones económicas suficientemente sólidas como para desalentar la generación de grandes desvíos económicos, que se inician en políticas cortoplacistas. Tampoco son capaces de sostener políticas graduales por un período prolongado. Es por eso que, por lo general, los desvíos económicos que enfrenta la economía argentina suelen ser grandes –casi llevados al límite– y que pocas veces las correcciones han sido graduales, ya que en general, las correcciones han sido más bien bruscas, lo que contribuye a la mayor volatilidad.

Los capitales

En este sentido el Banco Mundial realizó un trabajo midiendo aquello que llamó “capital intangible”, cuyas cifras fueron publicadas inicialmente en el trabajo “¿Dónde está la riqueza de las Naciones?” de 2005 y luego actualizó en dos ocasiones.

Dicho trabajo divide al capital existente dentro de un país en tres: I) capital producido; II) capital natural, y III) capital intangible. El capital producido es aquel que proviene de la inversión bruta interna, neta de las amortizaciones. Esto incluye fábricas, comercios, rutas, sistema energético, etcétera. El capital natural son los recursos naturales conocidos como las reservas mineras, petroleras y gasíferas, área agrícola productiva, etcétera. Finalmente, se encuentra el capital intangible, que incluye las leyes y el respeto por ellas, las regulaciones no escritas como los usos y costumbres no escritos (ejemplo: puntualidad), el recurso humano, la Constitución, la credibilidad, etcétera. O sea, las instituciones. El cálculo de este capital intangible está basado en el nivel de vida de largo plazo de los ciudadanos de distintos países. Básicamente, es la porción del nivel de producción e ingresos de los habitantes de un país que no está explicado por el capital natural ni el capital producido.

El primer resultado interesante que surge de este análisis es que en las economías desarrolladas la mayor parte del capital es el intangible. En EE.UU., por ejemplo, el 84% del capital total es el capital intangible. En promedio, los habitantes del mundo presentan un capital producido per capita de US$ 21.000 del 2005, un capital natural de U$S 6.500 y uno intangible de US$ 93.000. La Argentina muestra un capital producido de US$ 10.800 per capita, un capital natural de US$10.000 y uno intangible de US$ 50.000.

En síntesis, los argentinos disponemos de un capital producido inferior al del promedio mundial con un capital natural mayor (recursos naturales).

Pero lo más relevante es que el capital intangible per capita es sustancialmente menor al de los países desarrollados y poco más de la mitad del promedio mundial. Este capital intangible está señalando el bajo valor de las instituciones argentinas. También explica por qué el salario promedio en la Argentina es menos de un cuarto del salario promedio de EE.UU., y lo mismo sucede con la productividad laboral promedio o el valor de las compañías argentinas, que es de poco más de un tercio de lo que valen empresas norteamericanas que tienen el mismo resultado operativo antes de amortizaciones. El análisis del bajo nivel de capital intangible puede tener varios aspectos en el largo plazo. Pero aquí nos concentraremos en el impacto que el bajo nivel institucional tiene sobre la estabilidad económica.

Las instituciones

La economía argentina está caracterizada por movimientos pendulares y ajustes dramáticos en materia económica, algunos generados por los gobiernos y otros forzados el mercado, como la hiperinflación del ‘89, la devaluación y default del 2001, etcétera. Sin embargo, la volatilidad de la economía argentina es poco común. En gran medida esto se debe a que esas instituciones no son suficientemente fuertes como para evitar que la economía acumule desvíos en el mediano plazo y de la misma manera impiden que se tomen medidas en forma gradual, de tal manera que los resultados puedan terminar viéndose en otro gobierno.

En EE.UU., la Reserva Federal puede comenzar un proceso de suba de tasas gradual en un gobierno y terminarlo en otro. De hecho, hace unos días la Fed anunció el comienzo del proceso de “tapering”, por el cual comenzaría a reducir el ritmo de compra de bonos. El mercado interpreta que este es el comienzo de un largo proceso en el que se irá recortando la expansividad de la política monetaria y que le llevará varios años, en el que se irá recortando cada vez más la compra de títulos hasta que sea el momento de comenzar a subir las tasas de interés, proceso que probablemente también sea gradual. Todo esto se realizará a pesar de que próximamente la presidencia de la Fed pasará de Ben Bernanke a Janet Yellen. De hecho, el mercado especula que el proceso de tapering durará casi dos años y que las tasas comenzarían a subir suavemente recién a fines de 2015 o principios de 2016 de acuerdo a los futuros que cotizan en Chicago.

Estas políticas graduales prácticamente no se han visto en la política económica argentina y eso se debe a la debilidad de las instituciones, por dos vías. En primer lugar para que se den procesos graduales, los desvíos deben ser acotados y, si son grandes, debe contarse con tiempo. Las instituciones sólidas ayudan a acotar los desvíos de las variables económicas, por un lado y también permiten sostener políticas económicas en el mediano plazo.

Este punto se vuelve muy relevante a la hora de enfrentar los desvíos que presenta la economía argentina. Entre estos están las bajas tarifas de servicios públicos que no alcanzan a cubrir los costos, la inflación, el creciente déficit fiscal, la apreciación cambiaria, etcétera. Tarde o temprano estos desvíos deberán resolverse y la pregunta es si será gradualmente o de una sola vez. En aquellos casos en los que los desvíos no sean grandes tal vez se pueda aplicar una solución gradual, siempre y cuando los plazos sean cortos.

Pero la verdad es que allí donde los desvíos sean mayores o haya más dificultades políticas, las soluciones probablemente no terminen siendo graduales porque la Argentina carece de instituciones económicas suficientemente sólidas y creíbles que puedan sostener políticas graduales por un período largo.