Estados Unidos

4 de octubre, 2013

Estados Unidos

Las negociaciones en Washington siguen trabadas y se acerca la fecha en la cual Estados Unidos podría entrar en default. Ese día sería el 17 de octubre. Mientras tanto hay sectores de la administración pública que están paralizados. No es la primera vez que algo así ocurre. Todo se origina en la presión que ejerce un sector de representantes republicanos identificados con el ultraconservador movimiento Tea Party que no están dispuestos a autorizar que el Gobierno tome deuda s i no da marcha atrás con la reforma de salud que impulsó Barack Obama. De esta manera, un sector ubicado en el extremo del sistema político estadounidense está condicionando el funcionamiento del sector público. Pese a que la reforma de Obama tuvo el aval de la Corte y el respaldo de los votantes.

Se supone que finalmente se llegará a un acuerdo y entonces habrá que hacer una evaluación de los daños que sufrió cada sector. Las encuestas muestran que los legisladores republicanos son considerados más responsables de lo que está ocurriendo, que el presidente Obama. En el caso remoto de que no se llegase a un entendimiento, las consecuencias sobre la actividad económica pueden ser graves.

De todas maneras, cuando se supere el episodio, sobrevendrá un intenso debate político antes que económico. Lo que se está demostrando es que el sistema político estadounidense alcanzó un nivel de polarización sin precedentes. Se suponía que Obama iba a lograr un mayor acercamiento entre los distintos sectores pero ocurrió todo lo contrario. Los sectores más conservadores lo cuestionaron desde el primer día y no apoyaron ninguna de sus iniciativas.

Pero en el mediano plazo quienes más van a sufrir las consecuencias políticas de este enfrentamiento son los republicanos. Están perdiendo el apoyo de todas las minorías y en la medida en que el grupo dominante del partido sea ultraconservador, la posibilidad de volver a contar con una mayoría electoral se aleja cada vez más.