El Papa Francisco

Cambios y deafíos

5 de agosto, 2013

El Papa Francisco

La visita del Papa a Río de Janeiro no pasó inadvertida en el mundo. No sólo por la movilización de millones de jóvenes sino por los mensajes que transmitió Francisco. Es, sin lugar a dudas, una figura carismática que expresa valores que no son habituales escuchar en este tiempo, como sus llamados a la austeridad. Porque precisamente el materialismo extremo que está instalado en las sociedades modernas tiene una fuerte relación con hechos delictivos de todo tipo y con la corrupción de muchos funcionarios. La avidez por tener hace que se dejen atrás límites éticos y restricciones legales.

Por otra parte, Francisco expresa como nadie uno de los rasgos más nítidos de la Argentina. Es un país que, por distintas circunstancias, genera las condiciones para que aparezcan figuras descollantes en distintas disciplinas, personas que hacen diferencia en la vida de los demás. Pero, a pesar de la fuerza de sus individualidades, la sociedad argentina ha tenido muchas dificultades para organizar y sostener proyectos colectivos.

Desde el punto de vista religioso, los interrogantes son otros. Alguna vez se dijo que Juan Pablo II llenó las plazas pero vació las iglesias. Su liderazgo social, que fue clave en algunos procesos políticos de la década del ’80, no se tradujo al plano religioso. Porque más allá de que se profese la religión católica, otra o ninguna –lo que es una cuestión absolutamente personal– no cabe duda que la palabra del Papa influye en los acontecimientos sociales. Habla desde un de los sitiales más escuchados. Se abre ahora el interrogante sobre lo que será el papel que desempeñee Francisco en ese sentido.

Su personalidad y los rasgos de su papado han sido motivo de elogio en todo el mundo. Fue ya tapa de varias revistas y en los últimos días casi todos los medios del mundo le han dedicado un editorial elogioso. Las palabras que se utilizaron para describirlo fueron similares en todos los casos: honestidad, humildad, transparencia y voluntad de diálogo. Curiosamente, se trata de características que los propios argentinos no suelen asociar con el comportamiento de sus gobernantes en los distintos niveles y de los sectores dirigentes en general. También sorprendió Francisco cuando en una conferencia de prensa dijo: “Si una persona es gay, ¿quién soy yo para juzgarla?”. Es obvio que la posición de la Iglesia no puede ni va a cambiar en estos temas. Cuando Francisco era el cardenal Bergoglio fue muy duro en sus cuestionamientos a los avances de la legislación igualitaria que se produjeron en la Argentina. De todas maneras, y como lo destacó The New York Times, la doctrina es la de siempre, pero las formas y el lenguaje son nuevos. Y eso no es poco.

Finalmente, en tiempos electorales como los que vive la Argentina, es bueno recordar las palabras del Papa sobre la necesidad de rehabilitar la política que “es una de las formas más altas de la caridad” y que ante la indiferencia y la protesta violenta debe prevalecer el diálogo.