¿Y después de las elecciones?

El impacto de las urnas en la economía

9 de agosto, 2013

¿Y después de las elecciones?

Hasta ahora, los economistas han centrado su análisis en el posible impacto de la economía en los votantes. Es decir, cuánto ayudará o perjudicará la situación económica actual a las pretensiones políticas del oficialismo.

Pero, a partir de las Paso y, sobre todo, de las generales de octubre, se comenzará a hablar sobre el impacto inverso, es decir, sobre cómo afectarán las elecciones a la economía. Sobre todo, a las decisiones del Gobierno y, también, a cómo se acomoden los agentes al nuevo equilibrio político.

Algunos efectos ya se están sintiendo. “El mercado, a través del dólar y el precio de los bonos, siempre se anticipa”, dice Ramiro Castiñeira, economista jefe de Econométrica. A su juicio, el mercado está anticipando una elección reñida, sobre todo en la provincia de Buenos Aires.Si, en lugar de un escenario parejo, hay una amplia brecha entre el primero y el segundo (sea quienfuere), podría haber otra corrección en el mercado marginal del dólar. En cambio, según Fernando Navajas, economista jefe de Fiel, las presiones cambiarias, que se intensificaron en las últimas ruedas, ya tienen su propia dinámica.

La política económica

Si el oficialismo gana, no habrá incentivos para cambiar: impera la máxima futbolera de “equipo que gana no se toca”. Pero si el oficialismo pierde en los principales distritos del país (y, sobre todo, en la provincia de Buenos Aires) en las Paso, es esperable que intente hacer algo para no encaminarse a una mala elección en octubre cuando pondrá en juego, nada menos, su mayoría en el Congreso y la capacidad de Cristina de influir en su sucesión. Nuevas rondas de shocks de ingresos o proyectos como subir el Mínimo No Imponible (MNI) por segunda vez en el año o gravar la “timba financiera” podrían ponerse sobre el tapete. Con una inflación “descongelada” y entre 2-3% mensual, la suba de precios seguirá horadando las ganancias reales obtenidas a través de las paritarias, las jubilaciones y las actualizaciones de las transferencias directas. Una parte de las mejoras reales conseguidas a través de estos mecanismos se habrán esfumado para octubre.

Sin embargo, el economista Nicolás Dujovne cree que el Gobierno ya está haciendo todo lo que puede en ese frente. “El gasto público ya está creciendo a tasas altas y lo que pueda llegar a hacer el Gobierno entre las Paso y las generales es marginal”, opina. Lo mismo opina Ramiro Castiñeira, economista jefe de Econométrica: “El empuje fiscal y monetario ya está en marcha”. Según Dujovne, “independientemente del resultado, la política económica no va a cambiar hasta octubre. Hay que esperar muy poco del escenario poselectoral, excepto un recrudecimiento del cepo importador”. En una línea similar se ubica Dante Sica, economista jefe de abeceb.com: “No habrá grandes cambios de aquí a fin de año”.

¿Y podría haber una reacción de los agentes económicos ante los resultados electorales? “Estamos lo suficientemente lejos de las presidenciales como para que los efectos positivos asociados a la esperanza de un recambio en 2015 se materialicen. Por eso, no creo que haya muchos agentes interesados en comprar propiedades, ampliar sus fábricas o repatriar capitales, y menos al tipo de cambio oficial”, opina Dujovne.

¿Y a partir de octubre?

Con una mirada más larga, la opción oficial de “no hacer nada”, es decir, mantener el actual rumbo, seguirá deteriorando la macro. Según Dujovne, “con la escasez de dólares imperante y sin una apertura de la cuenta capital que refuerce la posición del balance de pagos, el Gobierno va a estar atrapado entre alternativas muy dolorosas: no crecer o perder muchas reservas”, explica y sostiene que, aún bajo la hipótesis de que el Gobierno convalide una mayor caída en las reservas para sostener el crecimiento, el efecto negativo sobre las expectativas de una merma en las arcas del BCRA podría ser recesivo. Una eventual vuelta a los mercados de deuda no parece ser una opción para el Gobierno por temas políticos y, sobre todo, económicos.

Por eso, Dujovne opina que el Gobierno no hará correcciones por dos motivos en los próximos años: “No cree en ellas y, aún si creyere en ellas, no tendrá a quien echarle la culpa del cambio que tendría que provocar”. Destino: estanflación.

El estruendo que supuso la derrota kirchnerista en 2009 se fue diluyendo con el correr de los meses por la impericia opositora para capitalizar ese clima y, sobre todo, porque luego de las legislativas comenzó un proceso de recuperación muy fuerte, que se extendió durante 2010 y 2011 (el PIB creció 9,1% y 8,9%, respectivamente, según el Indec). Ahora, con la gran cita de las presidenciales a menos de 2015, no hay elementos que permiten vislumbrar una reedición de esa recuperación. “Aquí las cosas van a ser muy diferentes de la sincronización que vimos entre el ciclo electoral y el ciclo económico entre 2009 y 2011 y que favoreció al oficialismo. Esta vez no va a haber un retorno a una bonanza sino al rigor del ajuste de una economía que se va a quedar sin reservas y con un desbalance externo inmanejable”, opina Navajas.

Muchos de sus colegas coinciden con él. El mundo, creen, no ayudará como en ese bienio. “La época del dinero fácil se termina y nos va a afectar. Ya impactó el mero pronóstico de cambio de tendencia en Brasil y otros países emergentes. El Gobierno tendrá que pensar acciones concretas para después de las elecciones”, escribió Orlando Ferreres recientemente. Esto se conjuga con un mercado interno estancado en materia de empleo y salarios.

Sin embargo, hay otros indicadores que ofrecen una imagen distinta. El Indice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), que anticipa el rumbo del nivel de actividad para los próximos seis meses, registró en junio su tercera suba interanual consecutiva y la probabilidad de ingresar en una fase expansiva se ubica en 97%. “Esto podría estar alertando acerca de un cambio de fase en el ciclo económico”, sostiene Martín González-Rozada, autor del informe. Por ahora, parece ser una probabilidad menor.

Esto implica que el oxígeno que insuflaron las tasas chinas en 2010 y 2011 no estará en 2014-2015. El Gobierno, además, tiene menos herramientas fiscales y monetarias para expandir. Y, sobre todo, menos dólares: en 2010, las importaciones crecieron 46% y en 2011, 31%. Hoy no alcanzan los dólares para eso.

La agenda

Pero no todos creen que el Gobierno puede darse el lujo de “no hacer nada” y, si lo hiciera, podría enfrentar una corrección exógena del “mercado”. Según el economista José María Fanelli, se puede anticipar lo que hará el Gobierno después de octubre, pero no los instrumentos que usará: “¿Cómo se hará la corrección luego de octubre? Es la pregunta del millón pero la mitad de la respuesta ya se sabe. La mitad que conocemos se basa en el hecho de que sabemos que hay dos objetivos ineludibles: equilibrar el sector externo (ocupándose en primer lugar del déficit en la cuenta de energía) y mejorar las cuentas públicas. La mitad que no conocemos es qué instrumentos utilizará el gobierno con tal objetivo”.

La clave, dice Castiñeira, sigue siendo la inflación y el tridente compuesto por los subsidios y, consecuentemente, las necesidades fiscales y la emisión monetaria. “Manteniendo los subsidios a quienes realmente lo necesitan y en el contexto de un programa ordenado, el Gobierno se puede ahorra dos puntos del PIB. Si se logra hacer ese ahorro, el BCRA podría volver a retomar el control sobre los agregados monetarios. No es imposible ordenar la macro”, explica. “Seguramente veremos un ajuste de tarifas tímido que permita al menos desacelerar el crecimiento de los subsidios, dando un poco de aire las cuentas fiscales y, por ende, a la política monetaria”, opina Sica.

Sería, en definitiva, poner nuevamente sobre el tapete la anunciada, y luego archivada, “sintonía fina”. Implicaría, además, alterar el actual juego de fuerzas dentro del equipo económico. Continuará…