La agenda del desarrollo económico

Industria y educación

3 de julio, 2013

La agenda del desarrollo económico

(Columna de Silvana Melitsko, economista de la Fundación Pensar)

Es vasta la literatura que vincula el crecimiento y desarrollo económico con la acumulación de conocimientos. Este pro ceso de acumulación involucra un aprendizaje que se adquiere a través de la resolución de problemas. Y a medida que las sociedades progresan, los problemas que quedan por resolver se vuelven cada vez más complejos. En el caso argentino, después de una década de crecimiento sostenido, los problemas que figuran en la agenda pública son todavía bastante elementales, y en muchos casos su origen es autoinfligido.

En materia económica no hemos saldado aún el debate acerca de “si la emisión genera inflación” o de si los “controles de precios funcionan”. Como sociedad estamos entrampados en discusiones aún más básicas: si queremos seguir siendo una República, o si está mal que los gobernantes tergiversen las estadísticas. Se han dejado a un lado cuestiones más complejas y profundas que tienen que ver con qué bienes y servicios vamos a producir en los próximos 20 años, y cómo vamos a hacerlo.

Estos grandes temas que constituyen la “agenda del desarrollo económico” fueron desplazados por cuestiones coyunturales.

El debate acerca de las políticas industriales, gran ausente en la agenda local salvo a título propagandístico, ha resurgido entre los países de la OCDE. La edición 2013 del informe “Perspectivas sobre el Desarrollo Global” publicado por esta organización plantea una visión bastante ecléctica sobre el tema, y propone superar tanto el viejo dilema sobre si las políticas industriales son buenas o malas “en principio”, como la más reciente dicotomía entre políticas horizontales o verticales. Un mensaje contundente que transmite el documento es que las políticas industriales son difíciles de implementar y tienen un alto riesgo de fracaso. Pero que sean difíciles no significa que haya que descartarlas.

El éxito o el fracaso de las mismas parecen vinculados al cuidado puesto en su diseño e implementación, como así también a la existencia y eficacia de mecanismos de evaluación y monitoreo. En materia de política industrial, entendida como aquella que busca en forma deliberada modificar el perfil productivo de un país o región, nuestro país destina al Régimen de Promoción Industrial de Tierra del Fuego las tres cuartas partes de los recursos fiscales que asigna a esta finalidad el Presupuesto Nacional. Según un estudio de CIPPEC, el costo del régimen se aproximaría a los $ 13.000 millones en 2013. Teniendo en cuenta que el sector manufacturero de Tierra del Fuego emplea entre 10.000 y 15.000 trabajadores, esto implica un costo anual por trabajador ocupado cercano al millón de pesos. El costo también es elevado en términos de divisas: la balanza comercial de Tierra del Fuego arrojó un rojo de US$ 4.500 millones en 2012, que se explica en gran medida por la importación de componentes electrónicos de una industria con bajísimo contenido local.

A pesar de los resultados poco auspiciosos, en la agenda pública las propuestas superadoras brillan por su ausencia.

Otro tema de gran relevancia para el futuro del país que no se discute lo suficiente a nivel parlamentario son los escasos avances logrados en materia de calidad educativa. En particular, sería positivo un debate acerca de por qué el muy bien venido aumento del gasto público en educación no ha repercutido en mejoras significativas en su calidad. En la última evaluación internacional de resultados educativos de PISA, en 2009, el país ocupó el 58° puesto sobre 65 participantes.

La mención de estos temas (desarrollo industrial y educación) no es casual. Haciendo cambios profundos y grandes esfuerzos en ambas áreas, países como Corea han ingresado, en menos de medio siglo, al mundo desarrollado. Los escasos avances en la materia que ha registrado nuestro país durante varias décadas podrían estar vinculados a su poco satisfactorio desempeño económico, y al deterioro del tejido social que ha llevado a que casi la cuarta parte de sus habitantes vivan en la pobreza. Se trata, como dijimos al principio, de cuestiones menos triviales que las que maneja la agenda del día a día.

Para resolver los problemas difíciles de la agenda del desarrollo económico deberíamos iniciar una discusión profunda y genuina sobre estos temas. Para ello hay que empezar por evaluar los resultados obtenidos en estas áreas dejando a un lado cuestiones ideológicas, y estar dispuestos a asignar (y asumir) las responsabilidades que surjan de esas evaluaciones.