Producción energética

Una década perdida

13 de junio, 2013

Producción energética

(Columna de Horacio Lazarte, analista sectorial de abeceb.com)

La producción de petróleo ha cumplido otro año de caída, completando así un ciclo negativo de once años hecho sin precedentes en la historia petrolera del país. El antecedente más cercano se remonta a la década de 1980 cuando se verificó una seguidilla de seis años de caída en la producción –entre 1982 y 1987–, momento en el cual el país atravesaba una grave crisis energética. En el caso del gas natural, si bien el ciclo negativo es más corto (desde 2007), no se registran dos años seguidos con signos negativos en la producción desde la década de 1970.

Esto surge tras una década en la que el proceso inversor no acompañó el crecimiento económico. Las tasas de reposición de reservas de hidrocarburos para el período 2002-2012 fueron de 85% y 13% en promedio para el petróleo y gas, respectivamente. Esto significa que el ritmo al que se consumieron las reservas superó al de su incorporación. Esto se diferencia de los niveles registrados entre 1992- 2002, cuando estas tasas se encontraron en 149% y 145%, respectivamente.

El resultado, luego de una década de tarifas subsidiadas y aumento de la intensidad energética fue, por un lado, la pérdida de diez años en el horizonte de producción de gas natural (de 17 a 7,3 años), en tanto que en petróleo se mantuvo prácticamente estancado en torno a los once años, aún luego de la ampliación en el año 2006 en Cerro Dragón. Y, por el otro, la pérdida de la autarquía energética tras veintiún años de una balanza comercial positiva.

La balanza roja

En la coyuntura más reciente, a los factores estructurales se agrega un plano internacional menos auspicioso, que de manera exógena golpeó el saldo energético. En el primer cuatrimestre del año, el déficit comercial sufrió un deterioro superior al esperado.A esta altura contamos con un rojo de US$ 1.579 millones, cuando en el mismo período del año pasado aún existía un superávit de US$ 315 millones. Las exportaciones de crudo han sufrido una caída del 70% y explican casi la totalidad de la caída de las ventas externas del sector –cercana al 40%–.

Este deterioro refleja factores tanto internos como externos. Entre los primeros, la caída de producción de la cuenca del Golfo de San Jorge, de donde se obtiene el principal saldo exportable del país. En el frente externo, el deterioro de la situación de las commodities, tras un crecimiento de China menor al esperado –por debajo del 8%– afectó las cotizaciones del crudo como también la demanda de los principales destinos.

El declive de las ventas externas del rubro energético se explica por los menores envíos a China (-68%), al NAFTA (-59%), a Brasil (-32%) y a Chile (-29%). Para el cierre del año, la factura del déficit energético en divisas será mayor a la esperada. Siendo optimista en cuanto a la recuperación de las exportaciones en los próximos meses –aunque con menores precios promedio–, estará por encima de los US$ 5.600 millones (más del doble respecto a 2012). En el caso contrario, el rojo estará más cerca de los US$ 7.000 millones. Esto considerando que no surja ningún conflicto gremial que afecte la producción en la cuenca de San Jorge. En ese caso el daño sería aún mayor.

Tras un baño de realidad ante un déficit energético que se expande –cuando las divisas escasean–, las iniciativas voluntaristas son insuficientes para modificarla. Resulta esencial otorgar definiciones sobre la renta futura para motivar la planificación de proyectos de largo plazo si se quiere seguir manteniendo un régimen de concesión privado, pero que en la práctica es un híbrido donde el riesgo es privado y la captación de la renta no lo es.

Con la estatización de YPF, el Estado empezó a asumir los riesgos geológicos y económicos de la actividad, como también a padecer los políticos en el mercado de crédito. Concretar su estrategia de largo plazo dependerá de las posibilidades de obtención de fondos para financiar los proyectos. Mientras ello no ocurra, lograr un cambio hacia una estrategia de largo plazo será difícil. Incluso, si ocurre, será insuficiente si los incentivos no se extienden hacia el resto de las empresas.