La nueva economía

Crecimiento moderado y heterogéneo

18 de junio, 2013

La nueva economía

(Columna del economista Rodrigo Alvarez,  socio y director de Analytica)

La economía argentina dejó atrás las tasas de crecimiento chinas y alejó los temores de recesión. Ahora se adentra en un nuevo ciclo de expansión que se presenta como moderado y muy heterogéneo entre sectores. En el segundo trimestre la actividad viene mostrando una mejor performance que en los trimestres anteriores, impulsada por el dinamismo de la industria automotriz, la mejor cosecha gruesa y la recuperación de la construcción. Pero otras ramas de actividad no están teniendo la misma suerte. Veamos.

Dentro de la industria, claramente lo más destacado es la recuperación en la producción automotriz que –gracias a las mayores demandas interna y de Brasil– en los últimos dos meses se expandió 31% interanual en promedio, por encima del 4,6% interanual registrado en el trimestre anterior. También se destaca la buena dinámica de la industria proveedora de materiales para la construcción. Pero el resto de las ramas no logra despegar, con problemas evidentes en la metalúrgica, la textil y las de edición e impresión.

El sector agrícola también presenta un comportamiento heterogéneo que repercute directamente en la actividad regional. Si bien la producción de granos y oleaginosas este año marcaría un nuevo récord, no todos los cultivos se comportaron de la misma manera. Se destacan la fuerte merma en la cosecha de trigo (40% interanual) y, del lado opuesto, el salto de la producción de soja y maíz (24% interanual en promedio). El desplome de la producción triguera no es un dato menor para la industria harinera, que deberá paliar los faltantes. En el caso de la soja el panorama es mejor, dado el renovado impulso que se viene registrando en el precio internacional de esta oleaginosa. La reducción de la cosecha prevista en los Estados Unidos (principal productor) es el catalizador de este entorno coyunturalmente favorable.

La construcción, por su parte, es otro sector que se viene recuperando luego del frenazo de 2012. Este no es un dato menor habida cuenta del impacto que tuvo en el empleo: fue la actividad que más puestos de trabajo perdió. La mejor performance es generalizada, destacándose el repunte que tuvieron en el último mes los edificios y las obras de infraestructura.

Era previsible; este año el Gobierno no se podía dar el lujo de frenar el gasto de capital como sí lo hizo el año pasado con el objetivo de sostener el gasto social. La economía necesita el impulso de la obra pública y el déficit en infraestructura se está transformando en uno de los puntos más débiles y criticados de la gestión kirchnerista. En el caso de la construcción privada, existen riesgos elevados de que el despegue tenga vuelo corto. La demanda final de inmuebles sigue en caída libre y no se observan elementos que permitan prever un cambio abrupto en el corto plazo. La ley de exteriorización de capitales, en el mejor de los casos, va a aportar algo de liquidez a un mercado muy golpeado, pero la preferencia por la liquidez en dólares sigue siendo el obstáculo de fondo para el sector.

El consumo también presenta sus particularidades. Las ventas en supermercados, en shoppings y minoristas en general presentan una tendencia a la baja que se explica por una confianza de los consumidores erosionada en un contexto en el que el salario real no crece. Consciente de esta realidad, el Gobierno buscó cerrar rápidamente las negociaciones paritarias en un nivel promedio de 24% y dispuso aumentos en la AUH, que se suman a los recibidos por jubilados y pensionados en marzo pasado (15,2%). En el corto plazo, este impulso seguramente va a revertir la tendencia y poner nuevamente al consumo en terreno positivo, pero a tasas muy lejanas a las de 2011. Los tiempos de abundancia quedaron en el pasado.

Del lado del comercio exterior también encontramos heterogeneidad: mientras que las ventas externas del complejo sojero (excepto biodiésel) y de autos vienen mejorando, el resto de las exportaciones muestra una pobre performance, siendo las de combustibles y energía las más castigadas(-37% interanual). Esto es lo que impide que las exportaciones despeguen lo suficiente como para compensar el incremento que vienen registrando las importaciones. De hecho, en lo que va del año el excedente comercial se redujo más de 40% con respecto a 2012.

En esta coyuntura en la que previsiblemente las exportaciones no reaccionan con la suficiente fuerza, el trade off vuelve a ser actividad económica versus ingreso de divisas. A diferencia de 2012, el Gobierno está privilegiando llegar a octubre con una economía más tonificada a costa de perder reservas internacionales.

Estas particularidades hacen que incluso la performance a nivel de regiones sea muy disímil. Por caso, la dinámica de Neuquén, beneficiada por sus extraordinarios recursos y el renacer petrolero de YPF, es bien distinta a la de Mendoza, castigada por un tipo de cambio atrasado que golpea a la industria vitivinícola. Precisamente esta heterogeneidad es lo que le quita brillo al ritmo de crecimiento global de la economía.

En suma, los tiempos que corren van a ser distintos. Abundancia, homogeneidad, excedentes son términos del pasado. Lo que viene es la moderación, la heterogeneidad, la selectividad, la restricción, el control. Una economía sin brillo, pero tampoco en la sombra.