La evolución de la inflación

27 de mayo, 2013

La evolución de la inflación

(Columna de Martín Tetaz)

El 15 de septiembre de 1985 fue un día que ningún hincha de Estudiantes o Gimnasia olvidará con facilidad. Se jugaba el clásico 100 en la Ciudad de las Diagonales y los dos principales equipos de ella volvían a verse las caras después de casi siete años de tregua. Pero no es el aspecto futbolístico el que me interesa en esta columna.

Tampoco quiero hacer hincapié en que con el viejo estadio de 57 y 1 explotando, se recaudaron cuatro pesos con once centavos… bueno en realidad fueron 41.183 Australes, pero como todos ustedes saben, el viejo signo monetario perdió 4 ceros cuando se vistió de peso.

No; lo que retumba en mi memoria con una marca imborrable, es un cántico con el que la hinchada pincharrata caricaturizó nuestra situación futbolística. “El Lobo va a salir campeón, el Lobo va a salir campeón… el día que la vaca vuele y en la Argentina baje la inflación”. Puede que el ingenio popular haya exagerado un poco, pero lo concreto es que en esos tiempos, en las expectativas de la gente, la probabilidad de una baja de la inflación era equiparable a las chances de que un bovino lograra satisfactoriamente desafiar a la ley de la gravedad.

Esto sucedía incluso cuando tres meses antes había aparecido el Plan Austral, pulverizando una inflación que el mes antes de su implementación, alcanzaba el 30,7% (mensual). Para septiembre del ‘85, el aumento de los precios era del 2% y la gente aún no creía que ello fuera posible.

Lo cierto es que un remoto día del 2001 una vaca finalmente logró volar, pero con tanta mala suerte que lo hizo desde el cielo hacía la tierra y murió estrellada contra un bote en un lago de China, sirviéndole el argumento en bandeja a Sebastián Borenzstein, para que escribiera y dirigiera la famosa película protagonizada por Ricardo Darín intitulada, justamente, “Un cuento Chino”.

Cavallo y los estructuralistas

La inflación un día también bajó en la Argentina, luego de que Domingo Cavallo interpretara brillantemente sus causas e implementara un combinado plan con claros elementos ortodoxos y heterodoxos simultáneamente. Como es sabido, los monetaristas sostienen que la inflación se produce por un exceso de medios de pago en relación a las transacciones que se hacen en una economía en un período dado.

En 1960, Julio Olivera sumó al debate un argumento no monetario: la inflación puede producirse por una rigidez en los precios a la baja. De modo tal que, cada vez que se produce un cambio en la oferta o demanda de algún producto, su nueva relación de escasez respecto de los restantes bienes no puede ser expresada por completo mediante un alza de su precio, sin que bajen concomitantemente los otros productos ahora relativamente más abundantes, conduciendo de este modo a un alza en el promedio de los precios. Bajo estas condiciones, un aumento no monetario en los precios, reduce la cantidad real de medios de pago de la economía, obligando al BCRA a expandir la oferta monetaria de manera acomodaticia para evitar una suba en la tasa de interés que impacte negativamente en la inversión (y en el consumo).

Así, la oferta monetaria resulta endógena, que es lo que parece tener en mente Mercedes Marcó del Pont cuando justifica la aparente inocencia del dinero en el proceso inflacionario. Pero Olivera tiene algo para decirle a la presidenta del BCRA. Sostiene el catedrático que “resulta difícil que, ante un alza de precios impulsada por fenómenos ‘reales’, la respuesta de la autoridad monetaria consista en proveer exactamente la cantidad indispensable de medios de pago: aunque se proponga esta línea de conducta, no hay ninguna manera práctica de calcular esa cantidad con precisión. En mayor o menor medida, el ajuste monetario será, pues, imperfecto. Si excede la cantidad precisa, una ola secundaria de inflación de demanda se superpondrá al alza de precios provocada por los factores no monetarios”.

El alza no monetaria podría atemperarse, sostiene Olivera, en el caso de tener mercados ampliamente desarrollados, de suerte tal que las ofertas sean tan elásticas que ajusten perfectamente ante los shocks sin impactar en los precios.

El tercer miembro del debate es Robert Lucas, quien en su famosa “Crítica…” explicó que la inflación puede producirse por una simple cuestión de expectativas, toda vez que si los agentes económicos esperan una política monetaria laxa a futuro, pues se anticiparán remarcando sus precios ahora, exigiendo mayores salarios y firmando contratos con ajustes incluidos. Luego, si los agentes eligen indexar los contratos para cubrirse a futuro, pues se genera inflación inercial.

Finalmente, otro componente estructuralista de la discusión surge en el trabajo de Raúl Prebisch, quien once años antes que Olivera había llamado la atención sobre la consecuencia inflacionaria de las crisis de balance de pagos resueltas vía una devaluación. Si los precios de los no transables no bajan, pues todo el ajuste de precios relativos debe hacerse con una suba de los transables, elevando así el promedio de los precios La Ley de Convertibilidad sintetizó esas cuatro visiones.

Puso una regla monetaria que evitaba la emisión discrecional, estableció un tipo de cambio fijo evitando que las devaluaciones subieran los precios y determinó la prohibición de indexar contratos por inflación (aún vigente), para desacoplar la inflación pasada de la futura. Adicionalmente, se llevó adelante una política de mayor apertura comercial para lograr que las ofertas de productos transables fueran perfectamente elásticas y el sector externo absorbiera los shocks estructurales, sin que estos se manifiesten en los precios.

Control sin termómetro

Veintidós años después, mientras el popular cántico amenaza con volver a las canchas, el Gobierno apela a un congelamiento que, nobleza obliga, ha bajado la inflación (IPC Congreso entre febrero y abril) del 27,41% en 2012 al18,57% en 2013. Pero, por haber adulterado el termómetro (léase INDEC), desgraciadamente la gente no percibe esa baja y de acuerdo al último dato de expectativas de inflación de la UTDT espera 34,9% de aumentos en los próximos doce meses.

Resulta fundamental, entonces, volver a Olivera y acordarse de Lucas, disciplinar la política monetaria, abrir la economía para evitar la inflación no monetaria y resolver el problema del INDEC para que los esfuerzos no sean en vano y medidas como el congelamiento puedan efectivamente torcer las expectativas e influir en remarcaciones, paritarias y nuevos contratos. En las expectativas se juega el futuro de la inflación… y del modelo.

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