“Hoy, la inflación es una restricción para el crecimiento”

Entrevista a Daniel Heymann

6 de mayo, 2013

"Hoy, la inflación es una restricción para el crecimiento"

El reconocido economista Daniel Heymann, profesor de la UBA y la UdeSA y director de Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), sostiene que hay que dejar de percibir a la inflación y el crecimiento como fenómenos que van de la mano. En diálogo con El Economista, explica que “es necesario que los agentes vuelvan a pensar en el mediano y largo plazo, y la inflación hace que perdamos ese horizonte de decisión”.

Hace dos o tres años, caracterizaba a la inflación argentina como moderada. ¿Sigue manteniendo ese diagnóstico?

Es moderada en comparación con lo que fue la alta inflación argentina. Un indicador que siempre uso es preguntar cuánto es la inflación. ¿Usted qué diría?

Entre 20 y 25% anual.

Ahí está. El hecho de que la midamos anualmente significa que es moderada. Ahora bien, pese a esta moderación, tiene tensiones importantes. Por un lado, las perspectivas de su evolución futura no son fáciles de determinar. Por otro lado, ha habido una traslación de las anclas que usa la política económica para regular el nivel de precios. Ahora, el tipo de cambio y las tarifas no pueden o les cuesta cumplir ese rol que tenían y en reemplazo apareció el intento de regulación directa sobre los precios y de influir sobre los salarios. Es un cambio significativo.

¿El cambio se produjo ante el riesgo de que se acelere?

Implícitamente hay una percepción de que la inflación no está instalada en este nivel y que pueda subir. Retomando la caracterización de la inflación, me gustaría decir que, si bien es moderada, es un problema cada día más relevante para el funcionamiento de la economía.

¿Cómo se manifiesta?

Esta es una economía que tuvo una expansión muy fuerte hasta 2008 y luego en 2010-2011, después del bajón de 2009. Con una característica significativa: hubo muy poca intermediación financiera por varias razones, entre ellas, se utilizó la capacidad ociosa que había y, además, la autogeneración de recursos fue importante como para estimular cierto proceso inversor y no necesitar de dicha intermediación. Ahora bien, hoy daría la impresión de que los requerimientos de inversión son más capital-intensivos, por ejemplo de infraestructura, y que los márgenes de autogeneración de recursos, tanto públicos como privados, se han estresado y necesitan flujos de créditos. Y para que ese flujo exista, es necesaria una unidad de denominación de contratos y la inflación complica esa posibilidad. En otra época experimentamos con el dólar como unidad de denominación y no nos fue bien porque nuestros ingresos en dólares no son estables. La alternativa de la indexación no está abierta hoy. La alternativa deseable es la de tener un sistema de contratos en pesos, pero requiere que haya un plazo de estabilidad en los precios mayor al de los pocos meses. Por eso hoy en día la inflación es una restricción para el crecimiento. Más que ver a la inflación y el crecimiento como cosas complementarias, hoy hay que verla como una restricción. Es necesario que los agentes vuelvan a pensar en el mediano y largo plazo, y la inflación hace que perdamos ese horizonte de decisión.

Usted ha estudiado muchos los procesos inflacionarios. ¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre el actual y los de la década del ’80?

Aquella inflación estaba vinculada con un dramático problema externo asociado al problema de la deuda, las dificultades para exportar, la tasa de interés mundial alta y los bajos precios internaciones de nuestros productos. Eso tenía una repercusión cambiaria y fiscal en un contexto de fuerte, y legítima, puja distributiva. Esa doble tensión cambiaria y fiscal era un caldo de cultivo para una inflación alta y una gran inestabilidad macro. Hoy, esos elementos están mucho más moderados y eso se nota en el nivel de la inflación. Ahora bien, no están ausentes ni pueden ser ignoradas. La variable fiscalmonetaria es un elemento inflacionario hoy en día y haber usado el tipo de cambio como ancla o moderador es una estrategia que tarde o temprano iba a encontrar límites.

Entonces, ¿hoy es más fácil desinflar que en los ’80?

En algún sentido, sí. La magnitud hoy es otra. Pero para pensar en un proceso de desinflación es muy importante saber dónde están los precios relativos. Hay que definir cuál será el set de precios relativos sobre el cual se intentará reducir la inflación.

¿A qué precios relativos se refiere?

Tipo de cambio real, tarifas reales, salario real e incluso la estructura del tipo de cambio real para distintas importaciones o exportaciones. Cuando uno trata de desinflar, el objetivo debe ser que haya un movimiento acompasado de los precios relativos, junto a la demanda, para no producir efectos reales indeseables. Es necesario tener una configuración inicial que pueda converger hacia abajo en términos nominales. El hecho de que se hayan usado las anclas tarifarias y cambiarias pone un signo de interrogación sobre la capacidad de hacer política antiinflacionaria ahora.

¿Cree que existe hoy esa discusión?

No da la impresión de que esté en discusión.

Luego de la crisis de 2001-2001, era de manual cortar con el abuso del financiamiento externo. Más de diez años después, con una economía desendeudada, bajas tasas a nivel global y necesidades de financiamiento crecientes, ¿sería conveniente volver a acudir al financiamiento externo?

No usar excesivamente el crédito externo es algo que la Argentina no ha aprendido. El 2001-2002 no fue la primera vez que nos pasó. Es esencial mantener la noción de que el endeudamiento excesivo tiene consecuencias gravísimas. Dicho esto, una cosa es no pedir crédito excesivo porque uno no quiere y otra cosa es no tener acceso a él. No es lo mismo. Si uno piensa en inversiones capital- intensivas y de larga maduración, usar crédito para financiarlas parece algo normal. De todas maneras, no veo una perspectiva de ingreso a los mercados en el futuro cercano porque, si bien nuestros niveles de deuda y déficit fiscal son bajos, la capacidad de acceso al crédito es extremadamente limitada.

¿Cómo está viendo los factores globales que inciden en la Argentina? ¿Sigue soplando el viento de cola?

Los términos de intercambio han sido buenos y se mantienen en niveles históricamente altos. El país, y a América del Sur en general, se ha beneficiado de la complementariedad productiva y estructural con la unidad geográfica de más alto crecimiento, es decir, Asia. Complementariedad que, vale decir, no está exenta de problemas, sobre todo para la industria. Hay una especie de corriente que arrastró a la región y de la cual la Argentina ha participado, aunque la magnitud depende de si el punto de partida de la serie es 1998 o 2003. El crecimiento de nuestros vecinos, con el cual también tenemos algunas complementariedades, también ha ayudado. Ahora bien, si bien el escenario internacional sigue siendo positivo, hay dudas sobre qué podemos esperar hacia delante.

¿Cree que el ritmo de mejora en los términos de intercambio se moderará o estancará?

Es posible. Para crecer a partir de acá hará falta un esfuerzo interno de generación de exportaciones y capacidad de producción. El potencial de crecimiento a futuro estará determinado por las inversiones que, como dije, parecen ser más capital-intensivos de lo que fueron estos últimos años.

¿Qué otros elementos deberían formar parte de la agenda?

Hay que imaginarse colectivamente un sendero de crecimiento con redistribución porque la pobreza no es la de 2001-2001 pero sigue siendo alta. Dentro de ese debate entra la macro y los precios relativos de los que hablábamos. El impulso proveniente de las exportaciones y de las economías regionales, por ejemplo, hoy no está pasando por un buen momento.

¿Por el atraso del tipo de cambio?

En parte por eso. ¿Puede crecer la oferta agropecuaria? Puede ser, pero también hay que pensar que los precios tampoco seguirán subiendo. Hay que pensar en dónde podemos generar nuevas exportaciones. Creo que la sustitución de importaciones es una estrategia razonable, suponiendo que se pueden producir esos bienes de manera eficiente localmente. Hay que volver a poner el foco en las cadenas de valor y en el intercambio de insumos intermedios a nivel local y, ojalá, hacia fuera. Hay que identificar esas capacidades productivas y poner las condiciones para que se puedan explotar, es decir, la configuración de los precios relativos y los flujos de inversión que requieren. Ese es el debate. Hay que imaginarse una economía a mediano plazo y por eso sostengo que estar concentrados en los problemas inmediatos es un problema.

Muchos colegas suyos proyectan un escenario de estancamiento o crecimiento bajo para los próximos años. ¿Comparte?

Este año posiblemente haya algún incremento en la tasa de crecimiento pero sobre niveles muy moderados. Hoy creo que es difícil ver un sendero de crecimiento definido como el que había hace 6 o 7 años. Las fuentes de expansión de exportaciones y las actividades que motivan inversiones están menos claras. Los requerimientos de capital a producto, como decía, se han incrementado. Son todos elementos que no existían en la fase de recuperación. Los años de crecimiento fácil se han terminado.