BAADE, PADE y CEDIN

Una decisión marcada por la necesidad

10 de mayo, 2013

BAADE, PADE y CEDIN

(Columna del economista Ariel Setton)

El proyecto de Ley propuesto por el Ejecutivo, que incluye el blanqueo de activos financieros en moneda extranjera, muestra cómo la necesidad terminó marcando las decisiones de política del Gobierno. En el proyecto se presentan dos medidas con objetivos claramente diferenciados, y que a pesar de haber sido anunciadas desde la AFIP, ninguna de las mismas presenta fines recaudatorios.

Ninguna de las propuestas requiere justificación del origen de los fondos, y se encuentran limitados a personas y sociedades no imputadas en casos de lavado de dinero ni ser funcionarios de estados nacionales, provinciales o municipales. La finalidad de cada una de estas medidas muestra diferentes necesidades que las generan y, por lo tanto, instrumentos a aplicar sustancialmente diferentes.

Por un lado, se encuentra el Bono Argentino de Ahorro para el Desarrollo (BAADE) que, junto con el Pagaré de Ahorro para el Desarrollo Económico (PADE), buscan generar una nueva fuente de financiamiento para realizar obras de infraestructura y energéticas. Sería canalizado mediante bonos emitidos por el Ministerio de Economía con condiciones a definirse una vez aprobado el proyecto de Ley, que engrose de algún modo las reservas internacionales del BCRA y que genere una subutilización de los US$ 2.000 millones comprometidos de las ‘reservas de libre disponibilidad’ para la conformación del Fondo Argentino de Hidrocarburos.

Tal como se adelantó en la conferencia de prensa (pero que no pudo corroborarse en el proyecto de Ley), el interés a pagar por estos instrumentos sería superior al de otras inversiones en dólares en el mercado internacional (en un contexto global de tasas bajas), pero muy inferior al que pagaría la Argentina si saliera al mercado de crédito internacional. La concepción del PADE no está clara y dependería enteramente de la reglamentación que dicte el organismo competente. En concreto, se están generando exenciones impositivas y beneficios a aquellos que tienen activos no declarados con el fin de conseguir financiamiento productivo a tasas inferiores a las del mercado.

Por otro lado, el Certificado de Inversiones Inmobiliarias (CEDIN) no es un bono sino un certificado, que no tiene ni fines recaudatorios ni de financiamiento ni de generación de reservas internacionales. Busca dinamizar el mercado inmobiliario–y por lo tanto darle un impulso a la economía real–, el cual viene sufriendo un freno desde 2012 desde que se buscó la pesificación del mercado. En ese sentido, los CEDIN serían un papel nominado en dólares convertibles y con respaldo completo del BCRA que podría circular en el mercado secundario de la economía, y hacerse efectivo ante la demostración de una compra-venta de propiedades, desarrollos inmobiliarios y mejoras edilicias.

No es un instrumento que genere mayores reservas en sí, ya que si las genera es de manera circunstancial, pero que sí se convierte en un medio de pago para operaciones inmobiliarias y otras operaciones que requieran cancelación en dólares. Lo preocupante en este sentido es la redolarización (al menos parcial) de las valuaciones de las propiedades, como así también de las operaciones de compraventa, retrocediendo al menos parcialmente en la búsqueda del “cambio cultural” de pesificación de la economía, por la simple razón de no estar aun plenamente preparados para el mismo.

El efecto de los CEDIN en el corto plazo seguramente será bueno, pero no debe perderse de vista que se está generando la expectativa de obtención de dólares billete (o CEDINES) al vendedor.

Aquel que invirtió su dinero en pesos, o que se encuentre tramitando un préstamo hipotecario, posiblemente se vea afectado negativamente al no poder cumplir con los objetivos del vendedor.

En concreto, esta suma de propuestas busca solucionar dos necesidades puntuales que tiene la economía actual, que son la búsqueda del retorno del autoabastecimiento energético, así como también la dinamización del mercado inmobiliario, con el objetivo de darle un nuevo impulso a la economía real. Pero pierden de vista el impacto cultural que pueda generar la redolarización del mercado inmobiliario.