¿Servirá el CEDIN?

Las expectativas serán claves

10 de mayo, 2013

¿Servirá el CEDIN?

(Columna de Martín Tetaz, economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) y del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS). Twitter: @martintetaz)

La primera luz de alarma la encendió un breve post de Lucas Llach en su blog “La Ciencia Maldita”: una foto de un billete de 3 CUC, la moneda cubana convertible que se utiliza en el país caribeño para pagar la gran mayoría de los bienes transables del país y que convive en un régimen bimonetario con el peso cubano, destinado básicamente a los no transables de esa economía.Gerardo Morales fue un poco más caricaturesco y en medio de la reunión de comisión del Senado tildó de “Patacón en dólares” al nuevo Certificado de Depósito para Inversión (CEDIN) que, de aprobarse la ley, vendería el Banco Central a quienes deseen blanquear dólares no declarados y opten por ese instrumento.

Al senador de la UCR le preocupaba la virtual dolarización de la economía que se produciría si el CEDIN se utiliza para comprar materiales de construcción, toda vez que los corralones de materiales competirían ofreciendo ladrillos con precio en esos certificados, conscientes de que una vez efectuada la venta pueden dirigirse al Banco Central y cambiarlos por dólares. Lo cierto es que en la interpelación a la que se sometió el equipo económico (a quienes el periodista Maximiliamo Montenegro los denominó como “los cinco fantásticos”), los funcionarios oficiales se vieron en apuros para responderle al senador, pero quizás producto de la presión terminaron confesando, con el Salón Azul de testigo, que el receptor del CEDIN debía tomarlo y emitir una factura en pesos al cambio oficial.

Ahora bien, supongamos que usted tiene dólares en el colchón. ¿Pagaría con ellos en un corralón al tipo de cambio oficial? ¿Entregaría 100 dólares billete para cancelar una factura de $520 en ladrillos y bolsas de cemento? Es evidente que resultaría mucho más lucrativo venderlos en el mercado paralelo a $10,50 o negociar un valor similar con el dueño del local que nos provee los materiales de construcción.

Pero claro, si los potenciales exteriorizadores de divisas fueran racionales, no escucharían al ministro de Economía ni a la presidenta del Banco Central, y simplemente se pondrían en el lugar del propietario del corralón, al que le brillan los ojitos del sólo hecho de pensar que puede recibir un CEDIN cotizando los ladrillos a$5,20, ir al Banco Central, cambiar el certificado por dólares billete y venderlos en una cueva a $ 10,50. Es obvio que los empresarios del rubro se disputarán los papeles entregados por el BCRA, algunos comprenderán que si cotizan los CEDINES a $ 6,20 captarán más certificados y aún obtendrán una jugosa ganancia vendiendo luego los dólares al valor paralelo.

Como el cuento de la buena pipa, la historia sigue. Alguno se dará cuenta que cambiando los papeles a $ 7,20 vende más ladrillos que la competencia y así sucesivamente: otros ofrecerán $ 8,20 primero, $ 9,20 luego, y así hasta equipararse al blue. Ergo, los CEDINES terminarán cotizándose en los corralones al cambio prevaleciente en el mercado negro, con lo que efectivamente la economía (o al menos el sector de la construcción) se dolarizará de hecho, aunque para las operaciones se usen CEDINES, exactamente del mismo modo que en Cuba se usan los CUC convertibles para comprar prácticamente cualquier transable.

Entonces, ¿qué pasará?

El sistema, por supuesto, está diseñado para que esta sea la única posibilidad porque si no sucediera lo que expliqué en los párrafos precedentes y, por ejemplo, la Secretaría de Comercio estableciera un congelamiento de precios de materiales de la construcción (pero hacia abajo) de modo de asegurar que el que entrega 100 CEDINES reciba $520 de mercadería a los precios vigentes al 10 de mayo penalizando a los corralones que entregan más mercadería, lógicamente ningún inversor en su sano juicio exteriorizaría absolutamente ningún dólar.

Puesto en castellano: el éxito del blanqueo depende de la posibilidad de obtener por esos dólares el valor que hoy les reconoce el mercado o, en su defecto, de volver a obtener los mismos dólares vendiendo el certificado en el mercado secundario. En ese sentido, el último párrafo del artículo 2 del Proyecto de Ley claramente establece que para recuperar los dólares, el poseedor del certificado deberá acompañarlo del comprobante de compraventa de algún inmueble o factura que acredite una construcción o refacción, de modo que el inversor que trajo los dólares al país puede vender el certificado a alguna persona interesada en comprar propiedades o ladrillos. Otra vez aparecen entonces las expectativas.

Resulta crucial estimar a qué precio se va a poder vender el certificado para ver si conviene ingresar en el blanqueo. En ese sentido, las pocas operaciones inmobiliarias que se están haciendo transan un “dólar celeste” cuya cotización oscila cromáticamente en torno del promedio entre el oficial y el blue, o sea,a unos $7,85 en la actualidad, por lo que nadie que tenga en vistas la compra de una propiedad va a pagar un precio por encima de ese valor para hacerse del certificado convertible. El otro camino sería el de comprar una propiedad y luego venderla en dólares, pero los costos de transacción, sumados al riesgo de cotización de las propiedades no lo aconsejan, y puesto que quien acepte eventualmente comprar un CEDIN sabe esto, esos $ 7,85 serán un límite superior al valor que es probable que los blanqueadores obtengan por sus certificados. En ese caso es mejor opción alimentar el paralelo, vendiendo los verdes al valor del blue.

¿Y el blue?

Pero falta en la mesa del análisis una última pata. ¿Qué sucederá con el dólar negro? ¿Qué impacto tendrá el CEDIN? Se trata de un típico juego de “Dilema del Prisionero”, en el que cada inversor debe decidir si blanquear o no pensando que harán los demás evasores. Si todos blanquean masivamente, habría un exceso de oferta de CEDINES que bajaría el paralelo y licuaría las ganancias de la operación. Si poca gente lo hace, los que piquen en punta captarán la diferencia. El equilibrio de Nash indica que todos blanquearán, y la lógica es que lo harán para construir y no para comprar propiedades, ¿pero serán racionales los inversores?