El desempleo juvenil

La generación triple-ni

12 de abril, 2013

El desempleo juvenil

(Columna de Jorge Paz, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas -Conicet- y Director del Instituto de Estudios laborales y del Desarrollo Económico -IELDE-)

El desempleo juvenil ha llegado a límites insospechados, afectando hoy a más del 50% de la población de jóvenes en algunos países desarrollados del mundo. El fenómeno es general y no está relacionado con la riqueza o pobreza relativa de las naciones. Pero, ¿qué aspectos del problema preocupan más? ¿Es el tema de discusión más importante para la juventud hoy?

Hay muchas buenas respuestas a estas preguntas. Es innegable que la primera experiencia en el mercado de trabajo marca la trayectoria laboral de la persona a lo largo de su vida; es una de las facetas del scarring effect. Además, el desempleo juvenil (18-24 años) en algunos países más que quintuplica el desempleo adulto (30-59) por lo que impacta en el desempleo general y, por lo tanto, en la sensación térmica de la economía. Por último (aunque hay muchas más), hay jóvenes que ya abandonaron el estudio y encuentran serios problemas de inserción, y otros que se retiraron de la búsqueda por desaliento y que no estudian, no trabajan ni buscan: la generación que llamo aquí “triple ni”.

El mundo y la Argentina

Según los últimos datos de Eurostat, el desempleo juvenil en Grecia y España superó ampliamente la barrera del 50%. En el conjunto de la Unión Europea, casi 6 millones de jóvenes buscaban empleo en febrero de 2013. La Organización Internacional del Trabajo estima que cerca de 75 millones de jóvenes están desempleados en el mundo (lo que equivale a un incremento de más de 4 millones desde 2007) y prevé que en 2016 la tasa de desocupación juvenil se mantendrá igualmente elevada.

En la Argentina, esa tasa actualmente casi cuadruplica la de desempleo de los adultos (3,7 veces más elevada) y se aprecia un fuerte aumento de este ratio desde 2004 a la fecha, a pesar de la reducción generalizada que ha tenido lugar en los últimos años (ver Gráfico). La disparidad regional es muy marcada. Mientras que hay ciudades con una tasa superior al 30%, como Mar del Plata y Paraná, se encuentran otras con niveles menores al 7%, como Río Gallegos y San Luis.

En suma, en los centros urbanos poblacionalmente más importantes de la Argentina hay alrededor de 300 mil jóvenes desempleados, sigue observándose una brecha ostensible entre el desempleo juvenil y el adulto y, cabe agregar, el desempleo juvenil dejó de disminuir en 2008, aumentando su nivel entre 2011 y 2012.

Más allá del desempleo

Al tratar el tema de los jóvenes no puede obviarse la educación. La educación y la capacitación son esenciales para aumentar su empleabilidad y su probabilidad de incorporarse al mercado laboral con éxito. Combinando información educativa y laboral podría decirse que hay cinco tipos de jóvenes que interesan particularmente a la política pública: a) los que están actualmente invirtiendo en capital humano como actividad única y excluyente, b) los que combinan educación con trabajo, c) los que abandonaron el sistema educativo y sólo trabajan, d) los que abandonaron el sistema educativo y buscan, y e) los que no estudian, ni trabajan, ni buscan trabajo (los triple ni). Los grupos a), b) y c) están, como sea, incluidos en el sistema social; el problema, claro está, los constituyen los dos últimos.

Alrededor del 77% de los jóvenes argentinos se encuentra actualmente en alguno de los tres primeros grupos, con lo cual el 23% restante se encontraría o bien con un genuino problema de inserción laboral (7%) o en la condición de triple ni (16%).

Si bien durante la última década hubo mejoras ostensibles en la situación social y laboral general de los jóvenes en la Argentina, se aprecia que en la primera mitad del período 2004- 2012 el porcentaje de triple ni había aumentado y en la segunda consolidó su falta de progreso habiéndose estancado en un peligroso 16%.

En suma, 1 de cada 4 jóvenes en la Argentina tiene hoy algún problema de exclusión considerando su situación educativa y laboral. Este es un fenómeno más urgente y focal que el desempleo, ya que centra la atención en una población de jóvenes vulnerables y no en un colectivo muy heterogéneo para la política pública.

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