Los problemas del éxito

Cambiar es díficil. Pero necesario.

22 de marzo, 2013

Los problemas del éxito

(Columna del economista Daniel Glatstein)

El éxito es el objetivo siempre buscado en todo emprendimiento. Es lo que guía el accionar de toda empresa. ¿Pero qué ocurre cuando hemos sido exitosos en un proyecto? ¿Acaso puede ocurrir que seamos esclavos de nuestro propio éxito? Todos conocemos la máxima futbolera “equipo que gana no se toca”.

¿Cuál es la hipótesis que subyace implícita en dicha proposición? Si un equipo ha logrado sortear con éxito un partido, suponemos que podrá lograrlo también en el próximo. Se trata de un razonamiento inductivo, basado en la experiencia y no del resultado racional obtenido a partir de una deducción, que permita darle sustento a este postulado. Más aun, presupone que el resto de las variables (rival, árbitro, ambiente, azar, etcétera) se mantendrán constantes. Una victoria puede ser obtenida producto del buen juego o de las circunstancias, pero aunque tengamos el mérito absoluto por el éxito obtenido, no podemos dejar de tener en consideración que todo equipo es perfectible y que cada partido representa un nuevo desafío.

La política económica actual se alimenta con el fundamento de que hasta aquí ha sido exitosa. El parámetro o benchmark que sostiene esta afirmación no es el crecimiento, ni tampoco la mejora en los índices de pobreza o distribución de la renta, y ciertamente tampoco es el nivel de inflación. En el fondo, el fundamento está determinado por el resultado electoral. En este sentido, podríamos resumir este pensamiento en que un gobierno es bueno en la medida en que logra obtener un resultado electoral favorable. Y si la política económica ha permitido y contribuido a alcanzar dicho objetivo, ¿por qué habríamos de querer cambiarla?

Los ’90 y los 2000

En los ’90 la economía argentina experimentó una situación muy similar. La Convertibilidad fue una herramienta muy efectiva para frenar la inflación, algo que en ese momento parecía tan poco probable como ver a una vaca volando. Logrado dicho objetivo, era necesario recuperar la moneda y llevar adelante políticas que permitieran el desarrollo a largo plazo.

No obstante, se mantuvo un sistema inviable porque a pesar de destruir la estructura productiva del país y generar cientos de miles de desocupados, contaba con un fuerte apoyo popular que le permitió al Gobierno de Carlos Menem ganar elecciones. A tal punto esto es así que, luego, Fernando De la Rúa alcanzó la Presidencia con el slogan “conmigo un peso, un dólar”. Los cuestionamientos hacia aquel modelo eran desestimados y los argumentos de quienes lo defendían se basaban dogmáticamente en que la convertibilidad era infalible y había demostrado su utilidad; sólo se requería de una mayor profundización para solucionar los desequilibrios inocultables.

Así se fueron sumando privatizaciones, apertura económica, flexibilidad laboral y toda una serie de políticas que nos fueron hundiendo cada vez más en la depresión económica y la hiperdesocupación. Las críticas eran silenciadas so pretexto de que en la década anterior y bajo políticas heterodoxas habíamos terminado en la hiperinflación y, por lo tanto, no podíamos apartarnos de ese camino.

El modelo posconvertibilidad obtuvo resultados importantes que, sin duda, han contribuido para que los Kirchner obtengan grandes triunfos electorales. El crecimiento económico y la fuerte creación de empleo son elementos que, sin duda, son valorados por el electorado. No obstante, los éxitos pasados no son una garantía para la continuidad de los mismos. Por lo tanto, sería conveniente replantear la política económica y promover aquellos cambios que permitan superar los desafíos actuales en relación a la inversión, la estabilidad monetaria, el tipo de cambio real, la política de subsidios, etcétera. Ya que no sería atinado presuponer que los electores van a ponderar al pasado por sobre el presente y el futuro.