La gestión de YPF

Y la felicidad por decreto

26 de marzo, 2013

La gestión de YPF

(Columna de Sebastián Scheimberg, economista, especialista en energía e investigador de la Fundación Pensar)

Pretender bajar el dólar paralelo por decreto es tan ilógico como en su momento lo fue reglamentar la soberanía energética. Algo parecido a reglamentar la felicidad, lo que siquiera sucede en la sociedad que parodió magistralmente Aldous Huxley en “Un Mundo Feliz”. En el mundo feliz vernáculo, se decretó la Soberanía Hidrocarburífera (Decreto 1277/2012) tras la nacionalización de YPF.

Sin embargo, desde entonces los resultados han avanzado en sentido contrario. Tras casi un año de gestión de la nueva empresa de bandera, aumentó la dependencia del combustible importado, se profundizó la falta de diversificación energética (entendida como una mayor participación de las fuentes fósiles en la generación eléctrica, que aún llega al 65% del total), se duplicaron los cortes de servicio eléctrico por deterioro de su calidad y, nuevamente, se inauguraron obras ya inauguradas que siguen esperando su puesta en marcha tan largamente anunciada, como el caso de la central Atucha 2 y la licitación de dos grandes obras hidroeléctricas.

Los números de YPF

Pero detengámonos por un instante en el análisis de YPF, la empresa que pasó a convertirse en un nuevo símbolo del modelo. Un símbolo de ambigüedades, de doble discursos, marchas y contramarchas. Si bien toda transición implica un parate, como el que hubo a partir de mediados de 1999 cuando se produjo la adquisición de la empresa por parte de Repsol, también con la anuencia del Gobierno de Carlos Menem y del entonces gobernador de la provincia de Santa Cruz, los resultados financieros del año estarían reflejando esa transición. La caída del 12% de la utilidad neta de la empresa no es entonces la variable a analizar. Tampoco son los ingresos operativos, y mucho menos toda comparación nominal que últimamente quiere instalar el Gobierno, ignorando el proceso inflacionario (o, peor, la evolución del dólar paralelo).

Las variables más relevantes serían las que refieren a la comparación de la actividad productiva del segundo semestre del 2012 contra igual período del 2011, teniendo en cuenta que el cambio de gestión se inicia a mediados del mes de abril. En este caso, todos los indicadores estarían revelando una incapacidad para lograr el objetivo decretado: cayó la producción de petróleo y gas, el procesamiento de crudo y la perforación de pozos.

En cambio, sí se incrementó la utilización de equipos de perforación. Lo cual, analizado en conjunto con el resto de los datos, estaría revelando un aumento de la ineficiencia económica de la firma. La pregunta relevante es: ¿Hace falta tener una empresa de bandera como medio para lograr el autoabastecimiento? La respuesta es que puede ser una condición necesaria, pero seguro que no es suficiente.

La YPF de José Estenssoro tenía el 20% de acciones en poder de la Nación, con derecho de veto para decisiones estratégicas, y otro tanto en manos de las provincias. Los apremios fiscales llevaron a sucesivas ventas de dichos porcentajes hasta que, modificación de Estatuto mediante, se fue liquidando la compañía.

El modelo de Petrobras también mantiene mayoría política estatal, y el más exitoso actualmente de Ecopetrol (Colombia) hace lo propio.

Actores e intereses

Lo que es seguro es que quienes han sido responsables del vaciamiento de la compañía, habiendo permitido un sobregiro de dividendos por encima de las utilidades entre 2008 y 2011, a partir del endeudamiento de la compañía y la falta de inversión en exploración, son poco creíbles para estar al frente de las decisiones de política energética de la Nación, mientras ensayan medidas de corte cada vez más intervencionista.

Ahora el nuevo instrumento será la injerencia lisa y llana en los contratos entre generadores y grandes usuarios eléctricos que, contrario a lo que se proclama, están pagando tarifas elevadísimas por los consumos incrementales respecto de los del año 2005, base para el cálculo de la tarifa incremental. Sumado a la indexación salarial y el atraso cambiario, estas industrias continúan perdiendo competitividad para exportar y generar empleo calificado. También es cierto que una empresa nacional que busca financiamiento en un mercado de capitales que prácticamente le da la espalda a la Argentina por su elevada inestabilidad macroeconómica y nivel de riesgo asociado, difícilmente pueda conseguir los objetivos que se ha planteado su actual conductor, quien a medida que pasa el tiempo parecería perder poder frente al ala política la que convive dentro de la torre de Puerto Madero.

Esta es una diferencia notable respecto a la conducción de Estenssoro, quien logró imponer sus convicciones para posicionar a YPF entre las empresas más exitosas de la región. En un punto, la responsabilidad de la clase dirigente habla también, y mucho, de la actitud del empresariado nacional que está llamado a deponer actitudes serviles para cambiar la mentalidad rentística por acciones que promuevan el progreso nacional.

Los personajes de Aldous Huxley pudieron lograr la felicidad sólo cuando fueron capaces de desafiar la autoridad que imponía un relato inverosímil.