La estrategia de la no estrategia…

...no es el mejor camino disponible

5 de marzo, 2013

La estrategia de la no estrategia...

(Columna de Juan Pablo Ronderos, economista y Gerente de Desarrollo de Negocios de abeceb.com)

La economía argentina ha entrado desde hace un tiempo en un escenario incierto y volátil, muy por encima de lo recomendable. Si bien alguna parte de la responsabilidad sobre la situación podría corresponderle a factores externos y exógenos (clima, demanda global, etcétera), sin dudas, el grueso de la responsabilidad recae directamente sobre cuestiones internas. Más específicamente, sobre la política económica. Y no sólo la del presente, sino también la del pasado. Una suerte de remake del tan criticado piloto automático en materia de política económica fue la regla desde 2003 hasta algún punto más cercano en el tiempo, difícil de definir con exactitud.

Aprovechar las condiciones iniciales producto de la crisis de 2001-2002 y un mundo favorable, y mantener por un tiempo las bases de una macroeconomía más o menos ordenada, fueron los lineamientos más importantes de la gestión económica en un principio. Una estrategia correcta para el momento y redituable en materia electoral, ya que fue suficiente para sostener una sí muy activa y positiva política social, base del sustento político (muy bien ganado por cierto).

Pero esa estrategia acertada se agotó por sí sola, y el nuevo escenario demandó un cambio. Cambio que no significaba necesariamente deshacer todo lo bueno que se había hecho en materia económica y social, sino reenfocar la mira y reorientar los instrumentos.

Sin embargo, como es la norma habitual en nuestro país y en todos lados (no es un problema de este Gobierno ni de la Argentina), se hizo todo lo que estaba al alcance para seguir haciendo lo mismo que tantos resultados positivos había dado. Lo que generó ya los primeros problemas e inconsistencias, quizás no tan visibles para la mayoría de la población. La cuestión fue que cuando quedó en evidencia que el cambio era inevitable no hubo un norte para dónde ir.

Lo que dio comienzo a la era de la estrategia de la no estrategia. Es decir, una sucesión de parches y soluciones parciales, que muchas veces implican marchas y contramarchas sobre un mismo tema, y que otras tantas son hasta contradictorias unas con otras, y que siempre han sido mal implementadas y peor comunicadas. Por lo que incluso cuando, en algún caso, eran pasos en el camino correcto, no lograron tener los efectos buscados. Y que, ante la falta de un todo organizador y una línea clara a seguir, terminan sin resolver los problemas de fondo. Generando además, y por si fuera poco, conflictos adicionales que en muchos casos son aún más graves y de más difícil resolución que los anteriores.

Así, se termina conviviendo con las mismas cuestiones irresueltas que son producto de haber estirado un set de políticas que no servía por un tiempo mayor al recomendado, pero se suman además nuevos temas que elevan la vara y aumentan (a un ritmo cada vez más acelerado) los riesgos a los que estamos expuestos. Y que tampoco le asegura al Gobierno las condiciones propicias para sostener su base política.

El Gobierno da muestras, de esta manera, de no saber cómo reaccionar ante una nueva etapa en la que la abundancia dejó de ser la regla para dejarle lugar a la escasez. Las restricciones que antes estaban ausentes ahora están más vigentes que nunca. O, en realidad, tan vigentes como siempre en la historia económica argentina. Otra vez la economía de los ciclos de stop and go está entre nosotros. En este sentido, quizás la primera lectura puede ser negativa, ya que la performance de las últimas décadas deja mucho que desear.

Pero hoy existe una diferencia clave: las condiciones externas de corto, mediano y largo plazos actúan de buffer para suavizar estos ciclos. Claro que siempre que no se hagan cosas fuera de la lógica. Si esto se cumple, lo que antes se resolvía con crisis cíclicas de gran magnitud y con efectos perjudiciales enormes en materia social, hoy podrían resolverse de una manera mucho menos traumática. Y dejar paso a una economía con un crecimiento más sustentable y que sirva como plataforma para el desarrollo. También, cabe la posibilidad, ausente en el pasado, de que, aun sin hacer mucho, este escenario de hoy de una economía que apenas crece pero no explota siga su curso por un tiempo más, de no mediar grandes shocks que cambien las condiciones que hacen esto posible (precios de granos, clima/ cosecha, crecimiento sostenido de Brasil). O algún evento que sacuda a una economía ya frágil y expuesta. Los riesgos en ese caso sí serían altos.

La estrategia de la no estrategia tiene alguna probabilidad de seguir su curso por un tiempo, pero no es el mejor camino disponible.