“La cadena sojera tiene oportunidades para seguir creciendo”

26 de marzo, 2013

“La cadena sojera tiene oportunidades para seguir creciendo”

En menos de tres décadas, la soja pasó de ser un cultivo ignoto a ocupar una porción crucial de la tierra cultivable de la Argentina. Con su avance sobre otros cultivos, el debate por la 125 y sus crecientes cotizaciones en el mercado internacional ha entrado, en los últimos años, a la fuerza en el léxico argentino. Por estos motivos, también se ha convertido en una variable clave para explicar las ondulaciones de los ciclos económicos en el país. Luciano Cohan, economista jefe de la consultora Elypsis y autor del libro “El aporte de la cadena de soja en la economía argentina” (2012), explica cuál es ese aporte y el funcionamiento de la cadena productiva que fue surgiendo en torno al “yuyo”.

¿Cuál es el aporte de la cadena de soja a la economía argentina?

Las cadenas agroindustriales en general, de la cual la soja es un participante importante, aportan poco más del 50% de las divisas de exportaciones. En segundo lugar, aportan entre 12 y 14% de la recaudación fiscal total nacional. Por último, alrededor de 10% del PIB argentino. Ese es el orden de importancia de la cadena agroindustrial: divisas, recursos fiscales y aportes al nivel de actividad.

En el libro plantea que la cadena sojera no está sólo en el sector primario, sino que incluye a otros. ¿Cuáles son?

El crecimiento de los últimos 20-30 años no fue sólo cuantitativo sino que hubo una transformación cualitativa. Se pasó de un esquema de producción vertical en el que pocos agentes aportaban todos los factores de producción, como la tierra, el financiamiento, la maquinaria o el conocimiento, a un modelo actual que funciona en red. Ahora hay más actores, como los contratistas, los vendedores de insumos o los profesionales que asesoran en términos de tecnología. Otro ejemplo es el de los fertilizantes: hace treinta años no se usaban y hoy son fundamentales para la producción. Aparecen también los pooles de siembra y el crecimiento en el arrendamiento de tierras. También hay nuevos jugadores aguas arriba de la cadena, como la industria del crushing sojero o los biocombustibles. Hay una división del trabajo más intensa que en el pasado.

Otro rasgo que destaca es la capacidad del país de industrializar el poroto ¿cómo sigue ese proceso?

La Argentina es el único país entre los grandes productores de soja que ha mantenido su capacidad de moler internamente un porcentaje alto de su producción.Estados Unidos y Brasil exportan casi toda su soja en forma de granos. Hay que destacar, sin embargo, que hace unos 5 años se frenó el proceso de integración hacia adelante en otras cadena como la ganadera o la lechera.

¿Esto permite que las exportaciones del complejo sojero no se concentren sólo en el segundo trimestre del año?

Así es. Cuando uno mira la composición de las exportaciones de la harina o del aceite de soja, ve que están mucho más distribuidas durante el año en comparación con el grano, que se vende cuando se levanta la cosecha. Esto mejora la eficiencia y permite un mejor uso de la capacidad instalada, como el transporte, los puertos o la logística general. Además, al vender los granos en unos pocos meses se genera un impacto bajista en los precios internacionales. Cuando las ventas se suavizan a lo largo del tiempo, el impacto bajista sobre los precios se atenúa.

¿A qué factores atribuye el proceso de sojización, es decir, el creciente protagonismo de la soja entre los grandes cultivos?

La soja en la Argentina aparece en los ’70 y ahora se plantan 20 millones de hectáreas en un proceso que tuvo muchas etapas. Durante los últimos 10-15 años en particular, el aumento de la producción se dio a través de la soja de segunda, es decir, combinándola con otros cultivos. Ese proceso cambia alrededor de 2007-2008 porque el crecimiento de la producción sojera se logra desplazando otras producciones. Es ahí cuando comienza el verdadero proceso de sojización, que plantea riesgos tanto a nivel macroeconómico como ambiental.

Mirando hacia delante, ¿qué se puede esperar de la cadena sojera? ¿Llegó a un límite o tiene espacio para seguir creciendo?

El país aún tiene muchas hectáreas para incorporar a la producción. Un trabajo de la FAO de hace algunos años plantea que el país, sin usar bosques o áreas protegidas, tiene capacidad para producir entre 30-35 millones de hectáreas de soja. Frontera agrícola todavía queda. De todas maneras, el crecimiento hacia delante tendrá que ver con absorber y difundir tecnología en muchas áreas en las que aún no se usa la tecnología de punta, agregar valor aguas arriba de la cadena e integrarse con otros sectores primarios, como la producción ganadera.

¿Cómo viene la cosecha de este año y qué efectos tendrá sobre la economía real?

La estimación de este año se ha desinflado desde las proyecciones originales. Pasamos de una supercosecha a una de 48 millones de toneladas, es decir, más normal. Aún así, tendrá un efecto positivo y sumará entre 1-1,5 puntos al crecimiento del PIB este año.

¿Es decir que es un factor clave para entender las oscilaciones del ciclo económico?

Sin dudas. La sequía de 2012 y la recuperación de este año son un factor central para explicar los movimientos del ciclo económico.

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