La clase media argentina

¿Cuál es su futuro?

19 de diciembre, 2012

La clase media argentina

(Columna de José Anchorena, director de Desarrollo Económico de la Fundación Pensar)

La noticia apareció en los principales diarios: el tamaño de la clase media argentina se duplicó desde el año 2003, afirmaba el Banco Mundial en un flamante informe. Lo llamativo es que cuando uno va al informe original no hay una sola referencia a la Argentina en el 2003. En efecto, la gacetilla de prensa enfatizaba lo que el informe no decía e incluía datos (por ejemplo, una clase media de 9,3 millones en 2003) que siquiera pueden ser inferidos del mismo. No es que no sean ciertos. Simplemente no era lo que el reporte informaba que, en resumen, es lo siguiente.

Primero, entre 1995 y 2010 la clase media argentina, definida como aquellas personas que pertenecen a familias con un ingreso medio diario de entre US$ 10 y US$ 50 de 2005 valuados según la Paridad del Poder Adquisitivo, aumentó 10 puntos porcentuales. Este crecimiento es menor al de Costa Rica, México, Panamá, Honduras, Chile y Ecuador y similar al de Perú y Brasil. La Argentina tuvo una mejoría en el período muy similar al del continente en su conjunto y similar al de países con gobiernos de distintas ideologías económicas en la última década.

Segundo, como casi todos los países de Latinoamérica, el nuestro presenta muy bajos niveles de movilidad intergeneracional (de una generación a la otra). De los países medidos, es aquel en el que el efecto del origen familiar sobre los resultados de los tests de calidad de educación PISA es mayor. Esto indica que en la Argentina, más que en otros países de la región, el origen familiar incide mucho en la calidad de la educación de los alumnos y, por lo tanto, en sus futuras oportunidades.

Tercero, en la Argentina la movilidad dentro de la misma generación también es baja. Así, menos del 30% cambió ascendentemente de clase social (definiendo tres clases: pobre, menor a US$ 4 dólares de 2005 por día por persona; vulnerable, entre US$ 4 y US$ 10 dólares diarios, y media-alta, mayor a US$ 10 diarios) entre 1994 y 2009, similar a Guatemala, México, Nicaragua y Paraguay. En tanto, en otros países, como Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica, lo hizo entre 50% y 60% de la población.

Cuarto, la movilidad ascendente en los 2000 fue mayor que la de los años ’90 (y la movilidad descendente menor) para toda Latinoamérica, incluyendo a la Argentina. Tanto el contexto internacional como los programas sociales parecen haber jugado un rol importante en este sentido.

Quinto, la Argentina se encontraba en 2009, pero también en los ‘90, entre los países de Latinoamérica con mayor tamaño de clase media. Esta tiene un tamaño similar a la de Chile y algo menor que la de Uruguay. En tanto, nuestro país tiene más pobres (en proporción a la población) que ambos países.

Esos son los principales datos que se desprenden del informe. Como se ve, la Argentina tiene una performance similar a la de otros países de la región, con algunos puntos preocupantes, como el mayor peso familiar en la calidad educativa y la proporción de pobres estructurales.

Contexto

Ahora, la pregunta fundamental es por qué creció la clase media en toda Latinoamérica. El informe destaca tres factores: crecimiento económico, educación, y políticas redistributivas focalizadas en los pobres. El crecimiento económico fue fundamental para la movilidad social, pero no se indica a qué se debió ese crecimiento. Más allá de este informe particular, el debate se centra en los efectos de largo plazo de las reformas estructurales de los ‘90, la influencia del crecimiento internacional (también llamado “viento de cola”) y los efectos de las políticas implementadas en la última década. La respuesta estará seguramente en una combinación de esos tres factores.

Pero vale la pena destacar algunos puntos. Primero, las políticas de redistribución de la última década no se hubieran podido realizar sin efectos las reformas estructurales y el “viento de cola”: simplemente no hubiera habido fondos para redistribuir. Segundo, cuando uno observa el incremento de la desigualdad (y reducción de clase media) en los ’90, juntamente con la reducción de la desigualdad en los 2000, aquellos que estamos familiarizados con la literatura de desarrollo económico no podemos dejar de pensar en la famosa curva de Kusnetz. Esta indica que luego de un cambio de los fundamentos económicos (sea una revolución industrial o una liberalización económica) que pone a un país en una trayectoria de desarrollo, la desigualdad primero se incrementará y luego se reducirá. Esta reducción se da como parte de un retorno social de inversiones cuyos primeros efectos son concentradores. Lo importante aquí es que esta reducción posterior no tiene necesariamente relación con políticas contemporáneas sino con el proceso puesto en marcha tiempo atrás. Un ejemplo de una reducción de este tipo es el que da el informe sobre el efecto sobre la pobreza de la extensión de la telefonía celular en pueblos peruanos. Tercero, lo que se destaca en el informe es que la ola de mejoras en la distribución del ingreso y el incremento de la clase media se ha dado en toda Latinoamérica, por lo que la explicación habrá que buscarla en cuestiones comunes a todos los países de la región. Los tres puntos (reformas estructurales, “viento de cola” y políticas sociales inclusivas) han caracterizado a casi todos los países de la región.

Diferencias

Pero otras políticas nacionales de la última década, y sobre todo del último lustro, han sido diferentes: la política monetaria (inflacionaria en la Argentina y Venezuela) en tanto que el resto de los países implementaron una política contracíclica típica; la política tributaria (la Argentina con altos derechos de exportación, en tanto que los otros países no han introducido tributos a sus exportaciones); la política de comercio exterior (la Argentina ha desincentivado sus exportaciones e importaciones mediante restricciones cuantitativas, en tanto que los restantes países no lo han hecho en la misma medida); la política crediticia (la Argentina y Venezuela han desincentivado el crecimiento de sus sectores bancarios y de capitales privados, en tanto que en la mayoría de los otros países de la región la intermediación financiera ha aumentado); la política de inversión extranjera directa (la Argentina y Venezuela han desincentivado la inversión extranjera mediante expropiaciones y retórica nacionalista) y la política cambiaria (con la restricción en nuestro país, así como en Venezuela, a la compra de moneda extranjera).

Tomado en conjunto, esto indica que las mejoras en la distribución del ingreso y el crecimiento de la clase media en nuestro país en la última década no son consecuencia de esas políticas idiosincrásticas. Más aún, es razonable conjeturar que esas políticas serán la base para un deterioro de la igualdad y un achicamiento de la clase media argentina en los próximos años, en tanto que la mayoría de los países de América Latina siguen su curso de mejoras. En efecto, si las consecuencias de largo plazo de esas políticas, algunas de las cuales ya se han materializado desde el 2009, último dato del informe, son baja inversión, estancamiento económico, caída mayor de la calidad de la educación y la imposibilidad de redistribuir lo que no existe, nos empezaremos a diferenciar negativamente de nuestros vecinos en términos de progreso social.

(El informe completo puede ser consultado aquí http://siteresources.worldbank.org/LACEXT/Resources/English_Report_midclass.pdf)