Balanza comercial

Sostenida por los "agrodólares".

18 de diciembre, 2012

Balanza comercial

Este año, la Argentina tendrá un superávit comercial de más de US$ 12.000 millones. Hasta octubre, el saldo acumulado ascendió a US$ 11.527 millones. Desde el 2000, la Argentina mantiene saldos comerciales anuales favorables y, desde el 2002, éstos se ubicaron siempre por encima de los US$ 10.000 millones (el guarismo más alto se alcanzó en 2009, con US$ 16.885 millones). De esta manera, 2012 será el undécimo año consecutivo con un saldo que supera los US$ 10.000 millones y los pronósticos para 2013 indican que la tendencia seguirá presente (y, además, el Gobierno se encargará de que así sea). El fuerte crecimiento de los términos de intercambio y, a la vez, de la producción agropecuaria y primaria explica este desempeño comercial.

Una mirada desagregada, sin embargo, muestra que el aporte de los distintos sectores de la economía al saldo comercial ha variado en los últimos años. Según la consultora Econviews, dirigida por Miguel Kiguel, el saldo de 2013 sería similar al de 2006: alrededor de US$ 12.000 millones. Sin embargo, el aporte de los tres grandes rubros (productos primarios y alimentos; industria y energía) ha cambiado. En 2006, el aporte de la balanza energética fue positivo en US$ 5.800 millones. En 2011 pasó a terreno negativo, tendencia que se profundizó este año y seguirá ese rumbo en 2013: según Econviews, el aporte neto de la balanza energética será negativo en US$ 5.600 millones el próximo año. Entre 2006 y 2013, el balance industrial, estructuralmente deficitario, se duplicaría, según Econviews (pero la producción industrial está lejos de duplicarse desde entonces). El rojo de 2006 fue de US$ 16.500 millones y el de 2013 sería de US$ 34.700 millones (automotores, equipos electrónicos y máquinas explican gran parte del rojo).

¿Cómo es posible, entonces, que el saldo comercial se mantenga en los mismos niveles? Se acentuó la dependencia de los agrodólares. El saldo del agro, aportante neto estructural de dólares, pasó de US$ 23.1000 millones en 2006 y llegaría a nada menos que US$ 52.600 millones el próximo año. Dentro de la balanza primaria, sobresale el complejo sojero: en 2006 aportó US$ 8.900 millones y en 2013 aportaría unos US$ 22.000 millones, es decir, casi cuatro veces el rojo energético. En 2006, la tonelada de soja costaba US$ 250 y ahora está, cómoda, por encima de los US$ 500. Otro sector primario que gana relevancia como aportante de dólares es el minero, que pasa de US$ 1.900 millones en 2006 a US$ 5.000 millones en 2013.

Las conclusiones no son muy difíciles de encontrar: “Estos números muestran el fracaso de las políticas energéticas del Gobierno y el fracaso de la sustitución de importaciones en el sector industrial. También, que la Argentina sigue teniendo un sector primario y de producción de alimentos altamente competitivo, pero no industrial”.

Los números de 2012

Un exhaustivo trabajo del economista Marcelo Elizondo, titular de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), analiza los números finos del comercio exterior. En los primeros nueve meses del año, el superávit comercial alcanzado (US$ 10.941 millones) es producto de “una estricta división entre actividades económicas internacionales que aportan un grueso superávit y otras que generan un déficit constante”. En el primer grupo aparecen los productos del reino animal (saldo favorable de US$ 3.468 millones); del reino vegetal (US$ 13.174 millones); grasas y aceites (US$ 4.375 millones) y productos alimenticios, bebidas y tabaco (US$ 10.978 millones). Por el contrario, entre los más deficitarios aparecen máquinas y aparatos eléctricos y sus partes (US$ 10.848 millones); minerales (US$ 2.985 millones); productos químicos (US$ 2.676 millones); material de transporte (US$ 2.349 millones) y plástico, caucho y manufacturas (US$ 1.663 millones).

“La Argentina obtiene un generoso superávit comercial en los sectores de origen agropecuario (sean productos primarios o manufacturados e industrializados) y un homogéneo déficit en los sectores industriales tradicionales. Así, la suma de los superávit de los rubros de origen agropecuario (incluidos la industria alimentaria) arroja un saldo favorable de US$ 32.985 millones en los primeros tres trimestres. La actividad de madera, carbón vegetal y corcho, con un déficit de US$ 5.932 millones, es la única actividad de este gran conjunto que no arroja superávit.

Mientras, la adición de los resultados de las actividades industriales concede un déficit remarcable en el período estudiado: US$ 20.998 millones. También arrojan déficit los minerales (US$ -2.985 millones) y superávit (el único rubro que no es de origen agropecuario que tiene saldo favorable) las perlas, piedras y metales preciosos (US$ 1.802 millones)”, concluye Elizondo.

En definitiva, el gran cambio de los últimos años fue la fortísima reversión de los términos de intercambio, es decir, se valorizaron las exportaciones. De cuánto más dure este proceso (y también de la habilidad del país para recuperar el equilibrio comercial energético y de achicar la dependencia de la industria de las importaciones) dependerán los elevados saldos comerciales que el país, más por suerte que por virtud, supo conseguir en el Siglo XXI. Por lo menos, hasta que la Argentina tenga, genuinamente, “un modelo productivo de matriz diversificada”…. aún ausente.