“Uno de los tipos de cambio más bajos desde el ’60”

Entrevista a Gustavo Reyes

1 de noviembre, 2012

"Uno de los tipos de cambio más bajos desde el '60"

En diálogo con El Economista, Gustavo Reyes, investigador de la filial de Cuyo de la Fundación Mediterránea, realizó un balance de los controles cambiarios y explicó por qué será difícil, dadas las actuales circunstancias, eliminar los controles.

¿Qué balance se puede hacer de los controles cambiarios a poco más de un año de su puesta en funcionamiento?

Hay algunas objetivos esperados por el Gobierno que se lograron conseguir y, por otro lado, hubo efectos, no sé si no esperados porque eran bastante obvios, pero sí contraproducentes. Durante 2011 hubo una pérdida de reservas importante del BCRA y la dinámica era preocupante. En cierta medida, los controles frenaron esa caída. Se cortó la caída libre que se veía en el tercer trimestre de 2011. Otro efecto buscado por el Gobierno es que la política cambiaria operara como ancla de los precios. Gracias a los controles, pudieron mantener la tasa de devaluación por debajo de la marcha de la inflación. Habría que decir, sin embargo, que el ancla cambiaria ha sido ineficiente. La inflación siguió elevada pese al estancamiento. El Gobierno logró manejar la pauta devaluatoria, pero no frenar la inflación. Los controles tampoco permitieron recuperar el nivel de reservas perdido. La balanza comercial ha venido mejorando pero no se tradujo en mayor nivel de reservas.

¿Por qué no se pudo recomponer el stock de reservas?

En parte por la salida de dólares por otras vías y en parte por el pago de la deuda externa. Básicamente, el BCRA no pudo comprar todos los dólares que necesitaba para recuperar reservas. Otro factor negativo, y típico de estos procesos de desdoblamiento cambiario, es la subfacturación de exportaciones. De hecho, eso se puede observar en la débil performance exportadora. Esto pasa siempre. Cuando la brecha entre el dólar oficial y el paralelo es de 4%, como el año pasado, correr ese riesgo tiene una rentabilidad baja. Pero con una brecha superior al 30%, el diferencial cambiario es importante.

¿La coincidencia entre la aparición de los controles cambiarios y la desaceleración es casual o causal?

Ese fue otro de los efectos nocivos, además de no bajar la inflación ni recuperar reservas. Las medidas aumentaron la incertidumbre. Por ejemplo, la prima argentina de riesgo país relativo al promedio de los emergentes era de un poco más del doble, y ahora estamos a más del triple. También cayó la confianza de los consumidores. Todo esto afectó la actividad y la inversión. Pero el consumo se sostiene. Sí. Estimulado por las tasas reales negativas y la incapacidad de comprar dólares.

¿Cómo afecta la caída de los depósitos en dólares?

En un año se redujeron a la mitad. Esto produjo un corte abrupto en la prefinanciación de las exportaciones. Las tasas se dispararon y después muchos bancos comenzaron a dar de baja a estas líneas.

¿Es posible salir de este esquema de controles?

Mirando las características actuales, es muy difícil que eso ocurra. Seguís teniendo un tipo de cambio real muy bajo. Si mirás el tipo de cambio real con el dólar desde 1960, el actual no es el más bajo de toda la serie, pero es uno de los más bajos. Es similar al de fines de la convertibilidad y un poco más alto del de Martínez de Hoz. Otra circunstancia que limita salir de los controles es la tasa de inflación, que sigue siendo alto, y una emisión monetaria elevada. Si hoy el BCRA decidiera liberar los controles enfrentaría problemas. Si volviéramos a un esquema similar al de enero de 2011, por ejemplo, el BCRA debería decidir si el tipo de cambio va a flotar libremente como sucede en Chile.

Pero no lo va a hacer cerca de un proceso electoral.

Claro. Esa opción es muy difícil no sólo por el año electoral, sino por la alta inflación, la elevada emisión y por el hecho de que partimos de un tipo de cambio muy bajo. Sería muy riesgoso. Otra opción es manejar el dólar de la manera en que lo hacía antes de los controles, es decir, con devaluaciones. Allí se abren, a la vez, tres opciones. Que la tasa de devaluación del dólar sea menor que la inflación, que sea igual o que sea mayor. Si fuera menor, el tipo de cambio real seguiría cayendo.¿Qué va a pensar la gente? Que es una situación que tarde o temprano se tiene que cortar y seguramente comprará dólares y el BCRA perderá reservas. También es una alternativa riesgosa. Si devaluara igual o más que la tasa de inflación, el que compra dólares empataría o le ganaría al impuesto inflacionario. Y el BCRA también perdería reservas. Por eso, es difícil salir de los controles.

¿Qué se precisaría para ello?

Estos controles fueron muy frecuentes en la Argentina desde los ’30 hasta los ’90. Y después se eliminaron, y en el mundo pasó lo mismo. Al menos en muchos países. Eso se logra bajando una tasa de inflación que es demasiado alta y con menores niveles de emisión monetaria.

¿No se puede lograr con cambios “culturales”, como dice el Gobierno?

Con una emisión cercana al 40%, es difícil que tengas una inflación baja y, con inflación alta, es muy difícil ahorrar en pesos. Desde la Fundación Mediterránea hacen un seguimiento de la economía de Mendoza.

¿Cómo le ha ido en 2012 y cómo la afecta el atraso cambiario que antes mencionaba?

Como muchas economías regionales, está teniendo problemas. Pero a diferencia del promedio de la economía nacional, es mucho más dependiente del sector transable. El peso del agro, del sector industrial y del turismo es mucho mayor que el promedio argentino. En épocas de tipo de cambio bajo, Mendoza crece menos que el conjunto del país. A la mayoría de los sectores no les va muy bien. Cuando el tipo de cambio real vuela, a una parte importante de la economía le va bien. Entre 2003 y 2007, Mendoza creció muy por encima de la economía nacional. La actividad estrella de Mendoza de los últimos años fue el sector vitivinícola. La rentabilidad TIR de una bodega típica en 2006, no en el 2002 cuando el tipo de cambio real era muy bueno, el precio de la tierra era bajísimo y los costos también, era de 17% anual. Hoy la rentabilidad de esa misma bodega es de sólo 4%. Si le sacás la prima de riesgo de la Argentina, de más o menos 900 puntos básicos, esa inversión, neta de riesgos, se vuelve negativa.

¿Y qué pasa con otros sectores?

Tienen un problema de costos enorme. No porque el mundo no les compre o la calidad haya bajado, sino por un problema de costos internos.

¿Esto resiente también al turismo?

En Mendoza hubo un crecimiento excepcional de la oferta hotelera. Por ejemplo, en poco tiempo pasó de no tener hoteles cinco estrellas a tener cinco. Ahora la competencia entre ellos es fortísima. Debido al crecimiento de los costos, el turismo ha bajado mucho. Esto también afecta el comercio, que implica casi 20% de la economía mendocina. El combo de sectores productivos transables complicados por el tema de los costos sumado al tema turístico, afectado por los precios, la excesiva oferta y la baja demanda, está afectando a la economía. Si el PIB nacional crece poco este año, el de Mendoza caerá o crecerá muy poquito. En cualquier caso, por debajo del promedio nacional.