La política fiscal

21 de noviembre, 2012

(Columna de Ariel Barraud, economista del Instituto Argentino de Análisis Fiscal -IARAF-)

Frente a una desaceleración en la actividad, aparecen diversas respuestas posibles en términos de política económica y fiscal. A comienzos de 2012, del mismo modo que en el 2009, la administración actual a nivel nacional dio ciertas señales de que la desaceleración económica sería enfrentada aplicando una política contracíclica.

De manera sintética, la esencia de las políticas contracíclicas que identifican a la desaceleración como un problema de demanda en la economía es, precisamente, lograr una reactivación para lo cual disponen, básicamente, de dos herramientas: reducir la presión tributaria para mejorar el ingreso disponible de los ciudadanos y/o aumentar el gasto gubernamental. Actuar de forma inversa sería hacerlo de manera procíclica.

Durante la primera mitad del año, la estrategia fiscal a nivel nacional consistió en mantener el ritmo de aumento del gasto relativamente alto y constante frente a la desaceleración de la recaudación. Analizando la evolución en los últimos años, antes que una política contra- cíclica se pudo verificar más bien una prolongación de la política fiscal tal como se la venía realizando desde varios trimestres antes que se desate la crisis, matizada por un cambio en la composición de los gastos, pero manteniendo tasas elevadas de crecimiento de las erogaciones públicas frente al freno de los ingresos, con el deterioro lógico del resultado primario.

Por el lado de los ingresos, la desaceleración en su crecimiento provino más bien del freno en los niveles de actividad y consumo, que por medidas de estímulo del tipo de reducciones de alícuotas o generalizaciones de exenciones tributarias: de hecho se viene apreciando todo lo contrario, como lo marca la reciente medida sobre el impuesto a las ganancias, que es apenas un paliativo al incremento en la presión fiscal de ese impuesto en comparación con años (no críticos) como 2010 y 2011.

Frente a este escenario, adquiere especial importancia el análisis de los componentes más relevantes del gasto primario. En el tercer trimestre de 2012 se comenzó a apreciar una desaceleración del gasto, reduciéndose la brecha en las tasas de crecimiento entre ingresos y gastos. El freno provino, fundamentalmente, del lado del gasto de capital, que evidenció el pasado septiembre una caída del 2% respecto al noveno mes del 2011, fuertemente influido por la caída en los montos correspondientes a transferencias a provincias. Por su parte, gastos que luego muestran ser inflexibles a la baja (remuneraciones y seguridad social) son los que siguen impulsando el gasto primario, lo que deja a las erogaciones con un piso de crecimiento más elevado frente al próximo año, independientemente de que el mismo sea expansivo o recesivo, lo cual atenta contra el carácter estabilizador de la política fiscal.

Cuando se considera la dimensión federal que tiene nuestro país, se aprecia que el comportamiento fiscal descripto tiene fuertes efectos en los niveles subnacionales de gobierno. Las provincias y municipios ya dan muestras de la escasez de fondos propios y transferidos por la Nación, y para paliar esta situación recurren a la suba de tributos (actual o futura, como lo es el endeudamiento), y al freno de los gastos mas “digeribles” por sus ciudadanos, empleados públicos y jubilados: el freno o diferimiento de trabajos públicos e inversiones en infraestructura.

En definitiva, en los distintos niveles de gobierno se va perfilando un cierre de 2012 con los siguientes elementos claramente procíclicos: presión fiscal consolidada elevada y en ascenso, junto a una “toma de conciencia” acerca de la escasez de fondos que lleva a un mayor control de gastos, sobre todo los de capital, lo cual por ser el 2012 un año no eleccionario está alineado con consideraciones más políticas que económicas.