La deuda de Japón

¿Una bomba de tiempo?

28 de noviembre, 2012

La deuda de Japón

(Columna de Analía Gómez Vidal)

Desde el estallido de la crisis de 2008, todos han dirigido la mirada hacia Estados Unidos y Europa. En el último año, el centro de las preocupaciones financieras se mantuvo particularmente en Grecia y España. Sin embargo, pocos repararon en la otra economía que puede hacer tambalear el escenario económico internacional: Japón.

Después de la década perdida de 1990, como resultado de la trampa de liquidez en la que se vio sumergida, la economía de Japón pudo mantenerse entre las más grandes a nivel global. En este sentido, consiguió posicionarse entre los 20 países que más han aportado al crecimiento del PIB global en la última década, lo que le ha valido ser reconocida como “la” economía desarrollada de Asia. Sin embargo, en los últimos tiempos la posibilidad de una crisis económica ha empezado a generar inquietudes.

Según los datos actualizados presentados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en las Perspectivas de la Economía Mundial, la economía de Japón finalizó 2011 con una caída marginal de 0,8%. Si bien la proyección final para 2012 sería cercana al 2%, la recuperación de la economía japonesa sería débil en tanto su rendimiento en el cuarto trimestre decaería 0,6% respecto a 2011. Por otra parte, el último reporte de Crédit Suisse sobre Japón define una caída estrepitosa en el tercer trimestre del 2012 respecto a 2011 que representa el 3,7% del PIB.

El dato más alarmante es su nivel de deuda: en 2011, la deuda bruta alcanzó el 229,5% respecto a su PIB. Según las proyecciones del FMI, en 2012 dicha variable alcanzaría el 236,6%, casi tres veces más que el nivel de deuda para toda la eurozona. En la reunión anual del FMI, organizada el mes pasado en Tokio, el ministro de finanzas japonés, Koriki Jojima, señaló en su discurso dos grandes problemas internos de la situación japonesa actual: la recuperación de la zona devastada por el tsunami de 2011 y el envejecimiento cada vez más notable de la población.

Como respuestas, se anunciaron dos medidas. Por un lado, el gobierno designó el “Período de Reconstrucción Concentrada” hasta el 2015, durante el cual se destinará el 4% del PIB a la reconstrucción, sumado al 3,6% ya destinado en 2011-2012. Por otro lado, la presentación de la “Reforma Integral de Seguridad Social e Impuesto”, por medio de la cual el impuesto al consumo alcanzaría el 10% para octubre 2015, con motivos redistributivos.

Respecto del sector externo, la situación tampoco ha sido óptima. Tanto los países de Europa como China han disminuido el flujo de intercambio comercial con Japón. Los primeros, debido a la propia crisis con la que lidian actualmente. Su vecino asiático, en cambio, lo ha hecho como represalia por los conflictos territoriales que ambos protagonizan en la región. Sumado este escenario al aumento de las importaciones de combustible, Japón alcanzó niveles de déficit comercial históricos que rondan el 2,5% de su PIB, según Crédit Suisse, entidad que mantiene las proyecciones de déficit de cuenta corriente para el país asiático hasta 2016.

El viernes 16 de noviembre, la Oficina de Gabinete publicó su Reporte Económico Mensual. En él, las perspectivas de la evolución económica distaban de ser alentadoras. Por cuarto mes consecutivo, la Oficina de Gabinete disminuyó las expectativas sobre su economía, mientras aumentó la presión sobre el Banco de Japón para aplicar políticas monetarias flexibles con el fin de asegurar la salida de la deflación. De esta manera, el panorama para la recuperación efectiva y la resolución de su problema de deuda soberana no parece ser tan esperanzador después de todo. Ante este escenario económico, la presión política sobre el primer ministro japonés, Yoshihiko Noda, aumenta.

El viernes 16 decidió la disolución de la Cámara Baja de la Dieta. Las elecciones presidenciales, bajo presión de la oposición, serán celebradas el próximo 16 de diciembre. Sin importar el resultado final de las elecciones, lo cierto es que su economía es una bomba de tiempo en manos de quien la reciba.