La clase media latinoamericana

Logros y desafíos.

28 de noviembre, 2012

La clase media latinoamericana

(Columna de Gabriel Molteni, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio y Oficial de Enlace con el sector privado para el Banco Mundial)

Días atrás el Banco Mundial publicó un nuevo informe intitulado “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, en el cual revela que la región registró un aumento del 50% en el número de personas que accedieron a la clase media en la última década, algo que para los economistas es un logro histórico en una región tradicionalmente caracterizada por alta desigualdad –con la mayor parte de su población en la pobreza–. El número de personas que integran la clase media pasó de 103 millones en 2003 a 152 millones en 2009 –alcanzando el 30% de la población–.

Este aumento ha tenido como contrapartida una disminución importante en la tasa de pobreza: del 44% al 30% de la población, siendo la causa principal el fuerte crecimiento económico –complementada en algunos países con una mejora en la distribución del ingreso–. Más allá de la discusión metodológica sobre cómo, por ejemplo, se ajustaron los ingresos de cada país por inflación, es importante destacar algunas conclusiones que, reconociendo el logro alcanzado, plantean algunos desafíos pendientes para la región.

¿Qué aprendimos?

En primer lugar, la principal conclusión que se puede extraer del informe es que para lograr disminuir la pobreza e incrementar la participación de la clase media es fundamental (condición necesaria) un importante crecimiento económico (tasa alta y sostenida). Como destaca el informe, el alto crecimiento económico de la región explica el 66% de la reducción de la pobreza y el 74% del crecimiento de la clase media. De hecho, en el caso de los países que más incrementaron la clase media durante el período 1995-2010 –como son Costa Rica, Chile, México y Panamá–, se observa que el componente ‘crecimiento’ (económico) explica casi la totalidad de la variación de la clase media. Es por ello que toda la región experimentó estas mejoras, más allá de los diferentes modelos económicos implementados en estos años.

En segundo lugar, si bien es cierto que América Latina dejó de ser el continente pobre, donde el 45% de la población estaba bajo la línea de pobreza, no significa que haya pasado a ser, aún, un continente de clase media. De acuerdo a la definición del Banco Mundial, que toma un rango de ingresos para la clase media de entre 10 y 50 dólares per capita por día, el 68% de la población de la región (más de dos tercios) todavía vive por debajo del mismo. Este porcentaje se puede dividir en 30,5% que todavía vive en la pobreza (0 a 4 dólares per capita por día) y 37,5% que vive entre la pobreza y la clase media (4 a 10 dólares per capita por día). Este último grupo, que es el mayoritario, no disfruta de la seguridad económica que sería necesaria para pertenecer a la clase media, y por eso se lo denomina “clase vulnerable”. Por ello, dado que la familia latinoamericana más común se encuentra en estado de vulnerabilidad, es posible concluir que la región es hoy un continente vulnerable.

En tercer lugar, si bien ser vulnerable es mucho mejor que ser un continente pobre, la vulnerabilidad implica que existe una alta probabilidad de que este grupo vuelva a bajar si se produjera un shock externo negativo –como, por ejemplo, una profundización de la crisis económica–, una caída en el comercio exterior o una baja importante en el precio de las commodities. Dado que la definición de clase media está basada exclusivamente en los ingresos, cualquier variación de los mismos afectaría la estabilidad de la clase vulnerable. Por otra parte, esta clase se diferencia de la clase media por cuestiones de tipo estructural –más allá del ingreso–, como por ejemplo su relación con la economía informal o el grado de formación.

En cuarto lugar, el informe destaca que el incremento de la clase media también refleja una importante movilidad económica intrageneracional ascendente en la región –donde por lo menos el 43% de los latinoamericanos cambiaron de clase social entre 1995 y 2010, y en la mayoría fue un movimiento ascendente–. Sin embargo, al analizar la movilidad intergeneracional –que establece en qué medida las condiciones económicas y la familia en que una persona nace determinan el ingreso y la clase socioeconómica en el futuro–, el informe destaca la baja movilidad y gran persistencia que se da en América Latina. En contraste, la mayoría de países de otras regiones, ya sean más ricos o más pobres, presentan mayor movilidad intergeneracional.

Por último, el informe relaciona la baja movilidad intergeneracional en América Latina con la mayor inequidad en la distribución del ingreso y el menor nivel de aprendizaje –medido por la peor performance en los exámenes PISA (Program for International Student Assessment)-.

Los desafíos

A modo de conclusión, se puede afirmar que si la región desea continuar reduciendo la pobreza e incrementando la clase media, es una condición necesaria alcanzar una estrategia de desarrollo que asegure un alto y sostenido crecimiento económico. Sin embargo, para disminuir la vulnerabilidad y alcanzar una mayor movilidad intrageneracional, se requiere también mayor inversión en salud y educación de calidad.

El informe cuestiona la capacidad de América Latina para continuar con el crecimiento con menor desigualdad sobre la base de un contrato social fragmentado –que genera pocas oportunidades para la mayoría de la población–. Por ello, el principal desafío es lograr recomponer el contrato social –por uno más justo y legítimo– que cuente con el apoyo de la clase media.

Los gobiernos deberían avanzar en tres estrategias concretas: a) mayor igualdad de oportunidades en la política pública para romper la percepción de que el sistema beneficia a unos pocos; b) implementar una segunda generación de reformas al sistema de protección social, para superar la fragmentación y hacerlo más justo y eficiente, y c) mejorar la calidad de los servicios públicos, invirtiendo una parte de las ganancias extraordinarias derivadas de las materias primas. Sólo así podremos avanzar hacia una sociedad más desarrollada y más justa, y lograr entonces un continente de clase media.