“El país debe aggiornar su política económica”

Entrevista a Vladimir Werning.

23 de noviembre, 2012

“El país debe aggiornar su política económica”

En la conferencia anual de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), El Economista dialogó con Vladimir Werning, director ejecutivo para mercados emergentes del banco estadounidense JP Morgan y uno de los argentinos que más alto llegó en Wall Street, sobre el desempeño de la región en la última década, la importancia de China, las perspectivas para Brasil y el modelo argentino.

En la conferencia, usted mencionó que el crecimiento económico de la última década en América Latina fue socialmente inclusivo. ¿Esto se debe a una reacción lógica, cíclica y esperable ante el fuerte crecimiento económico o hubo políticas específicas para que ese crecimiento “derrame”?

Tuvo que ver con un crecimiento más alto en promedio y menos volátil a la par de un menor absorción de recursos por parte del Estado. Fue un crecimiento también menos dependiente del financiamiento de corto plazo y, por ende, menos vulnerable al contagio financiero internacional. Fue un ciclo que se benefició de un saludable aumento del ingreso nacional impulsado por la mejora de términos de intercambio –una mejora que perduró más de lo pensad–y que se volcó proporcionalmente más a la inversión que al consumo como solía suceder históricamente.

En 2013, el consenso de los analistas espera que Brasil más que duplique su tasa de crecimiento del PIB (por ejemplo, la encuesta Focus del Banco Central de Brasil predice que irá de 1,5% a 4%). ¿Cuál es la postura del JP Morgan y por qué?

Proyectamos una recuperación del 4,1% para 2013. La recuperación ya arrancó en el tercer trimestre de este año y el ritmo se encuentra en torno al 4,8%. Existe un debate en cuanto a la sostenibilidad de la recuperación. El relajamiento monetario de más de 500 puntos básicos anticipa mejores condiciones crediticias y la devaluación del real hacia niveles de 2.00-2.10 son dos factores importantes que contribuyen a esa expectativa.

Usted mencionó que China es muy importante para la región y dijo que la correlación de los ciclos económicos de China y Brasil es muy elevada. ¿Qué está pasando con el crecimiento del Gigante Asiático?

El crecimiento proyectado para China es del 8%. El aterrizaje suave en el tercer trimestre es importante. Dada la creciente relación entre China y Brasil, este aterrizaje suave es consistente con una expansión de Brasil cercana al 4%.

Se esperan varios años de crecimiento bajo en el mundo desarrollado (Europa, EE.UU. y Japón). ¿Hasta qué punto será posible que los mercados emergentes se desacoplen y hasta qué punto será un obstáculo para que éstos alcancen altas tasas de crecimiento?

En lo inmediato, un crecimiento por debajo del potencial en las economías centrales es un lastre para los países emergentes. La debilidad de las monedas de esos países y la persistencia de su capacidad ociosa imponen presiones deflacionarias directamente sobre los bienes comerciales e indirectamente sobre los sueldos de las economías en desarrollo. Pero tomando una perspectiva de más largo plazo, ofrece una oportunidad ya que la abundancia de capital permite –de ser administrado en un marco de políticas bancarias prudenciales– mayor financiamiento y escala para la inversión doméstica.

La Argentina muestra algunas similitudes con muchos países de la región (crecimiento, desendeudamiento, baja del desempleo) y también diferencias (alta inflación o salida de capitales, por ejemplo). ¿El modelo argentino es una rara avis en el actual contexto regional o no?

Sí, desde el punto de vista de manejo de demanda agregada, la Argentina es un país de políticas procíclicas. Mientras tanto, la recuperación de la soberanía fiscal, monetaria, cambiaria y financiera en los demás países principales de la región ha sido activamente volcada a esfuerzos por suavizar los vaivenes del crecimiento y de la inflación y darle mayor previsibilidad al empleo y sostenibilidad desema la inversión. Desde la perspectiva de la oferta también hay diferencias: Brasil está encarando una agenda ambiciosa y los países andinos, junto a México, buscando activamente mayor integración económica. Hay que comprender que parte de la diferencia en el marco de políticas económicas se debe al punto de partida de la Argentina, que sufrió su propia Gran Depresión en 2002. Durante varios años esto condicionó el manejo de la economía argentina y justificó desvíos con respecto a varios postulados convencionales que son más adecuados para transitar ciclos económicos normales. Pero a mediados de los 2000, los desafíos económicos en la Argentina empiezan a mutar y a parecerse más a los del resto de América Latina, pero sin que las políticas económicas se aggiornen.

Muchos economistas han dicho que la actual década (2011-2020) será la década de América Latina. ¿Cuán “bullish” es usted con la región?

Creo que la década pasada ha sido la de América Latina. Los gobiernos de izquierda han ganado credibilidad a partir de una administración pública prudente. Esto promueve una alternancia democrática que se basa en la competencia sana por el consenso político y que no es inhibida por temores infundados ni estereotipos. A partir de la estabilidad económica se ha podido incursionar en debates presupuestarios que tienen como fin avanzar sobre objetivos sociales largamente postergados como seguros de desempleo, programas de alimentos, bancarización de la población, etcétera. La dependencia con el dólar como moneda de reserva se ha reducido drásticamente o eliminado, el ahorro interno –problema histórico de la región–no ha constituido una restricción al crecimiento, la participación de la mujer en el mercado laboral ha crecido, el comercio internacional se ha diversificado, se ha impulsado la innovación y el empresariado local, y muchos conglomerados empresarios han cruzado la frontera para jugar en el mercado mundial. Hay un sinfín de progresos que elevan la vara de comparación de la década pasada con la que se viene. Creo que la década que viene será cuantitativamente menos espectacular pero cualitativamente pueden haber grandes avances que hagan que el crecimiento sea aún más sostenible, equitativo y formalizado.