Presencia brasileña en las próximas cumbres empresarias

Vienen Lula y, posiblemente, Rousseff.

21 de septiembre, 2012

Presencia brasileña en las próximas cumbres empresarias

Brasil tendrá una fuerte presencia en los dos encuentros de empresarios más importantes del año. En octubre, en el Coloquio de IDEA disertará el ex presidente Lula y a la Conferencia Industrial que se realizará en noviembre concurrirán ministros brasileños y no se descarta la presencia de Dilma Rousseff.

El Coloquio de IDEA fue perdiendo impacto en los últimos años porque los funcionarios nacionales dejaron de concurrir. La última vez que lo hicieron fue en 2005 cuando Roberto Lavagna hizo una presentación pocas horas antes de que se le pidiera la renuncia. A su vez, para no confrontar con el Gobierno, se procuran evitar temas que puedan resultar conflictivos como lo ejemplifica el título del encuentro: “Las empresas como motor del desarrollo sustentable”.

Pero así como el oficialismo estará ausente en el Coloquio que se realizará entre el 17 y el 19 de octubre en Mar del Plata, dirán presente aquellas figuras políticas que buscan proyectarse para una etapa poskirchnerista. Asistir a IDEA es un gesto más de diferenciación con el Gobierno y, además, es un activo para futuros candidatos demostrar que son bien recibidos en los ambientes empresarios.

En ese contexto, la presentación de Lula – más allá de los elogios que el ex presidente de Brasil le dispensará al ciclo político argentino iniciado en 2002- seguramente motivará a que muchos empresarios – en privado- lo comparen en términos favorables con relación a los líderes políticos locales.

Cita de industriales

Un mes después se realizará la Conferencia Industrial. Esa secuencia no es casual sino que los industriales establecieron deliberadamente una fecha posterior para hacer una especie de contra Coloquio. Esto se originó en la década del ’90 cuando, según la UIA, en IDEA se impulsaba una agenda que no apuntaba a la consolidación de un país industrial.

La Conferencia Industrial tiene una preparación menos elaborada que el Coloquio pero cuenta con una gran ventaja que es la participación de la Presidenta, que suele utilizar esa tribuna para dar definiciones sobre lo que puede esperarse en materia de política económica para los próximos meses. Fue allí donde, el año pasado, señaló que comenzaría una etapa de sintonía fina. También dejó en claro en esa ocasión sus diferencias con Hugo Moyano que también participó de la Conferencia pero difícilmente sea invitado este año.

La UIA siempre aprovecho estos encuentros para impulsar su proyecto de lograr acuerdos sociales inspirados en los que en su momento se concretaron en España. La Presidenta también mostró, en su momento, entusiasmo con esa iniciativa. Pero ya no. La manera de relacionarse con las empresas hoy es distinta y el Gobierno no impulsa ningún proyecto que puede significar un fortalecimiento de las corporaciones.

De todas maneras, el sector que propone mantener un fluido diálogo con el Gobierno, y que es encabezado por el propio titular de la central, Ignacio de Mendiguren, se anotó un éxito esta semana porque la Presidenta anunció el envío de un proyecto al Congreso que elimina la doble vía en materia de indemnizaciones por accidentes de trabajo. La iniciativa está muy cerca de lo que proponía la UIA, que tuvo una opinión crítica de la propuesta que había elaborado el Ministerio de Trabajo.

Para la UIA es necesario pensar la política industrial en conjunto con Brasil apuntando a generar cadenas de valor de gran escala y evitar que la resolución de los conflictos comerciales domine la agenda. Para la Argentina es clave el acceso al mercado brasileño a donde van el grueso de sus exportaciones industriales mientras que para Brasil es central la situación en la que operan sus trescientas empresas radicadas en el país. Por eso en la UIA le otorgan tanta importancia a la presencia de autoridades brasileñas en la Conferencia Industrial. Más aún porque el gobierno de Rousseff está más cerca de la visión de los industriales que el de Lula. La modificación de la política cambiaria es una prueba de ello.