La paradoja del tipo de cambio real

17 de septiembre, 2012

La paradoja del tipo de cambio real

(Columna de opinión de Juan Miguel Massot, director del Instituto de Investigaciones Económicas de la USAL)

Nadie duda de que la Presidenta de la Nación sea una gran oradora. También es reconocido el uso que hace de conceptos complejos de diversas disciplinas así como de frases coloquiales que, si bien la ayudan en su acercamiento a auditorios muy disímiles, pueden exponerla en exceso. Un ejemplo de estas piezas excepcionales de oratoria presidencial fue el discurso que pronunció en la cena del Día de la Industria el pasado 3 de septiembre.

Su ponencia fue precedida por un spot televisivo rodado en los tiempos del último gobierno de facto. Con la sutileza de entonces, el Gobierno Nacional aconsejaba a sus propios ciudadanos que convenía comprar productos importados, como una silla, debido a su mejor calidad y porque se tenían múltiples opciones. La industria nacional, en cambio, ofrecería poca variedad y de muy mala calidad.

El mensaje de la Presidenta fue claro y contundente: la política actual era diametralmente distinta y no era algo que debía tomarse como una medida pasajera, sino que esta política a favor de la producción nacional era parte de un proyecto político de largo aliento. A pesar de los distintos ejemplos que utilizó para ilustrar el despegue y consolidación de la capacidad productiva del sector industrial, no pudo dejar de aludir al recurrente tema cambiario.

Si se da por supuesto que el texto presidencial no contuvo inexactitudes o errores involuntarios, las afirmaciones presidenciales no dejan lugar a dudas de que el Gobierno admite que se estaría enfrentando a la paradoja del atraso cambiario y de la inversión industrial y, por ende, a las tensiones que genera. La paradoja señalada puede plantearse de la siguiente manera. Por una parte, los industriales deben invertir más para que el aumento de productividad que de ella se pudiera derivar permita aumentar su competitividad sin recurrir a una devaluación de la moneda, la cual afecta al tejido social y al mercado interno al reducir el salario real. Pero, por otra, para concretar tales inversiones, los empresarios requieren una rentabilidad que en muchos casos sólo se alcanzaría con un tipo de cambio real más elevado que el actual. ¿Qué debería ocurrir primero: el aumento de la inversión industrial o el aumento del tipo de cambio real?

Está claro que la salida, según el Gobierno, no está en un cambio en su política cambiaria sino en una modificación en la manera en que los agentes toman sus decisiones. Según la lectura oficial de la situación del sector industrial, las condiciones económicas actuales –como la rentabilidad– serían suficientes para dar un impulso a la inversión del sector y, de esta forma, echar a rodar la rueda de la productividad y de la competitividad. Por ello, entre otros factores, la Presidenta amonestó tanto a empresarios como a sindicalistas por sus reclamos y expresiones de interés. A los primeros, por sostener argumentos inconsistentes, ya que reclaman un tipo de cambio más alto que perjudicaría el consumo de los argentinos. Y a los líderes sindicales, por su apoyo al reclamo industrial sobre el tipo de cambio que, de concretarse, afectaría el bolsillo de sus trabajadores.

En definitiva, el discurso presidencial sugiere que los empresarios y los sindicalistas que mantienen estas posturas no sólo no comprenden el funcionamiento de la economía y de la política cambiaria del Gobierno, sino que no estarían representando adecuadamente los intereses de la industria y del trabajo.

Debe reconocerse que es esperanzador vivir en un país en el que la máxima autoridad es capaz de describir –y exponer públicamente– las características fundamentales de la paradoja con que se enfrenta, así como también confirmar que ya tiene una solución y que consiste, ni más ni menos, en la profundización de su programa de gobierno. Esto, claro está, no remueve la sensación de que algo no marcha del todo bien en su política económica en lo que respecta a la relación entre tipo de cambio, productividad, crecimiento y empleo. Quizás sea sólo una sensación. De todas maneras, conviene señalarlo; no vaya a ser que en medio de tanto fervor, el Gobierno fracase en su enfoque sobre la paradoja del tipo de cambio real y deba conducir el país por los estrechos caminos del ajuste.