La economía de Brasil

¿Hacia dónde va el principal socio del país?

20 de septiembre, 2012

La economía de Brasil

(Columna de Gabriel Molteni y Gonzalo de León, economista jefe y analista económico de la Cámara Argentina de Comercio -CAC-, respectivamente)

Es casi una verdad de Perogrullo decir que el desempeño de la economía argentina está atado al de la brasileña. Más allá del Mercosur y de la progresiva integración de los países que lo conforman, la economía de Brasil es clave para explicar la dinámica de toda la región, algo que se deriva de su tamaño relativo –su PIB es aproximadamente seis veces el argentino–. En el caso del vínculo con la Argentina, se observa que el coeficiente de correlación entre los PIB de ambos países es muy alto (0,93), como así también el coeficiente de correlación entre la producción industrial de ambas economías (0,86).

Por otra parte, casi una cuarta parte de nuestro comercio internacional es con Brasil y para el caso de algunas provincias –Buenos Aires, Corrientes, Mendoza, Misiones y Río Negro–, se observa que hasta el 38% de las exportaciones se dirige a ese mercado. Adicionalmente, el mercado brasileño es clave para algunas actividades locales –el caso más evidente es la industria automotriz, ya que en ella hay una fuerte integración productiva y más del 80% de las exportaciones argentinas de vehículos se envía a nuestro vecino–.

Por todo esto, desde el punto de vista de nuestro país resulta relevante analizar la economía brasileña. Si bien existen otros factores importantes para la Argentina, un análisis completo de nuestra economía no puede prescindir de un estudio de la economía de Brasil. En el segundo trimestre del año, el PIB de Brasil registró una expansión interanual de 0,5%. Esto representó una desaceleración respecto al ritmo observado en el primer trimestre del año –cuando el crecimiento interanual había sido de 0,8%– y respecto al promedio de 2011 –cuando el avance había sido de 2,7%–.

Al analizar la demanda agregada se observa que todos los componentes colaboraron con ese menor crecimiento, ya que desaceleraron su ritmo de expansión o pasaron a registrar una caída. El consumo privado, que en el segundo trimestre de 2011 había crecido 5,6%, en igual período de este año lo hizo apenas a 2,4%. El consumo público, por su parte, creció 3,1%, frente a un 3,5% en 2011. La inversión en capital fijo se contrajo 3,7%, lo que contrasta con la expansión de 6,2% del año pasado. Por otra parte, las exportaciones cayeron 2,5% y las importaciones avanzaron 1,6%, de modo que las exportaciones netas se redujeron.

Desde el lado de la oferta, en el segundo trimestre se destacan las contracciones interanuales de la industria manufacturera (5,3%); las actividades extractivas (1,8%) y de transporte, almacenamiento y comunicaciones (0,6%). Los restantes sectores tuvieron variaciones positivas, pero en general inferiores a las registradas un año atrás. Sirva de referencia que comercio creció apenas 0,2% –frente a un avance de 5,5% registrado en el segundo semestre de 2011– y que intermediación financiera avanzó 1,8% –frente a un crecimiento de 4,9% el año pasado–.

En lo que respecta a la tasa de inflación minorista, se observó en los últimos meses una moderada desaceleración: la tasa de variación interanual del Indice de Precios al Consumidor, que a mediados de 2011 había superado el 7%, se ubicó entre marzo y junio de este año por debajo del 5%, mientras que en agosto se ubicó en 5,39%. En lo relativo al mercado de trabajo, se observó un comportamiento mixto. La tasa de empleo –porcentaje de la población en edad activa que se encuentra ocupada– en la región metropolitana de San Pablo fue de 56%, lo que implica que se mantuvo en los niveles del año anterior. Por otra parte, en la región metropolitana de Porto Alegre la tasa de empleo bajó de 54,8% a 53,1%, mientras que en la región metropolitana de Recife se detectó un incremento –pasó de 47,1% a 48,3%–.

Al considerar la evolución de las tres variables macroeconómicas fundamentales –PIB, inflación y tasa de desempleo– se observan señales de una desaceleración moderada, derivada de un menor dinamismo de la demanda agregada. Las causas de dicha desaceleración –como suele ocurrir con los fenómenos económicos– son múltiples. Entre ellas debe destacarse el impacto de la crisis global, que golpeó a las exportaciones brasileñas. Por ejemplo, durante los primeros ocho meses las ventas externas de Brasil fueron de US$ 160.599 millones, lo que representó una caída de 3,7% interanual. La baja se dio tanto en los productos básicos como en los industrializados.

A causa de la interdependencia existente entre las economías de los dos mayores socios del Mercosur –con preponderancia de la influencia brasileña–, se observa que la reciente desaceleración de Brasil –en particular, la contracción de su sector industrial–, tuvo un efecto adverso en la actividad económica argentina. Sirva de referencia que las exportaciones de vehículos de la Argentina –que casi en su totalidad se destinan al mercado brasileño– en los primeros ocho meses del año se contrajeron 30,8% interanual.

Medidas y perspectivas

Frente a este panorama, desde el Gobierno brasileño recientemente se han puesto en práctica medidas para contener la desaceleración de la demanda. Por una parte, desde la política monetaria se dio impulso a una depreciación del real, lo que derivó en un tipo de cambio real multilateral que en junio de este año se ubicaba 17,7% por encima del valor que tenía en igual mes del año pasado. Desde lo monetario, se aplicó un significativo recorte de tasas: la tasa Selic, que a mediados del año pasado alcanzó el 12,5%, fue recortada paulatinamente durante los últimos meses. El último recorte, que se decidió en la reunión del 29 de agosto, fue de 0,5 puntos porcentuales y ubicó a la tasa en 7,5%.

Y desde lo fiscal, se aplicaron medidas de estímulo que derivaron en una reducción del superávit primario del país. Considerando el acumulado de los últimos doce meses, se encuentra que a final del año pasado ese excedente se ubicaba en 2,3% del PIB, mientras que en julio de 2012 había caído a 1,8% del PIB. Entre las medidas fiscales, se destaca el programa de incentivo lanzado por la presidente Dilma Rousseff, que incluyó recortes de impuestos sobre el trabajo a quince ramas industriales intensivas en mano de obra e incentivos a la inversión en innovación y la baja temporal del Impuesto a los Productos Industriales (IPI) que grava a la venta de vehículos y que dio un fuerte impulso a las ventas de las concesionarias –en agosto vendieron 31,7% más que en igual mes de 2011–.

De acuerdo al relevamiento de expectativas de mercado que realiza el Banco Central de Brasil, 2012 cerrará con una expansión de 1,64%, una inflación de 5,2% y una contracción industrial de 1,78%. Las expectativas de nivel de actividad son mejores para el año próximo: las estimaciones señalan un avance del PIB de 4% y un crecimiento industrial de 4,5%. Por otra parte, se estima que la tasa de inflación estará en línea con la de este año –se ubicaría en 5,51%–. En lo que respecta a tipo de cambio, tanto para 2012 como para el año próximo se estima que la cotización de la moneda brasileña se ubicará en torno de dos reales por dólar.

Si bien lo que suceda el año que viene estará influido por elementos sobre los que existe un nivel considerable de incertidumbre, como el alcance de recuperación de la economía de Estados Unidos, el manejo de la crisis europea y la dinámica de la economía china, hay razones para esperar un mejor desempeño de Brasil en 2013 y, en consecuencia, una influencia positiva en la economía argentina.

Pero el optimismo respecto a la economía brasileña no debería ser exagerado. Por un lado, existen señales de agotamiento del modelo de crecimiento liderado por el consumo –y apoyado por una expansión del crédito–, ya que ni los recortes de impuestos ni la baja en los costos de endeudamiento han logrado incentivar el gasto de los 40 millones de brasileños que salieron de la pobreza entre 2003 y 2011. Esto se explica porque casi una cuarta parte de los hogares brasileños, sobre todo de los sectores de menores ingresos, registran un alto grado de endeudamiento –y dedican más del 30% de su ingreso total al servicio de sus respectivas deudas–.

Por otra parte, Brasil invierte sólo el 20% de su PIB –lo que representa la tasa más baja entre las principales economías de la región y muy por debajo del 48% de la economía china–. Sin un incremento de la inversión, en particular en infraestructura, será muy difícil mejorar la productividad para alcanzar tasas de crecimiento elevadas de manera sostenida. Por último, debe señalarse que aunque se produzca una significativa recuperación de Brasil en el próximo año, ésta representará por sí sola un estímulo insuficiente para que el crecimiento de la Argentina vuelva a ubicarse en el elevado nivel de los últimos años.