El "éxito olímpico"

¿Se puede replicar en otros ámbitos?

5 de septiembre, 2012

El "éxito olímpico"

(Columna de Robert Skidelsky, profesor emérito de Economía Política de la Universidad de Warwick. Project Syndicate, 2012)

La manía olímpica que recorrió el mundo en las últimas semanas, transportó al país anfitrión, Gran Bretaña, a una rara muestra de exaltación pública. De hecho, los éxitos de equipo británico (Team GB) produjeron un estallido de júbilo patriótico semejante a la victoria en una guerra. Gran Bretaña terminó tercero en el medallero, detrás de Estados Unidos y China, que son países mucho más grandes, pero por delante de Rusia, que tradicionalmente compite con Estados Unidos por el primer lugar.

¿Cuál es el secreto del éxito olímpico? La adquisición de medallas, por la gran satisfacción que generan, se ha convertido en objeto de investigaciones científicas y de un esfuerzo nacional. Antes de los Juegos Olímpicos, el Financial Times combinó cuatro modelos económicos para producir la siguiente predicción de “consenso” de medallas de oro (los resultados reales están en paréntesis): 1. Estados Unidos, 39 (46); 2. China, 37 (38); 3. Gran Bretaña, 24 (29); 4. Rusia, 12 (24); 5. Corea del Sur, 12 (13) y 6. Alemania, 9 (11). El orden en el medallero de oro y en el general (oro, plata y bronce) fueron proyectadas correctamente en todos los casos.

El hallazgo más sorprendente es que se puede predecir la cantidad de medallas con gran precisión por cuatro variables claves: población, PIB per capita, el rendimiento pasado y anfitrión. Todo lo demás –estructuras de formación diferentes, mejor equipamiento, etcétera– son variables poco relevantes. El impacto de la población y el PIB es evidente: una población grande aumenta la posibilidad de que un país tenga los atletas con el talento natural para ganar medallas y un PIB alto significa que tendrá el dinero para invertir en la infraestructura y la capacitación necesaria para desarrollar atletas ganadores.

El rendimiento pasado también es importante: la visibilidad y el prestigio de un deporte aumenta después de un éxito olímpico, y lo mismo pasa con el financiamiento. Conseguir medallas atrae dinero; no conseguirlas, desemboca en recortes presupuestarios. Finalmente, la “ventaja de la localía” incluye no sólo el beneficio del empuje moral y la oportunidad de entrenar en las instalaciones olímpicas reales, sino también el impulso financiero que la localía conlleva. En 2004, los atletas británicos recibieron 70 millones de libras (US$ 110 millones). En 2008, después de que Londres fuera designada como sede de los JJ.OO. de 2012, el total fue 245 millones de libras (US$ 287.000 millones) y se situó en 264 millones de libras (US$ 418.000 millones) este año. En los últimos diez Juegos Olímpicos, el país anfitrión ganó 54% más medallas, en promedio, que cuando no fue anfitrión.

Ser sede olímpica aumenta la performance antes de los JJ.OO. y tiene, también, efectos que los exceden. Algunos deportes son más sensibles a los ingresos y a la nación anfitriona que otros. Equitación, vela, ciclismo y natación, por ejemplo, son mucho más caros que correr, y esto reduce la participación de los países de bajos ingresos. Es casi imposible para algunos países producir a atletas ganadores de medallas en algunos deportes. Etiopía, por ejemplo, tiene sólo una piscina por seis millones de personas.

A veces, los países pobres no tienen dinero para lograr el éxito en un deporte. La India fue históricamente fuerte en hockey sobre césped, ganando casi todas las medallas de oro entre 1928 y 1968 pero, desde que los JJ.OO. pasaron de jugarse en césped natural a un césped sintético y caro, los indios han ganado sólo una medalla. Algunos de los deportes en los que a Gran Bretaña le fue muy bien, como ciclismo y remo, están más influenciados por el efecto de los ingresos y por ser el país anfitrión. Brasil puede esperar mejorar considerablemente su modesta conquista de este año (15 medallas) y su vigésimoprimera colocación en el medallero cuando sea sede los Juegos de 2016.

En cuanto a los demás, la fórmula de éxito es bastante simple: seleccione su deporte potencialmente ganador, elija a los potenciales medallistas en esos deportes, fináncielos y mantenga el apoyo, tanto al deporte como a los atletas, hasta que las medallas comiencen a llegar. El financiamiento online slots puede ser empresarial o corporativo (como en Estados Unidos), del Estado (como en China) o una mezcla de Lotería Nacional y dinero del Estado (como en el Reino Unido).

Enseñanzas y preguntas

Ahora, se plantean dos cuestiones. En primer lugar, ¿por qué un país se debe concentrar en acumular trofeos a expensas de otros bienes deseables? Y, en segundo lugar, ¿se puede replicar la fórmula de “escoger atletas ganadores” en el comercio internacional? La respuesta a la primera no es obvia. Un economista probablemente argumentaría que el dinero gastado en educación, vivienda y salud trae más “bienestar” que el dinero gastado en la búsqueda de medallas olímpicas. Cuando todo está dicho y hecho, los deportes son un mero entretenimiento; las otros áreas, en cambio, son necesidades. Pero ese argumento ignora el efecto del éxito deportivo en la moral nacional, un factor intangible en el éxito de un país en otras esferas más “serias”.

Un país que puede triunfar en una esfera de competencia pacífica es alentado a sentir que puede hacer lo mismo en otras. Uno puede tratar esta afirmación con un cierto grado de escepticismo: después de todo, los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 no generaron un milagro económico griego. Pero conduce a la segunda pregunta: ¿pueden aplicarse los métodos que producen atletas ganadores en otros ámbitos? Nada está más desacreditado en la economía angloamericana que la política de “seleccionar ganadores”.

El consenso ha sido que eso conduce inevitablemente a que, como contracara, el Estado “respalde a los perdedores”. El éxito económico, desde este punto de vista, conviene ser dejado al libre juego de las fuerzas del mercado. Esta filosofía ha sido sacudida fuertemente por dos hechos inconvenientes: el colapso financiero de 2007-2008 y la experiencia de países como Japón, Corea del Sur, Taiwán, Alemania, e incluso los Estados Unidos, donde el éxito económico dependió en gran medida de una inversión del Estado similar a la que se precisa para conseguir medallas olímpicas. En deportes, como en la vida económica, el compromiso del Estado puede iniciar un círculo virtuoso de éxito, mientras que su negligencia puede desencadenar un círculo vicioso de decadencia.

Sin embargo, el deseo popular de éxitos deportivos, y las celebraciones que provoca, pueden generar cierta intranquilidad. Parece como una regresión de la humanidad hacia la infantilidad. Pero si los logros deportivos pueden canalizar pasiones agresivas en desafíos benignos, aunque triviales, ¿por qué negarles a nuestros mejores atletas su estatura heroica?