¿Será la década de América Latina?

La visión de José Antonio Ocampo.

27 de septiembre, 2012

¿Será la década de América Latina?

El desempeño económico latinoamericano de los últimos años ha llevado a muchos analistas a proyectar que la región estaría, finalmente, acercándose al tan esquivo desarrollo. Y motivos para el optimismo no faltan, dice el economista José Antonio Ocampo. Comparado con décadas anteriores, la gran mayoría de los países controló la inflación, saneó sus cuentas públicas, tuvo capacidad de amortiguar shocks exógenos, redujo la pobreza y creció más que en los ’80 y ’90.

Pero, al mismo tiempo, no hay motivos para creer que “esta será la década de América Latina” como han dicho, entre otros, el presidente del BID, Luis Alberto Moreno. No se trata de invocar el pesimismo, pero sí de atemperar la exuberancia.

Según Ocampo, la tasa de crecimiento de la región, en términos históricos y relativos a otras regiones del mundo, sigue siendo mediocre. Entre 1990 y 2011, el PIB regional creció 3,3%, una cifra baja si se la compara con el 5,5% del período 1950-1980. El crecimiento mediocre se debe, según el economista colombiano, a que el modelo exportador latinoamericano no se basó en los avances tecnológicos, a diferencia del asiático. La canasta exportadora no se diversificó y eso redujo, al mismo tiempo, las ganancias de productividad y el crecimiento general de la economía.

Según Ocampo, el único país de la región que puso en práctica “estrategias sectoriales productivas” (prefiere no llamarlas “políticas industriales”) fue Brasil. Empero, le faltó, al menos en los últimos años, una parte importante de esta estrategia: un tipo de cambio real alto.

Para que esta sea la década de América Latina deberían ponerse en marcha tres estrategias hasta hoy están ausentes en la región: cerrar la brecha tecnológica con los países más avanzados e incluso muchos emergentes; diversificar la canasta exportadora con China y, dado que el comercio global crecerá poco y el viento de cola soplará menos en los próximos años, habría que llevar las políticas de integración económica y productiva a un nuevo nivel, más allá de los discursivo.