¿Cuanto peor, mejor?

Las movidas de la Fed y el BCE.

10 de septiembre, 2012

¿Cuanto peor, mejor?

(Columna de Juan Pablo Paladino, coordinador de Estudios y Análisis de Ecolatina y Santiago Massía, analista Senior de Ecolatina)

Pese a que el FMI espera para este año una desaceleración de sólo 0,4 p.p., el crecimiento global del segundo trimestre fue 1 p.p. menor que la expansión de 2011 (2,9% i.a. vs. 3,9% i.a. respectivamente). Nuestro mundo “relevante” (Brasil, Europa y China) se desaceleró aún más, ya que pasó de crecer 3,4% en 2011 a 1,5% en abril-junio.

¿Se nos cae el mundo encima? Si bien es cierto que hay desaceleración, el mayor problema sigue estando en el mundo desarrollado. En el segundo trimestre los emergentes continuaron creciendo mientras que las economías avanzadas dieron un paso más hacia el estancamiento (+5% i.a. vs. +1% i.a., respectivamente). El rol de la Eurozona en el freno de la actividad mundial es central. No sólo por su propia y prolongada recesión sino también por la permanente incertidumbre que emana y que tiene en vilo al resto de las economías, especialmente sus pares. Para peor, las perspectivas para el Viejo Continente no son buenas. En 2012 su economía volverá a contraerse, en un marco en que el desempleo supera 11% (entre los jóvenes, 22%) y su deuda pública alcanza 90% del PIB, pese a cuatro años de ajustes. Pero los mercados no parecen haber tomado nota del agravamiento de la situación. Los índices bursátiles de las economías desarrolladas –con lógicas excepciones– acumulan fuertes alzas en el año, a diferencia de los índices de China o Brasil. Particularmente, desde agosto se conocieron magros datos de actividad y empleo en Estados Unidos y Europa, pero el S&P acumuló un avance de 4% y el Eurostoxx 6%. Más fuerte fueron las subas del IBEX español (16%) y el MIB italiano (14%). Además, el rendimiento de los bonos españoles e italianos se redujo mucho, en particular en el tramo corto de la curva.

¿Los mercados están viendo otra película? Más bien podría decirse que anticipan el final. No hay dudas de que a los mercados les gusta el crecimiento y, es obvio, están al tanto del deterioro de los fundamentals. Sin embargo, quizás miran con mayor atención a lo que Mario Draghi y Ben Bernanke harán al respecto.

Por un lado, conocen la encrucijada de la Fed. El desempleo sigue por encima de los niveles precrisis, la economía se desacelera y no vienen buenas noticias de la eurozona. Como si esto no fuera suficiente, aparecen en el horizonte los recortes automáticos de gasto que podrían llegar a cinco puntos del PIB en 2013 (fiscal cliff). Así, era de esperar que la Fed se pusiese en alerta, e incluso tantease con utilizar su “bala de plata” (QE III), para deleite de los mercados.

Por otra parte, los inversores saben que en la zona del euro no habrá estímulo fiscal por mucho tiempo (más bien todo lo contrario) y que el presidente del BCE está condicionado por Alemania para utilizar la política monetaria. Pero también advierten que ante el abismo siempre habrá una inyección de liquidez para evitar el Lehman europeo. Asimismo, son conscientes de que como las acciones anteriores llegaron tarde y fueron insuficientes, las nuevas irán in crescendo. Esto explica por qué los recientes anuncios del BCE fueron tan bien recibidos por los mercados. También es cierto que el Plan de Draghi va en buen sentido, ya que faculta al BCE a intervenir sin límite (de monto y plazo) en los mercados secundarios de deuda de corto plazo de los países comprometidos. Además, al remover la prioridad para el cobro del BCE en caso de que algún país reestructure su deuda (al revés de lo ocurrido con Grecia, cuando el ajuste cayó exclusivamente sobre los privados), corrige otro de los problemas del pasado.

El mundo no se nos va a “caer encima” en la magnitud de 2009, pero los próximos años serán volátiles y con accidentes a la vuelta de la esquina. La demanda global podrá debilitarse en cualquier momento, pero en ese casos habrá, como contrapartida, nuevas rondas de liquidez. Por el momento, los principales impactos que sufre el país vienen por el canal comercial (precio de la soja y actividad en Brasil), ya que su inserción financiera es prácticamente nula. Sin embargo, no es algo que perdurará. Aprender a moverse inteligentemente en un contexto de incertidumbre es una habilidad que habrá que afinar para poder aprovechar la abundante liquidez (precios altos y tasas bajas) que nos brindará este mundo turbulento.