La heterodoxia es una estrategia pendiente

El desafío de la industrialización.

8 de agosto, 2012

La heterodoxia es una estrategia pendiente

(Columna de opinión de Carlos Leyba)

¿En política y economía, cuál es la diferencia esencial entre la estrategia ortodoxa y la heterodoxa? ¿Y por qué importa clarificar esa diferencia? Mejorar los resultados económicos, es decir, ampliar e integrar el sistema económico y mejorar los resultados sociales, que significa generar una estructura productiva que haga sustentable la progresividad en la distribución del ingreso, son objetivos compartidos –si bien con matices y, entre ellos, el mismo orden de realización de estos objetivos– por la mayoría de los economistas y políticos.

La heterodoxia sostiene que aquello que resulta de la dotación natural e histórica de factores, gobernada por la demanda solvente de consumo y exportación, no maximiza los objetivos económicos y sociales. El Estado debe protagonizar la transformación, básicamente, vía acumulación. El problema heterodoxo es tanto el estancamiento como la esclerosis del producto potencial. No hay “heterodoxia” sin plan global explicito.

La ortodoxia, por el contrario, entiende a la política como la herramienta para garantizar que la dotación de factores existente responda elásticamente a la demanda de consumo y de exportación. La inversión vendrá por añadidura. El problema ortodoxo es la inflación. El protagonista es el mercado; el Estado administra sin plan. Si no alteramos el curso del río, parte de la energía muere en el océano. La ortodoxia consolida la estructura derivada de la dotación natural o histórica de factores. Si intervenimos el curso del río para transformarlo en nueva riqueza colectiva hacemos heterodoxia: aprovechamos las oportunidades que brindan las fuerzas dominantes.

Muchas veces los ortodoxos, aquellos que lo son por su acción y no lo saben, recitan consignas para apropiarse del prestigio del pensamiento heterodoxo que deriva de ser un compromiso de transformación para acelerar el progreso colectivo. La heterodoxia se basa en un pronóstico negativo respecto de la acumulación derivada del curso natural de la dotación de factores y de la demanda solvente. El método ortodoxo sostiene que libradas las fuerzas del mercado, “en el largo plazo”, sin intervención del Estado, se generará “naturalmente” el progreso colectivo. Si bien en otra dimensión, aplica la frase de J.M. Keynes de que “en el largo plazo estaremos todos muertos”.

La heterodoxia sostiene un “ideal histórico concreto” que supone una alteración de la lógica de la dotación natural e histórica de factores: la mejora del sistema requiere señales “desde la política” para modificar la tendencia de la acumulación y su deriva de la distribución. Los acciones ortodoxas son conformistas (no se puede) y conservadoras (no hay alternativa). También en esto la derecha y la izquierda (sin saberlo) convergen. La heterodoxia es inconformista y transformadora, al menos, hasta lograr una sociedad integralmente desarrollada.

En economía, la referencia a estas dos visiones se conjuga en términos de acumulación (inversión) y en términos de distribución del ingreso (social, regional, sectorial). La visión ortodoxa descansa en que la acumulación ha de ser dirigida por la demanda de consumo o de exportación. Y que de ese proceso habrá de surgir la mejor distribución. “El capitalismo es consumo”; un Estado sin plan. Por ejemplo, la soja: es un ordenador que genera monocultivo.

La visión heterodoxa sostiene que la acumulación no debe ser librada a la dirección de la demanda de consumo o de exportación, sino por un proyecto de sociedad que garantice el mayor progreso colectivo. Y que ese proceso de acumulación debe ser aquel que procure la más progresiva distribución del ingreso social, regional, sectorial. No hay Estado sin plan. Aquí y ahora, la heterodoxia implica que la acumulación debe ser protagonizada por un proceso de industrialización: sólo eso puede generar progresividad en la distribución del ingreso social y regional.

La Argentina reciente

¿Cuál ha sido el patrón de transformación desde 2003 a la fecha? ¿Cuánto de heterodoxia? ¿Cómo medirlo en un período de sostenido incremento del empleo y muy elevadas tasas de crecimiento? El grado de heterodoxia se mide por el grado de industrialización. Esos son los hechos. Según el Indec la participación de la industria manufacturera, a precios constantes, en el total del PIB de mercancías (sin servicios), entre 1993 y el año 2000, fue de 53,8%; y entre 2003 y 2011 fue de 52,7%. Respecto del PIB total en el período menemista (1993/ 2000) fue del 17%; y en el período K fue del 16%. El porcentaje de la industria en el PIB fue igual en 2011 que en 1993. Después de esta década de crecimiento nuestra economía no es “más industrial” que la heredada.

La industria, en valor absoluto, creció notablemente. Pero el peso relativo de la industria está estancado. En estos ocho años, con un discurso proindustrial, la meritoria “reactivación relativa” y el extraordinario crecimiento absoluto, no se han materializado en “industrialización” medida por la participación sectorial en el PIB. La saludable estrategia de impulso al consumo agotó la capacidad instalada y generó inversiones complementarias. Pero no se verificó inversión transformadora.

El stock de Maquinaria y Equipo, en promedio, en el período 1993 a 1999, fue del 18,3% del total del stock de capital del país. Bajó de 19,1% (1993) a 17,7% (1999). El peso de los fierros productivos se redujo en términos relativos. Entre 2003 y 2006 ese mismo promedio fue de 16,7%, y declinó de 18,4% (2003) a 14,2% (2006). La inversión se hizo intensiva en construcción y equipamiento automotor. De 2006 a 2011, sin información oficial, estimamos que hubo una recuperación. Sin embargo, en el período 1993/1999 la inversión en maquinaria y equipo representó en promedio el 27,3% de la Inversión Bruta Fija; y en el período 2003/ 2010 el promedio fue de 26,9%. La estructura del capital no cambió. Es más: ¿Cuál sería un listado de grandes proyectos industriales materializados?

La estrategia heterodoxa es transformar la estructura productiva con una industrialización que compense la tendencia a la especialización primarizante de la dotación de factores y de la demanda solvente. Se trata de aprovechar la oportunidad de la expansión asiática. ¿Lo hicimos? Aún no.

Sigue ausente una política de industrialización transformadora. ¿Es la consecuencia de la enorme gravitación que sobre el pensamiento ejerce la dotación de factores y la demanda solvente? Toda política exige tener ideas claras. Cualquiera sea la causa, el problema central de la economía argentina es la ausencia de una estrategia sólida y planificada de industrialización: sin ella ni la equidad, ni el desarrollo territorial, ni ninguna de las grandes causas nacionales podrá materializarse sustentablemente. La heterodoxia es una estrategia pendiente. Los males que hubiere no son de su responsabilidad.

(De la edición impresa)