La Argentina

El extravío de "las fuentes del comercio".

30 de agosto, 2012

La Argentina

2012 no pasará a la Historia como un gran año para las exportaciones argentinas. Si bien no hay crisis global (aunque sí una gran desaceleración, especialmente de Brasil) y el comercio global crece al 2% según la Fundación Mediterránea, es probable que las exportaciones de este año sean menores a las del año pasado. Sin duda, la desaceleración de la economía global, el freno de nuestro principal socio comercial y la fuerte sequía han sido centrales para explicar este magro desempeño.

Para 2013 se espera un mayor crecimiento de Brasil, una mayor cosecha (y con mejores precios) y, probablemente, un alza del crecimiento global. Todo esto confluiría en un crecimiento de las ventas argentinas al mundo. Pero más allá de ese repunte esperado, la era de crecimiento de las exportaciones argentinas a dos dígitos puede haber quedado atrás.

El motivo es que se resintieron lo que los economistas Marcela Cristina y Guillermo Bermúdez denominan las fuentes tradicionales del comercio: competitividad, productividad y oportunidades regionales.

“Para ser productivo en un escenario de inversión limitada, el aprovechamiento de los recursos abundantes y la organización de los negocios son los elementos más importantes, que permiten que por cada unidad de insumos nacionales se obtenga la mayor cantidad de producto posible. Pulverizar los costos sobrecostos innecesarios es uno de los pilares de esta estrategia.

En segundo lugar, para llegar a los mercados con precios más bajos que otros países productores, es decir, para ser competitivo, la evolución adecuada del tipo de cambio es esencial.

Por último, en un mundo de regionalismo creciente, el comercio externo y, en particular, el comercio manufacturero está influido por la importancia de los flujos entre países vecinos”, explican Cristini y Bermúdez en la última edición de la revista “Indicadores de Coyuntura”. Según ellos, la Argentina ha tenido retrocesos en estas variables: 

  • Productividad. “En materia de productividad, nuestro país conserva sus ventajas de tierras abundantes, mano de obra de calificación intermedia y mantiene una capacidad industrial considerable. Sin embargo, en los últimos años se ha dificultado su aprovechamiento por problemas como el abastecimiento deficiente de combustibles y energía para el agro y la industria, la imprevisibilidad exportadora para productos agroalimentarios y, más recientemente, por el control creciente de los insumos importados y el encarecimiento del crédito para producir y exportar”, sostienen. 

  • Competitividad. “La evolución del tipo de cambio real ha hecho retornar a la economía casi a la situación de finales de los ’90 y el problema se agudiza sectorialmente cuando se tienen en cuenta los impuestos a las exportaciones que recortan el tipo de cambio efectivo”, dicen. La apreciación del peso continúa y la Argentina se hace cara en dólares. 
  • Oportunidades regionales. Con respecto al Mercosur, dicen los economistas, priman más las necesidades políticas que la voluntad de institucionalizar el bloque. La inclusión de Venezuela, dicen, no permite avizorar un incremento sustancial del comercio intrabloque. Otro dato alarmante es la fuerte contracción del comercio bilateral entre la Argentina y Brasil: en lugar de estabilizar los flujos comerciales en un contexto global adverso, estos flujos acentuaron el ciclo. Las exportaciones argentinas a ese mercado cayeron 6% en los primeros siete meses del año, contra una caída de sólo 1% en las ventas totales.

Todo esto, dicen Cristini y Bermudez, “anticipa un panorama desalentador” para el sector externo en este segundo semestre. Hay dos alicientes. Por un lado, los precios de los bienes que exporta el país están en niveles altos. El Indice de Precios de las Materias Primas (IPMP), que elabora el BCRA, aumentó 12,7% en julio contra junio (la mayor variación mensual de la serie), aumentó 13% interanual y se ubica 95% por encima del promedio histórico.

Por otro lado, si los problemas son producto de errores de política económica, como sugieren Cristini y Bermúdez, “una parte importante de este pronóstico podría revertirse con los cambios adecuados”. En un contexto en el que vuelve a asomar la restricción externa y las importaciones de energía “ata de manos” al Gobierno, replantear una estrategia exportadora definirá, en cierta medida, la solidez de la economía argentina en los próximos años.