Volver a un tipo de cambio competitivo

Debería ser una prioridad.

8 de junio, 2012

Volver a un tipo de cambio competitivo

El Gobierno en los últimos tiempos siguió distintos caminos con relación al dólar. En 2011 no hubo restricciones para la compra y la fuga de divisas fue abultada. Muchas personas, que estaban en condiciones de hacerlo, compraban dólares porque entendían que estaba barato. Frente a ese escenario muchos analistas supusieron que en 2012 la devaluación nominal seguiría el ritmo de la tasa de inflación para que los costos en dólares no siguiesen aumentando.

Pero el camino elegido fue otro. Se establecieron restricciones de todo tipo hasta que virtualmente se vedó la compra de dólares. Como suele ocurrir en estos casos la brecha entre el dólar oficial y el paralelo comenzó a aumentar. Al no haber una política constante tampoco se pudo tener un mensaje claro y distintas figuras del oficialismo dijeron –o dieron a entender– diferentes cosas con relación al mismo problema.

Se puede seguir así, pero tiene sus costos. Una brecha creciente entre el oficial y el paralelo llevará al peor escenario. Mantendrá alta la tasa de inflación en la medida en que las expectativas de los agentes económicos se formarán sobre la base del dólar paralelo y los sectores productivos se moverán con el dólar oficial que deteriora su competitividad. Por eso, más allá de librar batallas culturales a favor de la pesificación, la clave es modificar las bases económicas que tiene el comportamiento de millones de argentinos que prefieren ahorrar en dólares. La Argentina debe tener un tipo de cambio más alto que el actual.

En los primeros años del kirchnerismo, una de sus banderas era la defensa de un tipo de cambio competitivo que permitió un elevado crecimiento. La suba de la inflación fue debilitando esa política, pero desde fines 2008 y durante 2009 se aceleró la devaluación y ese fue uno de los factores que posibilitaron el gran crecimiento registrado en 2010 y 2011. Durante buena parte del ciclo económico que comenzó en 2002, fueron los economistas ortodoxos, que el Gobierno tanto critica, los que cuestionaban que el dólar estuviese tan alto. Por lo tanto, si en la tradición kirchnerista está el tipo de cambio competitivo no se entiende esta defensa a ultranza que hace ahora el Gobierno de un dólar bajo, que afecta a los sectores productivos.

La deuda en dólares está en niveles bajos, las reservas no son muy elevadas pero todavía dan margen de maniobra y el saldo comercial será abultado por los buenos precios de los productos que exporta el país. Pese a esos datos, la Argentina está viviendo una etapa de tensión cambiaria como consecuencia de una elevada inflación que atrasó al dólar. El peso debe acompañar el proceso de fortalecimiento global de la moneda estadounidense. En tiempos de incertidumbre, en todas partes, se busca al dólar como refugio y por eso ganó valor frente al euro y las monedas latinoamericanas. Por eso, no tiene sentido que la Argentina se empecine en seguir con una política cambiaria sin destino. No hay soluciones sencillas ni inmediatas, pero debería ser un objetivo evitar, en el marco de una política destinada a reducir la tasa de inflación, que el peso no se siga apreciando.

(De la edición impresa)