El Gobierno y el dólar

Desconcierto y motivos.

4 de junio, 2012

El Gobierno y el dólar

(Columna de opinión de Victoria Giarrizzo y Dardo Ferrer, directores de CERX)

Los controles sobre el dólar siguen generando desconcierto. Es que el Gobierno omite fundamentar los motivos y, por ese silencio, es inevitable que las sospechas, las dudas y las especulaciones invadan el escenario económico. Las dudas escapan al plano político e ideológico y tienen un motivo. La lectura de las estadísticas del Banco Central y el INDEC no muestran un escenario tan apremiante como para tomar medidas tan estrictas. Y eso nos lleva a reflexionar sobre algunas opciones.

¿El Gobierno está escondiendo información y faltan dólares en la economía, o está actuando preventivamente tomando el riesgo de alterar una variable histérica como es la demanda de dólares? Si es el primer caso, entonces las medidas oficiales cobran sentido, pero el panorama es grave e incierto. Si es el segundo, da la sensación de que se llegó con una autobomba a apagar el fuego de un asado. ¿De verdad se piensa que impedir que un ciudadano común compre US $100 es el camino para pesificar la conducta económica y combatir la especulación? Es que mientras los grandes especuladores siguen haciendo sus negocios y las cuevas de cada ciudad del país arden a la vista de todos (incluso de los que tienen que controlar), se está perjudicando la confianza de la economía.

Lo que en definitiva se logró, es que una vez más la gente tenga la sensación de que el peso no sirve como moneda de ahorro y sienta la necesidad de poner en dólares cada billete que logra no destinar a consumo. No importa si las transacciones se hacen en dólares, pesos, euros o trueque. Cuando baja la confianza, los agentes minoristas, eternamente perdedores, huyen de la moneda local. Dentro de los supuestos oficiales, se sostiene que con la prohibición de comprar dólares no sólo se frena la fuga de capitales sino que se induce a la pesificación. Es decir, la gente ya no pensará en dólares sino en pesos y se cree que, a pesar de la histeria, con el tiempo el público se acostumbrará. O sea, se presupone que pesificar el pensamiento está ligado a la costumbre y no a la confianza que tiene la población en su economía.

Los ejemplos de Brasil y Chile, donde la gente no sigue el dólar y donde pocos saben su precio, hacen pensar que en la Argentina también es posible. Pero ninguno de ellos convive desde hace seis años con tasas de inflación superiores al 20%. La cuestión central detrás de las acciones del Gobierno, es por qué amplía el control de cambios. ¿Acaso nos está presagiando el incendio? ¿La estimación de montos minoristas es tan grande que supera al comercio exterior? Los números no dan esa sensación. Pero el Gobierno actúa como si fuera así. Mientras tanto, el aumento de controles genera y amplía los mercados paralelos, acentuando un problema de informalidad que, según el discurso oficial, se quiere combatir con estas medidas.

La pesificación de facto obliga a sostener los controles en forma permanente. Implica controlar a todo el mundo todo el tiempo, en vez de inducir con políticas más pertinentes a que el público se comporte de la manera buscada. Todo preocupa por estos días. El Gobierno está siguiendo la misma racionalidad que los agentes económicos y eso no es bueno porque no está anticipando ni modificando conductas. Se está situando como comprador en una cueva, observa cómo se forman las transacciones y entiende el fenómeno, pero en lugar de usar su capacidad de hacer política económica para modificar la conducta, actúa de la forma más fácil: las limita o las prohíbe. La intención pública es acertada, pero los mecanismos que utiliza tienen eficacia acotada.

La ineficacia está centrada en su propia simplicidad, inicialmente se dice a todo que no, y después se atienden las protestas individuales. Pero como ese mecanismo no permite detectar a los grandes especuladores y fugadores de divisas, no se eliminan las conductas anómalas. Esto también implica una situación paradójica: existe un problema que claramente no se soluciona en condiciones de mercado, pero como no se puede controlar la oferta, se controla la demanda, se trata de normatizar las transacciones en divisas en forma inversa a como se trata de normatizar el lavado de dinero o el empleo ilegal.

Mientras tanto, la economía real comenzó a acusar el efecto cerco al dólar. El público está invitado a pensar que algo está muy mal. Y dos variables determinantes en el ciclo económico están acusando ese ruido: el consumo, que encuentra a un público más atesorador, y la inversión, que se encuentra con un escenario de incertidumbre donde pocos quieren poner dinero sin un panorama más claro hacia adelante. Ya aparecen señales de alerta: hay despidos en algunos sectores y cuando arranca ese ajuste, todas las distorsiones macro y micro buscarán hacer presión sobre la economía.

(De la edición impresa)