Crecimiento: un año difícil

21 de mayo, 2012

Crecimiento: un año difícil

(Columna de opinión de Maximiliano Castillo Carrillo, director de la consultora ACM)

Luego de la muy fuerte recuperación que observó la economía argentina en 2010 y la primera mitad del año pasado, en los últimos meses la actividad local profundizó el proceso de desaceleración que había comenzado a mostrarse en la segunda mitad de 2011. A grandes rasgos, este fenómeno se manifestó, en primer lugar, en los sectores productores de bienes, con la industria a la cabeza, en parte debido al deterioro de la demanda brasileña y que, a nivel local, se potenció por la mayor incertidumbre que se reflejaba en la creciente salida de capitales.

El sector de la construcción también sufrió, aunque en este caso un motivo que profundizó esta tendencia fueron las trabas al acceso al mercado de cambios, que afectó la operatoria comercial del sector. Este crecimiento más moderado de la actividad se reflejaba incluso en las estadísticas del INDEC, si se tiene en cuenta que durante el primer semestre de 2011 la actividad crecía a un ritmo trimestral de 2,8%, que se redujo a 0,7% en el segundo semestre del año pasado. Si bien en la segunda mitad del año pasado los indicadores que más reflejaban la desaceleración estaban más asociados a la oferta de bienes, en las últimas semanas también empiezan a aparecer signos de debilidad del gasto agregado, como por ejemplo la evolución reciente de la confianza del consumidor y de la inversión.

En efecto, la confianza de los consumidores relevada por la UTDT cayó 23,6% en los últimos tres meses y hoy se ubica en niveles de abril de 2010. En tanto, la inversión, captada tanto por las importaciones de bienes de capital (-16,7% interanual en el primer trimestre vs. 14,9% en el año 2011), el debilitamiento de la construcción (3,5% en el primer trimestre vs. 11% en igual período del 2011) y de la producción de bienes de capital locales, muestra un acelerado deterioro de este componente del gasto. Evidentemente, los mayores controles a las importaciones también han jugado su rol para explicar la desaceleración de la actividad, no sólo por los propios efectos que pueden ocasionar la ausencia de algunos insumos, sino también por la mayor incertidumbre que generó la propia profundización de los controles.

En este contexto, se refuerza nuestra expectativa de que el primer trimestre de este año mostraría una variación desestacionalizada de la actividad global levemente positiva o en torno a cero, aun para los datos oficiales. Desafortunadamente, los primeros indicadores de actividad de abril vuelven a mostrar un deterioro importante, tal es el caso de la producción de automóviles que se redujo 24,4% anual, acumulando una retracción del 5,7% en lo que va del año y de 19,5% para sus ventas externas.

Además, la cosecha gruesa viene peor de lo que se esperaba, y no se pueden descartar variaciones negativas incluso superiores al 20% interanual tanto en soja como en maíz, desempeño que no podrá ser compensado por el crecimiento de otros cultivos como la cebada, que vienen floreciendo a fin de sortear las regulaciones imperantes tanto en maíz como en trigo. Esta situación tiene el agravante de que los rindes fueron muy variables, por lo cual quedaría un grupo no menor de heridos graves entre los productores, lo cual seguramente se reflejará en las expectativas y el comportamientos de los agentes que operan en los centros rurales del interior del país, situación un tanto exacerbada por el aumento de impuestos provinciales y municipales que los afectan. Puesto en números, el impacto directo de la menor cosecha para el segundo trimestre explicaría una caída de aproximadamente 1,5 puntos porcentuales de crecimiento en el segundo trimestre, impacto que se reduciría a 0,5 p.p. cuando se la considera para todo el año.

De manera indirecta, esta menor cosecha afectará tanto a los sectores como transporte (que está observando una situación más conflictiva de lo que podía imaginarse, con las restricciones al comercio exterior y el retorno a la combatividad del sindicato dirigido por los Moyano), comercio y también en la industria molinera y aceitera, ya que si se confirman estas previsiones, la cosecha de soja no sería suficiente como para proveer materia prima para que este sector pueda continuar operando casi a pleno.

De ese modo, el segundo trimestre mostrará un deterioro ulterior del nivel de actividad en términos desestacionalizados. Naturalmente que con el primer semestre del año prácticamente jugado en términos de actividad, la segunda mitad del año será clave para definir el crecimiento final del año. En este sentido la persistencia, e incluso agravamiento, del contexto internacional en nada ayuda a mejorar las perspectivas de crecimiento, a pesar de que Brasil puede jugar a favor en los próximos meses.

Por otra parte, la segunda mitad del año coincide estacionalmente con una menor oferta neta de divisas en el mercado de cambios local, elemento que posiblemente profundice las tensiones que hoy se están observando en la plaza cambiaria y que, de no mejorar en el corto plazo, probablemente comiencen a derramar sus efectos sobre el mercado monetario local induciendo, entre otros aspectos, un aumento de las tasas de interés.

En síntesis, de corroborarse las perspectivas negativas en torno a la cosecha gruesa, resulta bastante probable que debamos revisar a la baja nuestra previsión de crecimiento para el corriente año, que actualmente se ubica en torno a 2%. Teniendo en cuenta el escenario descripto del primer semestre, la economía debería recuperar un ritmo de crecimiento en el segundo semestre de aproximadamente 2% trimestral, ritmo similar al observado en la primera mitad de 2011: una dinámica que hoy por hoy resulta difícil de prever. Posiblemente las autoridades se enfrentarán a un dilema hasta ahora inédito, ya que si finalmente se supera el umbral de 3,26% de crecimiento real del PIB del INDEC, el Gobierno deberá enfrentar el costo de pagar aproximadamente U$S 4.000 millones por los nuevos pagos en concepto de las unidades ligadas al PIB.

(De la edición impresa)

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