“El desempleo es la variable de ajuste”

6 de mayo, 2012

“El desempleo es la variable de ajuste”

Europa es la única región del mundo que estará en recesión este año, aunque no todos los países que la integran estarán en la misma situación. Uno de los más golpeados será España. El Economista dialogó con Vicente Esteve, economista y docente de la Universidad de Valencia, sobre los errores y las perspectivas de la economía española.

¿Cuál ha sido el “pecado original” de España en los años previos a la crisis?

La economía española sustentó su crecimiento en el período 1995- 2008 en el impulso de la inversión en el sector inmobiliario, la construcción y, en menor medida, en las infraestructuras públicas, en un entorno de tasas de interés nominales muy bajas y con un importante flujo de capitales del exterior que financiaba el creciente y persistente déficit por cuenta corriente. El desequilibrio exterior reflejaba dos problemas. En primer lugar, el gasto de los residentes nacionales (gasto en consumo final de los hogares, más el gasto en consumo final de las Administraciones públicas y la inversión nacional o formación bruta de capital fijo) era mayor que la renta nacional. El exceso de gasto se concentró en el consumo de los hogares y en la inversión nacional, fundamentalmente en construcción residencial y no residencial y en actividades inmobiliarias.

En segundo lugar, la contrapartida interior era que el ahorro nacional era menor que la inversión nacional. Este desequilibrio ahorro- inversión se concentró en el sector privado (familias y empresas no financieras), mientras que el Gobierno generó superávit presupuestarios, aunque moderados. Ante esta situación, sólo endeudándose masivamente con el exterior podía España mantener un déficit creciente en la balanza por cuenta corriente y adquirir una mayor cantidad de bienes y servicios de los que producía.

La contrapartida era el aumento imparable de la deuda exterior acumulada por las empresas financieras y no financieras y las familias. El enorme flujo de capitales del exterior provocó un considerable aumento de salarios y precios en relación con las economías del núcleo de la zona del euro, fundamentalmente con Alemania y una enorme pérdida de competitividad. A pesar de que las exportaciones han tenido un extraordinario comportamiento desde 2010, ha sido insuficiente para facilitar el desapalancamiento, es decir, la reducción del endeudamiento de la economía.

¿Qué problemas generó este desequilibrio externo?

En primer lugar, un déficit de cuenta corriente puede no suponer ningún problema si los fondos exteriores que lo financian se canalizan hacia proyectos de inversión nacionales capaces de pagar los préstamos gracias a su rendimiento futuro. Pero en muchas ocasiones los proyectos de inversión que utilizan recursos exteriores pueden estar mal planteados al basarse en expectativas excesivamente optimistas. Este fue el caso español: un exceso de inversión nacional en construcción y actividades inmobiliarias, fruto de una errónea asignación de recursos productivos basada en expectativas sobre la rentabilidad futura de la inversión excesivamente optimistas. Una burbuja inmobiliaria.

En segundo lugar, un elevado déficit de cuenta corriente puede representar en ocasiones un elevado consumo nacional presente transitorio, como resultado de una desacertada política fiscal o monetaria y/o de una mala asignación de recursos productivos de la economía. Nuevamente este ha sido el caso de la economía española: un exceso de consumo de las familias y de inversión en vivienda y en construcción y una política fiscal expansiva excesivamente procíclica pues el superávit presupuestario generado fue demasiado pequeño. Finalmente, las tasas de interés bajas de la política monetaria común del Banco Central Europeo (BCE) fueron la condición necesaria para la abundancia de fondos prestables. Por último, en ocasiones la reducción del déficit de cuenta corriente viene impuesto desde el exterior. Cuando un país empieza a tener dificultades para renovar (o, en el límite, para pagar los intereses de la deuda) los préstamos exteriores obtenidos para financiar los déficit por cuenta corriente, los acreedores extranjeros se pueden volver reticentes a conceder nuevos préstamos.

Esta situación se conoce en la literatura económica como episodios de sudden stop o caída repentina de los flujos de capital del exterior. En este caso, sin nuevos fondos exteriores que financien el déficit exterior, la economía se ve obligada a reducir de manera brusca el gasto nacional (el consumo o la inversión nacional, o ambas). Nuevamente este ha sido el caso de España. El consumo y la inversión nacional se han hundido y las empresas no financieras y los bancos han tenido dificultades crecientes para financiarse el exterior. El caso más dramático es el de los bancos que han tenido que recurrir al auxilio del BCE acogiéndose a las medidas extraordinarias de liquidez. Para que la tormenta fuera perfecta, la caída brusca del consumo y de la inversión nacional han generado un aumento del gasto público, una caída de los ingresos públicos y la aparición de abultados déficit presupuestarios que hay que financiar en un momento en el cual escasean los fondos para el sector privado y la banca tiene problemas de solvencia. El ajuste fiscal y el apoyo encubierto del BCE, por lo tanto, estaban servidos.

¿Es conveniente poner el ajuste fiscal como prioridad o se debería dejar para más adelante?

El ajuste era imprescindible, pero quizás el ritmo impuesto en tan poco tiempo (2010-2013) ha resultado ser excesivo, ya que no ha permitido que la economía recuperase el crecimiento. Si la economía no crece, no facilita el aumento de la recaudación impositiva ni la reducción del desempleo, y entra en un círculo vicioso de mayor ajuste -menos crecimientomayor ajuste. Pienso que, tras la victoria de Hollande, se revisarán los programas de ajuste y se permitirá alcanzar el déficit del 3% en el 2015. Puesto que la inversión pública en infraestructuras se ha hundido por el ajuste fiscal, pienso también que los fondos del Presupuesto de la Unión Europea deberían reorientarse transitoriamente hacia este tipo de inversión, que es muy generadora de empleo.

El economista Paul Krugman sostiene que “España, y no Grecia, es el país esencial de la crisis europea”. ¿Coincide?

Una de las consecuencias del proceso de crecimiento de la economía española ha sido el exceso de endeudamiento de los bancos con el exterior y los problemas de solvencia asociados a los préstamos concedidos a la vivienda y a las actividades inmobiliarias. La provisión de fondos asociados a estos problemas de solvencia está provocando serios problemas de liquidez y de caída de la actividad crediticia. Este es otro de los factores que está impidiendo la recuperación. Los pocos fondos prestables disponibles se están dedicando a financiar a las Administraciones Públicas. En última instancia, cierto tipo de efecto expulsión se está generando en la economía española.

El problema de la economía española no es de solvencia sino de falta de liquidez de los bancos. El rescate se debería dirigir sin ningún complejo a otorgar fondos a las entidades financieras con problemas. Los fondos disponibles en el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) deben reorientarse a solucionar los problemas de liquidez de los bancos españoles, que podría llegar a 200.000 millones de euros en el caso más pesimista. De momento, el FEEF sólo puede acudir al rescate de países.

Despejadas las dudas sobre cuál será el Presidente de Francia, estoy seguro de que se lo reformará para que se puedan utilizar los fondos para rescatar bancos, incluidos los españoles. Otro problema diferente es el de las excesivas primas de riesgo de la deuda soberana de España. En este caso, la solución se sitúa en la emisión de eurobonos para financiar parte de los déficit públicos, hasta que el ajuste fiscal haya alcanzado el 3% del PIB en 2013 o en 2015, si finalmente se alarga el proceso. Puesto que Alemania bloquea tanto la reforma del FEEF como la emisión de eurobonos, los resultados de las elecciones de Francia pueden ser clave para el desbloqueo.

¿Cuál es la visión dentro de España sobre el euro? ¿Ve factible un abandono de la Unión Monetaria?

La opinión pública española está asociando erróneamente las dificultades actuales con la pertenencia al euro. Pero se olvidan de que los problemas actuales no han sido generados por el euro sino por el equivocado modelo de crecimiento de la economía española del período 1995-2008, basado en el exceso de inversión en el “ladrillo”, la ineficiente asignación de recursos en actividades que no han sabido generar ni empleo estable ni una rentabilidad adecuada, el excesivo crédito bancario en estas actividades y el excesivo endeudamiento de las familias y las empresas, incluido el sector bancario.

El abandono de la Unión Monetaria es impensable, aunque no descartable, si no cambian en pocos meses las iniciativas de los jefes de Estado en la reorientación del ajuste fiscal, la emisión de eurobonos y en la reforma del fondo de rescate FEEF para acudir al auxilio de los bancos. La alternativa de abandonar el euro y emitir una nueva peseta devaluada en 20-30% con el dólar y el euro sería una alternativa para recuperar la competitividad, el crecimiento y el empleo, pero quizás llegue tarde. El permanecer en la zona euro sólo es compatible con una caída equivalente de los costos y salarios nominales del sector privado. Pero la llamada devaluación interna no está ocurriendo. En la práctica, el desempleo es el que está asumiendo el ajuste de no abandonar la zona euro. Un pacto social de una caída del 10% de los salarios nominales más un compromiso de no subidas en un quinquenio posterior podría permitir recuperar la competitividad exterior, impulsar más las exportaciones, principalmente el turismo, estimular el crecimiento y facilitar el desapalancamiento.

Quizá falte pedagogía del Gobierno de España en explicar que los errores colectivos de las naciones se pagan tarde o temprano. No hay más que recordar los errores cometidos por la Argentina en el periodo de apertura económica y de privatización masiva de servicios públicos de 1990 a 1998, que terminaron en la recesión de 1998 y en la derogación de la Convertibilidad en 2001.

(De la edición impresa)