La herencia recibida

30 de noviembre, 2011

La herencia recibida

(Artículo de Miguel Braun, director ejecutivo de la Fundación Pensar)

El modelo está agotado. Lo sabíamos hace rato, y el 23 de octubre, mientras festejaba el 54% de
votos, Cristina empezó a reconocerlo. En abril publicamos con Federico Sturzenegger, Francisco Cabrera y el equipo de la Fundación Pensar una investigación que mostraba que el período 2007-2011 había tenido menos crecimiento que el de 2003-2007, casi nula disminución del desempleo, pérdida del superávit fiscal, reducción del superávit comercial, mayor inflación con la consecuente apreciación del tipo de cambio real y, en definitiva, una menor competitividad y
sostenibilidad de la economía argentina.

Advertíamos que sin cambios en la política fiscal y monetaria ni en las intervenciones arbitrarias, nuestra economía corría serios riesgos. El cambio más inmediato era, y sigue siendo, bajar la inflación para dejar de perder competitividad. También marcábamos la necesidad de eliminar gradualmente los subsidios para aliviar la situación fiscal y reorganizar el mercado energético para recuperar el autoabastecimiento y no tener que importar como hacemos gas caro de Bolivia y Katar. Sin poder criticar la herencia recibida, y a su manera, el Gobierno ha reconocido estos problemas y está intentando resolverlos.

Primero buscó frenar la salida de dólares con su instrumento favorito: la limitación arbitraria, en este caso de la compra de dólares. La fórmula es conocida: se anuncia otra prohibición o limitación, se la implementa en forma arbitraria, siguiendo la voluntad de algún funcionario público y se la sostiene con las amenazas de Guillermo Moreno mientras los medios oficialistas
identifican a algún enemigo del pueblo responsable de todos los males. Esta torpe intervención
generó preocupación en la población con capacidad de ahorro –los datos de Mercedes Marcó
del Pont, diciendo que sólo 11% de la población había comprado dólares no habla bien del impacto distributivo del modelo– y seguirá siendo un desafío hasta que no se aclare el panorama macroeconómico, en particular el destino del dólar y la inflación.

Luego vino la hora de los subsidios. Después de ocho años de subsidiar el consumo de energía a casinos, bancos, grandes empresas y consumidores de todos los niveles de ingreso, y con un gasto esperado de casi 80.000 millones de pesos en 2011 (un quinto del presupuesto nacional), el Gobierno decidió que no daba para más. Es un paso en la dirección correcta, pero pone en evidencia las carencias de gestión: ¿Era necesario subsidiar a los casinos y a los más ricos del país durante ocho años? ¿Cuánto costó?

Finalmente, le tocó el turno al desastre de gestión que es Aerolíneas Argentinas. Julio De Vido reconoció que 40% de la pérdida de la aerolínea surge de los vuelos internacionales. Ese número es optimista. Nuestros cálculos están más cerca del 80%, pero no podemos corroborarlo ya que el balance de la empresa no es público. Démosle entonces el beneficio de la duda al ministro: implica un piso de pérdida de U$S 400 millones en los últimos dos años. Demasiado para subsidiar vuelos a Miami, Roma y otros destinos de los más ricos. Mariano Recalde argumenta que estos vuelos generan beneficios porque traen turistas y conectan al país. Olvida que si dejáramos de subsidiarlos, otras líneas tomarían las rutas, los turistas vendrían igual y los argentinos nos ahorraríamos U$S 400 millones que tanto nos cuesta generar.

Es positivo que el Gobierno haya reconocido que el modelo está agotado, y que esté tomando medidas para corregir los errores más flagrantes. Ojalá lo hubiera hecho antes porque nos hubiéramos ahorrado mucho dinero de los contribuyentes y ojalá avance pronto sobre la inflación, el mercado energético y las intervenciones arbitrarias que limitan la inversión, así podemos pasar del crecimiento al desarrollo.

(De la edición impresa)

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