La agenda de largo plazo

23 de noviembre, 2011

La agenda de largo plazo

“Hay mucho margen para administrar la escasez de divisas sin requerir de una crisis”, cree el
economista Bernardo Kosacoff, docente de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), la Universidad de Quilmes (UNQ) y la Universidad de Buenos Aires (UBA). Para poder utilizar ese margen se requiere mayor confianza y coordinación de la política económica, le dijo Kosacoff a El Economista. “A partir del 10 de diciembre, para el Ministerio de Economía hace falta una persona que transmita confianza, pero también es importante dotar a la política económica de mayor coordinación. Cada medida parcial en sí misma genera efectos difíciles de controlar. Lo que se requiere es una acción simultánea de todas las áreas del Gobierno. Los dos objetivos de la coyuntura son desacelerar la inflación y frenar la fuga de capitales”.

Enfrentar los desafíos inmediatos que impone la coyuntura es fundamental para poder darle lugar a los temas que componen la agenda de largo plazo. Dentro de esos items, Kosacoff cree que aumentar la inversión es uno de los principales. El bajo apalancamiento del sector privado ofrece un punto de partida promisorio, dice. “El proceso de desendeudamiento desde la salida de la convertibilidad hasta ahora ha sido espectacular. El sector privado comenzó con un patrimonio neto negativo y ahora tiene indicadores formidables. Además, ha financiado el proceso de inversión con su propio ahorro. La Argentina aumentó su ahorro en siete puntos del PIB en los últimos años, lo que constituye un cambio significativo. En 2001, el nivel de morosidad de las empresas con los bancos estaba cercano al 30%; hoy está por debajo del 1%. La cadena de pagos no está destruida, lo que es otro indicador importante. Además, la Argentina estuvo alejada de los mercados voluntarios de deuda, lo que no es un buen dato en sí mismo, en la actualidad sí lo es”.

Desde la salida de la crisis, la inversión acompañó al crecimiento, pero se precisa más para la etapa que viene. “La tasa de inversión pasó del 11% a valores cercanos al 23%. Sin ese incremento, no se hubiera podido mantener el crecimiento de los últimos años”. Sin embargo, faltan tres o cuatro puntos adicionales, especialmente en áreas como infraestructura y en el sector de las grandes empresas, cree Kosacoff. ¿Cómo se hace para aumentar la inversión en los próximos años? “Es necesario tener horizontes más largos, evitar el ‘wait and see’ y tener, así, una asignación más provechosa de los recursos”, sostiene.

Mundo más competitivo

La pérdida de competitividad asociada al aumento de los costos internos de producción en los últimos años (especialmente de los salarios en dólares) no impacta por igual en todas las empresas. “A la hora de evaluar el efecto del aumento de los costos, los problemas más importantes no lo tienen los productores que venden en el mercado nacional, sino los que exportan”, concluye Kosacoff. “El mercado está muy fuerte: la masa salarial, debido al incremento del empleo y los salarios, es el doble de la que teníamos pocos años atrás. Si le sumamos una tasa de interés negativa y políticas monetarias y fiscales expansivas, el resultado es una demanda interna fuerte. El problema –sostiene– es exportar en un contexto de mayores costos internos y de un mundo mucho más competitivo”.

Comenzar a resolver esto permitirá ir reduciendo la dualidad del comercio exterior, es decir, un
agro superavitario y una industria deficitaria. “En la medida en que no se aumentan la calidad de
la oferta productiva, tendremos un mercado potente que será abastecido por un fuerte  incremento de las importaciones. Hay que tener en cuenta que las cadenas de valor asiáticas producen cada vez más y mejor y, a su vez, hay una guerra de divisas que confluye en un mundo más competitivo a nivel industrial”.

(De la edición impresa)

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