“Es posible que haya menos viento de cola en esta década”

23 de octubre, 2011

“Es posible que haya menos viento de cola en esta década”

El economista Ramiro Albrieu, formado en la Universidad de Buenos Aires, se desempeña como investigador del CEDES, desde donde sigue las principales tendencias de la economía global y su vinculación con la Argentina. Sobre estos temas dialogó con El Economista.

¿Por qué es importante para América Latina, y la Argentina en particular, la dinámica de crecimiento en Asia, y especialmente, en China?

La primera década del Siglo XXI fue un período de bonanza económica para los países de América del Sur (no así en América Central y el Caribe). Hay que remontarse a fines de la década de los sesenta y principios de los setenta para encontrar el antecedente más inmediato de esta dinámica de crecimiento alto y persistente en la región. Detrás de esta fase de alto crecimiento se encuentra el boom en los precios de los bienes primarios, que representan más del 30% de las ventas externas totales en cada uno de los países de América del Sur. El consecuente shock positivo en los términos de intercambio se tradujo en “viento de cola” en dos sentidos: alimentó directamente al crecimiento económico, pero, además, al mejorar los perfiles externo y fiscal, debilitó las fuentes típicas de vulnerabilidad macro y alejó con ello la amenaza de desórdenes severos o crisis. Es entonces cuando entra Asia emergente: fue el motor del crecimiento de la economía mundial en esta década, a tal punto que su participación en el PBI global pasó del 15% en 2000 al 25% en 2010. Que la dinámica sea guiada por los emergentes de Asia y no por países avanzados modificó sensiblemente los mercados globales, presionando a la baja los precios en los mercados en los que colocaron sus excedentes (típicamente industriales) y al alza donde realizaron sus compras (materias primas). Por supuesto, China fue el gran protagonista (y en las próximas décadas se prevé que los sea la India) y se convirtió en un actor decisivo en los mercados de materias primas, en particular en los segmentos relevantes para América del Sur. En metales, por ejemplo, representaba un 8% de las compras mundiales en el año 2000 y hoy llega al 29%. Desde el punto de vista de la Argentina, la importancia de China es aún mayor: representa hoy un 54% de las compras mundiales de soja. En suma, una desaceleración en Asia puede mover los engranajes de la dinámica de crecimiento global, rebalancear sus fuentes de demanda y nuestra región no sería inmune a ello.

Hay quienes sostiene que la situación actual de la economía global, con menos crecimiento, podría no ser una noticia no del todo mala para la región latinoamericana pues aliviaría las presiones inflacionarias y alejaría los riesgos del “recalentamiento” del cual tanto se hablaba el año pasado. ¿Usted qué opina?

La configuración global de crecimiento guiado por los emergentes tuvo también sus costados negativos. Nos referimos, claro, a los riesgos de “enfermedad holandesa”, situación que describe cómo el descubrimiento de recursos naturales (o el incremento en sus precios) genera una mejora en los ingresos por exportaciones de la franja tradicional, cómo ese boom –en conjunto con un aumento de inversión extranjera directa al sector respectivo– motiva una apreciación real del tipo de cambio y cómo, debido a ello, se desata un proceso de desindustrialización de la economía (o de la base exportadora) y un movimiento al déficit en la balanza comercial. Y a los efectos de la “enfermedad holandesa” hay que sumarle otro efecto, patente en Brasil: la entrada de capitales en un contexto de tasas de interés cero en las economías avanzadas. Este conjunto de factores aparece cuando la economía global se expande y regresa el apetito por el riesgo. Por eso un escenario transitorio de leve desaceleración global con ruido en los mercados financieros tiene efectos positivos de corto plazo: debilita las dinámicas que recién mencioné, y abren la puerta para recuperar parte de la competitividad perdida como resultado del boom de materias primas y la entrada de capitales.

¿En la década 2011-2020 la Argentina no disfrutará del “viento de cola” que tuvo en la primera década del siglo o aún es prematuro decir esto?

Las crisis son rupturas de reglas, de contratos, y también de dinámicas de crecimiento. Hoy reina la incertidumbre, por lo que todavía no sabemos cuánto quedará de la configuración previa. Si el tan mencionado rebalanceo global aparece, empezará para América Latina una nueva etapa, donde la frase “viento de cola” se dirá más esporádicamente. En cambio, si se retoman los rasgos previos a la crisis subprime, la región seguirá siendo favorecida. Algunas fuerzas estructurales, como la demografía, juegan a nuestro favor, aunque las decisiones de política económica tanto en los países ricos como en Asia emergente serán un factor clave.

(De la edición impresa)