Estados Unidos no podrá evitar ser superado por China

13 de septiembre, 2011

El continuo ascenso de China a la cima del poder mundial es motivo de análisis e interpretaciones
constantes. ¿Cuándo superará a Estados Unidos como principal economía del mundo? ¿Su ascenso será conflictivo o pacífico? ¿Su expansión es una oportunidad para el resto de los países o también implica riegos? ¿Está dispuesta a aceptar las responsabilidades que trae implícito su poderío creciente? Estas son algunas de las preguntas más frecuentes que se realizan y para las cuales existen distintas respuestas.

Un artículo reciente de Arvind Subramanian publicado en la influyente revista Foreign Affairs
señala que China pronto desplazará a Estados Unidos y se convertirá en la potencia económica
dominante en los próximos veinte años. El autor toma en cuenta distintos indicadores como el tamaño de la economía, su participación en el comercio mundial y su situación crediticia. China, si bien tiene una economía más chica que la de EE.UU., ostenta un peso similar en el comercio internacional. Pero la mayor ventaja de los chinos es que son acreedores netos del mundo, mientras que los estadounidenses son los mayores deudores.

Por lo tanto, el proceso de traspaso del liderazgo mundial ya está en marcha. Se estima que en 2030 China representará el 20% del PIB global y EE.UU. el 15%. A esos porcentajes se llegará asumiendo que China crecerá a una tasa de 7%, bastante menor que la de los años recientes, mientras que Estados Unidos lo hará a 2,5%, en línea con lo que fue su promedio de los últimos 30 años.

Una de las dudas que se plantea con relación a China es que, por primera vez, la mayor potencia
económica no sería un país rico. Efectivamente, tendrá un ingreso per capita de U$S 33.000 anuales en 2030, que será la mitad del estadounidense. Sin embargo, no parece una cifra que permita catalogar de pobre a un país.

Otros interrogantes surgen por el envejecimiento de su población, los subsidios crecientes a algunas actividades, el deterioro ambiental y la manipulación cambiaria. Su régimen político autoritario tampoco es motivo de admiración en el resto del mundo. Las dudas no son menores pero no parecen tener la entidad suficiente para detener el ascenso de China a la cima según Subramanian.

Podría decirse que la performance de China depende de China y, por lo tanto, es poco lo que puede hacer EE.UU. para conservar su liderazgo. Si bien la economía norteamericana se destaca por su flexibilidad y capacidad de innovación, su alto nivel de endeudamiento restringe sus posibilidades de crecimiento en el corto plazo. En el pasado hubo otros países que parecieron estar en condiciones de disputarle la preeminencia económica a EE.UU. pero no lo lograron. Ahora podría ser distinto.

Más argumentos

En la misma línea, se inscribe una presentación reciente de C. Fred Bergsten, del Instituto Peterson de Economía Internacional. Su tesis es que EE.UU. nunca fue más dependiente de lo que ocurre fuera de sus fronteras que ahora. Y cita tres ejemplos: el grado de apertura de su economía
equivale al 30% del PIB, el 50% del petróleo que consume es importado y la mitad de las ganancias de las 500 empresas más grandes con base en EE.UU. se generan en el exterior. En este momento EE.UU. depende más de la economía global en la que, a su vez, influye menos que antes.

La economía estadounidense está frente a un escenario complejo y el Gobierno tiene que hacer un
equilibrio delicado. Los números fiscales y el nivel de deuda sugieren medidas de ajuste pero el bajo crecimiento y el alto desempleo exigen tomar medias que contribuyan a expandir la actividad económica.

Bergsten sostiene que el país debe cambiar su patrón de crecimiento, que durante las últimas décadas que estuvo basado en la expansión del consumo con endeudamiento, el déficit fiscal y el dinero barato, por otro que tenga su centro en las inversiones y exportaciones de bienes y, particularmente, de servicios. A su juicio EE.UU. debe fijarse como objetivo que en 2020 las exportaciones representen el 20% del PIB, el doble que en la actualidad. Para lograr esa meta, EE.UU. debe lograr que los países que tienen fuertes superávit externos como China, Alemania y Japón acompañen un proceso que apunte a reducir los desequilibrios globales.

Pero como los países ricos enfrentan una etapa de bajo crecimiento –en torno al 2%–, la apuesta recae sobre los emergentes que crecerán a tasas mucho más altas – alrededor del 6%– . Además, lo hacen con fundamentos sólidos porque son países con muchas reservas, bajo endeudamiento
y, con excepción de la India, con situaciones fiscales cómodas.

La importancia de los emergentes es tal que una menor expansión de sus economías podría
constituir el mayor obstáculo para que EE.UU. pueda tener una estrategia de crecimiento liderada
por las exportaciones. Pero Bergsten entiende que para aumentar la presencia en esos mercados hay que atender la cuestión cambiaria ya que a su juicio el dólar todavía está sobrevaluado entre un 10 y 20% contra el yuan y otras monedas asiáticas que se mantienen depreciadas por la intervención de los gobiernos.

Otro punto se refiere a la necesidad de lograr una mayor protección para los derechos intelectuales, que es una tradicional demanda de EE.UU. en distintos organismos internacionales. El mundo cambió, sostiene Bergsten, y EE.UU. debe adaptarse a esa nueva realidad. Eso requiere
poner su propia casa en orden, ampliar sus acuerdos comerciales y negociar y presionar todo lo posible dentro de los organismos internacionales para lograr mayor presencia en otros mercados.

(De la edición impresa)

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