El dilema económico de Dilma

16 de septiembre, 2011

Durante la gestión del presidente Lula se registró un sorprendente ingreso de capitales en Brasil, en parte por el buen desempeño de la economía, pero también por ofrecer las tasas de interés más altas dentro de las economías que tienen calificación “investment grade”. Mientras que los países desarrollados bajaban sus tasas a mínimos históricos, Brasil establecía como piso una tasa de 13,75% antes de la crisis subprime y 12% actualmente.

La entrada de capitales fue de tal magnitud que permitió financiar el déficit en la cuenta corriente del balance de pagos de 2% del PIB promedio entre 2008 y 2010, y al mismo tiempo duplicar el stock de reservas del Banco Central a un total de U$S 288.600 millones a fin del año pasado. En igual período la inversión se mantuvo en 18% del PIB, e incluso tuvo registros del 16% durante la crisis subprime.

El guarismo advierte que no todo el ingreso de capitales permitió expandir la capacidad instalada de la economía. La inversión extranjera directa estuvo más canalizada a comprar empresas, que a crear nuevas. Del resto del ingreso de capitales, no es menor la proporción que lo hizo como especulación financiera, atraído por la combinación de tasas de dos dígitos junto, a la apreciación cambiaria y el sello de “investment grade”.

El ingreso de capitales a la economía brasileña no se frenó en 2011. Aun con un incremento en el déficit en cuenta corriente que crece a 2,5% del PIB este año, las reservas internacionales crecieron en los primeros ocho meses del año en U$S 64.000 millones, cuando en todo el 2010 crecieron 41.000 millones. No obstante, aun con el ingreso de capitales traccionando más el consumo que la inversión, la economía desacelera y el índice Bovespa no logra traspasar el récord de 2008. La mayor parte de las ganancias financieras se obtuvieron tomando posición en activos en moneda local a tasas que no bajan de dos dígitos, a lo que se sumó la apreciación de la moneda los últimos años.

Para fines de agosto, el tipo de cambio nuevamente estaba cerca de máximos históricos, lo que dejaba más espacio para esperar una devaluación que una apreciación. Ello implica que ahora el tipo de cambio tiene más chances de disminuir, más que de potenciar, las ganancias que brindan la apuesta a los activos en moneda local. Las chances de menores ganancias financieras toman fuerza si la economía desacelera, dado que aumenta las probabilidades de devaluación y/o baja de tasas.

En este sentido, en agosto se dio a conocer que Brasil pasó de crecer del 7,5% en 2010, a 3,1% en el segundo trimestre de 2011, advirtiendo una desaceleración más marcada a la esperada. Ante el contexto local e internacional, el Banco Central decidió cortar el ciclo ascendente en la tasas de interés que había iniciado en abril de 2010 y que llevó la tasa Selic de 8,75% a 12,5% hasta agosto último. En efecto, en su última reunión a fin de agosto se decidió bajar la tasa de interés en medio punto porcentual, para dejarla al 12% actualmente. Más aún, en las minutas de la reunión se dio a entender que se continuará bajando las tasas de interés en el futuro, si es que la economía lo requiere.

Perspectivas de menor nivel de actividad económica y tasas de interés a la baja, fue suficiente para desalentar la entrada de capitales en la economía, debilitando la cotización de la moneda local. El real retrocedió en agosto y se acentúo en los primeros días de septiembre acumulando una merma superior a 8% en sólo dos semanas. El real pasó de R$1,57 a R$1,70 actualmente.

Por ahora el consenso de mercado espera la tasa Selic descienda a 11% para cuando arranque el 2012. Si sólo baja un punto, impone un piso a la devaluación de la moneda local, dado que todavía son tasas atractivas para un mundo donde el rendimiento de activos investment grade se encuentran cercanas a cero.

En suma, el dilema de Dilma se encuentra en lograr descenso en la tasa de interés, que quite a la moneda de los máximos históricos, pero sin hacer descender el consumo interno, actualmente dependiente de un creciente ingreso de capitales. En efecto, entran más capitales y la economía crece menos, evidentemente no sólo en la Argentina el modelo advierte fatiga.

(De la edición impresa)

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