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05.3.2010 | Punto de vista

Inflación y consumo en la Argentina

En el corto plazo la recuperación de la actividad se plantea como un crecimiento del gasto de las familias.

Por Dardo Ferrer (*)
De la edición Impresa

La experiencia en los últimos años muestra que la economía argentina creció, en términos macroeconómicos, en un enfoque de corto plazo, basado en el consumo del mercado interno. De hecho, aproximadamente el 65% del PIB es consumo privado, por lo cual es evidente que aumentos en el consumo privado impactan directamente en el crecimiento del PIB. Durante el segundo y tercer trimestre de 2009 el PIB presentó una retracción de 0,8% y 0,3%.Generalmente, en términos técnicos, dos caídas sucesivas presagian una recesión. Datos parciales del último trimestre de 2009 no lo confirman, y establecen las posibilidades de un rebote, al menos de recuperación, y de crecimiento en las hipótesis más optimistas. La base es una recuperación del consumo en el corto plazo. Pero este enfoque, en su forma más sencilla, lleva a mantener algunas consideraciones: El consumo depende directamente del ingreso disponible. Aproximadamente, el 70% de las familias que perciben ingresos son asalariados. Las tendencias de compra en gran medida, depende de la percepción de ingresos futuros que tienen las familias. Esta percepción está principalmente influida por las expectativas de aumento de ingresos nominales y de las expectativas de inflación. Es decir que más allá de los aumentos nominales, las familias descuentan también la inflación presente y futura. Le importan los ingresos reales. El comportamiento de las tendencias de consumo, de acuerdo a indicadores de confianza de la Fundación Mercado, muestran que las tendencias de compra de corto y largo plazo (electrodomésticos en el primer caso, automóviles y vivienda en el segundo) empezaron a ajustarse a partir del segundo semestre de 2008 y empezó a mostrar una leve recuperación a partir del tercer trimestre de 2009. Si uno compara con cifras de crecimiento, el PIB se desaceleró dos trimestres después de la caída de la confianza en 2008, y la leve recuperación de las tendencias de compra en dos trimestres recesivos permite avizorar un moderado escenario de recuperación. Para que este escenario se consolide existen factores a favor y en contra: A favor: Como las familias evalúan sus posibilidades de consumo de acuerdo a su ingreso presente y futuro, en una retracción de la actividad tratarán de mantener el consumo, de forma que moderarán el consumo en etapas: Primero lo financiarán con más crédito, después habrá pérdida de capacidad de ahorro (Si lo tienen…), en función del consumo y finalmente, en una recesión, lo disminuyen. Esta conducta permite establecer que en un escenario recesivo, una mejora en las expectativas de ingresos (Un mayor ingreso disponible) influya sobre sus decisiones de consumo, y que ese aumento de consumo impacte directamente sobre el nivel de actividad. De esta manera el impacto de un aumento esperado de ingreso disponible sobre el PIB es mayor en las recesiones que en la estabilidad. Lo contrario también es esperable, lo cual en parte explica el tono moderado de la desaceleración de la economía argentina, basada en el mercado interno, respecto a otros países. En contra: Las expectativas de consumo están formadas para las familias, en función de cómo ven en el futuro el desempeño de la actividad, el empleo y los ingresos. Y los ingresos, implícitamente son percibidos como ingresos reales, es decir, que a aumentos nominales de salarios, le descuentan la inflación futura, en base a la inflación actual que perciben. Expectativas de altas tasas de inflación pueden ser percibidas como menor ingreso disponible futuro, retrayendo el consumo de mediano y largo plazo en función del consumo de corto plazo y de subsistencia. Por otro lado, es difícil que en una retracción las familias disminuyan su “riqueza” (El ahorro acumulado), para mantener el consumo; perderán capacidad de ahorro y ante una recuperación del ingreso disponible, en un escenario de baja confianza, por un motivo de precaución, puede ser que aumentos de ingresos reales sean dedicados más a recuperar ahorro que a aumentar el consumo. Dentro de este contexto, existe un aumento no consolidado de tendencias de consumo dentro de expectativas moderadas de ingresos y empleo, ancladas negativamente por expectativas inflacionarias.

Una disgreción económica,

La economía argentina mostró un periodo sostenido, de 2003 a 2008, de altas tasas de crecimiento que se relacionan directamente con un desarrollo del consumo interno, tanto público como privado. Sin embargo la inversión fue la que tuvo las mayores tasas de crecimiento, llegando a alcanzar en 2008 una participación del 23% aproximadamente del PIB. En este período, el crecimiento del PIB fue de 8,5% en promedio, frente a un aumento del 8,5% promedio del consumo y un 22.9 de la inversión. Junto a esta consideración, la retracción de la economía no fue una retracción del consumo, más bien esto fue una consecuencia. La inversión presagió la retracción cuando se desaceleró en el tercer trimestre, y cayó en el cuarto trimestre de 2008. La dinámica de crecimiento 2003- 2008 también implicó en gran parte un efecto distributivo que llevó a aumentar la participación de los salarios en el ingreso, casi al 25%, básicamente establecido por aumentos reales de salarios, de productividad y de empleo. La mejor distribución del ingreso estimuló la demanda y la única manera de que la oferta igualara el crecimiento de la demanda es que la inversión hubiera crecido a una tasa superior al 25% promedio. Sólo hasta el 2005 creció a mayores tasas, típicamente de recuperación. Así, la única manera que no hubiera habido presiones inflacionarias es que hubiera disminuido la participación de los salarios en el ingreso nacional, es decir que no hubiera política distributiva.

A modo de conclusión

En el corto plazo la recuperación de la actividad se plantea como un crecimiento del consumo, pero en el mediano y largo plazo el ciclo sólo se sostiene por la inversión, mientras tanto permanece una presión inflacionaria inherente a la mecánica de crecimiento El corto plazo está directamente influenciado por las expectativas, y en este caso, las expectativas inflacionarias, que se forman a partir de la información que tiene el público del aumento de precios que percibió en el pasado y el presente. Desde un punto de vista pedestre, no se trata que las familias descreen en los índices oficiales, lamentablemente índices más “reales” no ayudarían a bajar las expectativas, las frustrarían. Técnicamente, el INDEC mide otra cosa, pero la mide bien. La raíz es bajar las expectativas inflacionarias en el corto plazo y establecer políticas agresivas de inversión el mediano, para bajar la presión inflacionaria estructural, después las mediciones lo corroboran, no al revés.

(*) economista Fundación Mercado

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