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Pregunta para Cambiemos: ¿Monzó sobra?

Nunca formó parte de la mesa chica desde que se inició la gestión Macri, y solo se lo vio necesario para sacar las papas del fuego cuando ardió Diputados

27 abril de 2018

Por Carlos Fara 

Que Emilio Monzó se vaya no debe llamar la atención. Nunca formó parte de la mesa chica estratégica desde que se inició la gestión Macri, y solo se lo vio necesario para sacar las papas del fuego cuando ardió la Cámara de Diputados, la más revoltosa de las dos del Congreso. ¿Monzó sobra? Bueno, al menos en el concepto de la mesa chica. No queremos decir que realmente no hace falta en un gobierno donde al tablero de control le faltan algunas variables, sobre todo las de crisis y opinión pública (como lo hemos dicho infinidad de veces en estos últimos 28 meses). ¿Entonces? El gobierno de Macri no es atípico en un par de cuestiones que atañen a todos los gobiernos desde el ´83 a la fecha. A saber:

1 Se constituyen a imagen y semejanza de la personalidad del líder.

2 Suelen repetir los errores y éxitos de sus gestiones presidenciales (como les pasó a Menem, De la Rúa o los K).

3 Tienen una fórmula de origen respecto a cómo resuelven sus problemas que, no solo no abandonan, sino que las van profundizando.

En ese marco, lo que no encaje en la matriz sobra, es el caso de Monzó. Si el proyecto indica pospolítica y ninguna foto con lo tradicional, la idea de sumar peronistas racionales para ensanchar la base del proyecto no podía encajar jamás.

Si el proyecto indica pospolítica, sumar peronistas racionales para ensanchar la base del proyecto no podía encajar jamás

Si se lo mira desde cierto punto de vista, y más allá de la lucidez y habilidad parlamentaria que caracterizan al presidente de los diputados nacionales, Monzó se equivoca. Al menos se equivoca al plantearle al macrismo soluciones que no van con su ADN. Hagamos un poquito de historia. Alfonsín creía que podía armar un tercer movimiento histórico e intenta ensanchar su base política con peronistas, socialistas, y otros personajes de centro. Menem hace su alianza con los liberales para operar sus reformas promercado. De la Rúa llega en andas de la mano del Frepaso. Y Néstor inventa la concertación plural.

Lo que Monzó no logra leer es el carácter atípico del PRO desde la cuna. Es en sí mismo la tercera opción del Siglo XXI

¿Que denominador común tienen esos cuatro proyectos? Que llegaban desde alguno de los dos movimientos históricos populares y necesitaban recurrir a socios que le aportaran lo que les podía estar faltando para refundar la historia argentina de peronistas y radicales, o peronistas y antiperonistas, o peronistas y etcétera. Lo que Monzó no logra leer es el carácter atípico del PRO desde la cuna. Macri no fue ni peronista, ni radical, y su mesa chica tampoco (más allá de identificaciones coyunturales). Por lo tanto, el PRO es en sí mismo la tercera opción que no nace “contaminada” de la política del siglo XX, sino que es un proyecto ciento por ciento Siglo XXI.

Hecho este brevísimo repaso histórico, la pregunta que la mesa chica podría hacerse es (más allá de las opiniones estratégicas del colega Durán Burba): “¿para qué juntarnos con el pasado, si nosotros somos el presente y el futuro?”; “los peronistas y radicales que tenían que venir, ya están, o vendrán en algún momento? pero acá hay derecho de admisión y permanencia”. En definitiva: si los peronistas o los radicales quieren armar un tercer movimiento histórico, problema de ellos. Nosotros ya nacimos siendo otra cosa. Para nosotros ?pensará el PRO- esa discusión ya está saldada. “Goodnight and goodluck”, como rezaba el locutor de un famoso programa de noticias de los EE.UU.

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